31 may. 2009

Ying Yang


Los asiduos ya conocíais la imagen invernal del pórtico de castaños en la entrada de Cobreros. Hoy os presento una vista nueva: los mismos castaños, ángulo contrario, distinta estación.
Porque no puedes presumir de conocer nada hasta que el tiempo actúa. Porque en Sanabria y Carballeda, en todo el universo, cada momento tiene su valor. Disfruta el ahora y regresa para buscar el entonces.

28 may. 2009

Francisco en Sanabria





Y en la noche de San Juan, Francisco bajó al Lago nuevo huyendo del monasterio y se llegó a la isla en una barquichuela que cogió sin permiso de su dueño. Tres días llevaba sin ingerir más que agua y algunas migajas de pan en la oscuridad completa de su celda. Amarró la barca en los arbustos de la orilla, desnudose por entero y en un claro a la luna llena realizó un así como acto de contrición, pero más profundo que otras veces y no dirigido a un Dios Persona con el rostro del abad, como hiciera siempre, sino a un dios desconocido y herético que da fuerza a las piedras y a las aguas y a las bestias y las almas, velando por que el equilibrio se mantenga.



Y poco después la campana del monasterio dio las doce y allí reinó el silencio, como si el viento no corriera entre las ramas ni el agua se estrellase ante las piedras de la playa, ni el moucho volase en la noche ni el grillo cantase en su ausencia. Francisco, oh, Príncipe, tensó sus orejas como un lince en la arboleda. La duda, la pena, el ayuno y la noche clara tal vez le hicieron buena presa para el Maligno que siempre acecha; pues a lo mejor fue él quien llevó a sus oídos un tenue rumor de palabras y pisadas. Supo que no estaba solo en la isla y miró en torno suyo con creciente alarma: a nadie vio, nadie le habló, mas la presencia estaba. Francisco se alzó con gran temblor en sus miembros y su figura se enmarcó en la luna plena: "¡Madama!"- gritó- "Sé que aquí estás: ¡Levántate y habla!". Oyó entonces fuertes voces y carcajadas y luego un siseo que callar mandaba. Reinó de nuevo el silencio durante cinco minutos al menos. Francisco no pudo más y la tensión se le desbordó en llanto, las lágrimas cayeron de su cara como la lluvia de abril en los campos.



Una suave niebla deslizose entre la hierba y fluyó poco a poco tomando consistencia. Nada se oía. Como cuando en una vuelta del camino el sol nos deslumbra y no somos capaces de fijar la vista hasta que lentamente volvemos a percibir las formas, aquella figura se formó en el claro, junto a Francisco. Éste, postrada la frente en el suelo, apenas pudo levantar la cabeza.
- ¿Quién sois? ¿Cuál es vuestra procedencia?
- Soy… este momento. Soy arena, viento y fuego. Soy lo que importa ahora y lo demás queda fuera. –ella sonrió.



Y así encontraron a Francisco en la mañana siguiente, tirado en la playa con sonrisa de oreja a oreja. Nadie supo lo que pasó aquella noche, pero el monjico había cambiado. Hablaba con las plantas y a los pajarillos trataba de hermanos. La gente de los pueblos vecinos se acostumbraron a verle siempre la risa en los labios vagando por los caminos. Y le hablaba a la gente de paz y bien, y del ser uno con el todo y del todos a una, y el padre abad no llevaba que muchas noches en su celda oración no respetase, y al preguntarle decía “tal vez la Virgen María”. Y el padre abad por supuesto con esto no andaba contento, pidió auxilio al obispo para ver que hacer con el alunado. Ya a Francisco me trasladan, hacia Italia lo llevaron y esas locuras que él tiene con el viaje cesaran.



Mas no fue así, oh, príncipe, y Francisco siguió encontrándose con quien llamaba Señora del Lago, que no era más que el espíritu de las cosas que son, han sido y serán. Y por ello pudo ver los hilos que mantienen unido al mundo, y como el dolor de uno el de todos debe haber sido y la alegría de otro los demás la compartían. Y por donde fue la cosecha era buena y los campos revivieran, mas el decía no ser cosa suya sino del tiempo en la arena, que fluye quiera o no quiera hasta el destino que espera.



Con mis disculpas por la frase robada ;-)
Fotos: Los otros vecinos de Sanabria y Carballeda

26 may. 2009

Trevinca, el techo de Sanabria y Carballeda



Peña Trevinca, con sus dos mil y pocos metros en el límite de tres provincias, no es por supuesto ningún ochomil. Sin embargo, como todas las montañas, esconde su ración de aventura para quien quiera ir a buscarla. Mi corazoncito de chaval enamorado de las cumbres desde que conoció las andanzas de tipos como Mallory, Hillary y otros cuantos se enorgullece hoy en presentaros el maravilloso relato –y las fotos- de la ascensión a la cima de nuestros amigos Marina y Sergio. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.



28 de abril de 2009

Alojados en la Hospedería el Pico del Fraile, desayunamos temprano, cogiendo fuerzas para proponemos subir el techo conjunto de Zamora y Orense, en un día incierto en cuanto a meteorología se refiere. Subimos hacia San Martín de Castañeda y preguntamos en el centro de interpretación la predicción del tiempo de un modo más específico, confirmando sólo que hay nieve por encima de los 1300 metros. Dejamos constancia de nuestra partida (por si las moscas de un rescate previsible), pero el gentío de autobuses de jubilados que llegan y entran, parecen disipar la atención de la persona responsable y nos vamos con una sensación de “información no procesada”.
Subida hasta la Laguna de los Peces. Solo hay otro vehículo aparcado con excursionistas que no se alejan demasiado del entorno y que se marchan. Son las 11.00 cuando decidimos atacar la subida al monte. Tenemos un buen mapa detallado de la zona y otro más elemental de la obra “Techos de España”, más otros itinerarios y experiencias sacadas de la red.
Hacia el norte hay una ruta marcada con estacas azules y otra ligeramente divergente que acaban en el embalse de la Vega del Conde. La primera baja hasta su derecha y el comienzo del valle del Tera y la otra acaba en la presa, a su izquierda, debiendo continuar su orilla hasta dicho valle. Este trozo que comentamos, aparentemente fácil…se convierte en una primera pesadilla. Como supone una elevación respecto a la laguna de partida, la nieve está presente, la visión es de unos 20 metros y las estacas (muy pequeñas) se pierden, se vuelven a encontrar y se vuelven a perder en espacios abiertos cubiertos del blanco elemento, casi helado. Con brújula, cierta orientación topográfica (no se ven muchas referencias del terreno) y una dosis de intuición (que luego necesitaríamos mucho más a la vuelta) se avanza con un fuerte viento y un frío tolerable. El desánimo inicial (sabiendo lo que queda y con el clima en contra) se abre al optimismo al descubrir la vista del itinerario a seguir: el camino de descenso hacia el embalse mencionado, el valle del río Tera libre de nieve, y la cumbre que casi se intuye (cubierta de nubes) del Trevinca.
Bajamos raudos en zig-zag y pisamos el blando lecho del valle…con agua a raudales en forma de riachuelos, lagunillas, lodazales y vegetación. Vamos por el lado derecho, según se sube (en realidad las estacas azules van por el izquierdo y es más cómodo...como descubrimos a la vuelta). Se ve un puente que cruzaría hacia ese lado, pero lo obviamos por ver el camino “claro”. Tras unas 4 horas y algo desde el parking, con el paso de la maraña de afluentes con medios de fortuna llegamos a la base del pico.



La cima está cubierta de nubes y vuelve a aparecer la nieve. Reponemos fuerzas con algo de alimento y bebida y tras no pensarlo mucho…la cabezonería empuja a trepar. El camino se intuye y pensando que en época primaveral o verano sería otro tipo de excursión, en este momento, la propuesta empieza a convertirse en una dura empresa. La ventisca a medida que vas subiendo a las caras expuestas del camino, empujan hacia atrás; la nieve se hace espesa y te metes hasta la rodilla o bien está casi petrificada por lo que sin crampones hay que pegar “patadas” en la misma, para hacer una “escalera” ayudándote de los palos de travesía. La cosa se llega a poner complicada y las fuerzas merman. Finalmente se intuye un risco entre la mole blanca y parece ser la cumbre. Esperando no equivocarnos, la confirmación debe ser una cruz derribada en la misma. Llegamos a la zona rocosa y el hielo juega malas pasadas: todo resbala y algún tramo puede ser peligroso, pero con precaución y esfuerzo coronamos techo encontrando el citado símbolo. La vista no es posible..pero la sensación de soledad (no hay nadie más en la zona) a la par que la del triunfo extraño de “subir” y que la montaña te deje hacerlo, conmueve y congratula.
Sin mucha posibilidad de recrearnos y pensando ya en la vuelta, bajamos a toda prisa por los mismo escalones anteriores, incluso improvisando “un trineo corporal” por algunas pendientes por las que te dejas caer sin problemas. De vuelta al fondo del valle otro trago y con cierta sensación banal de superioridad (ya lo sabremos después) volvemos por el otro lado (el de estacas) en un atardecer precioso y un andar alegre y relajado. Cruzamos el puente y vemos el refugio que no vimos al bajar (debimos pasar justo por encima). Son las 18.30 y subimos en busca de nuestro coche (ahora un tonto vestigio de civilización que promete calor y ropa seca… las botas y calcetines son en estos momentos un pantano). La cuestión parece ir bien, siguiendo las estacas como migas de pan, pero intuyendo que volvemos a entrar en unas zonas de poca visibilidad, viento y frío. Efectivamente, en una de las llanuras nevadas no encontramos el siguiente hito y vamos tirando de intuición-brújula para buscar la salida. En teoría, en una hora y media deberíamos salir de allí pero lo que se ve no va más allá de 3 metros...mala cosa. Es uno de esos momentos de cohesión de grupo y de confianza mutua que te hace valorar el compañero/a que llevas a la montaña..y el que no te llevarías.



Pues bien, viendo el mapa decidimos tomar una orientación Sur-Oeste: se trata de un ángulo que dentro del “despiste” permite o bien salir al punto inicial o bien hacia alguna parte de la carretera de subida, evitando otras derivas que acabarían en tierra de nadie y en una situación de anochecer donde sería un suicidio quedarse quieto. En teoría todo debe salir bien, pero los silencios, las continuas consultas a la flecha magnética y el no tener ninguna referencia clara, generan cierta idea de poder salir en “sucesos”. En ocasiones pasamos por masas de nieve de varios metros de espesor, que han ocupado una depresión y por las que por debajo discurre agua, generando peligrosas oquedades que en ocasiones hacemos caer a nuestro paso. Poco a poco vamos viendo más matorral alto y bajando.. eso es bueno.. pero sigue sin haber elementos concretos. Llevamos en estas lides unas dos horas cuando de repente aparece una laguna, seguimos su borde esperando estar en uno de los márgenes y que aparezca el paradójicamente ansiado parking. Sin embargo tiene vegetación infiltrada y el tamaño y la forma de la misma no corresponde a la de los Peces; tanteamos el ya destrozado mapa por el viento, y parece ser la de las Yeguas. Si estamos en lo cierto, situados en uno de sus extremos y en dirección sur debería aparecer la salida de una aventura que está resultando alarmante, (la noche se echa encima). Seguimos la ruta y vemos otras estacas pero de un azul más claro (otra ruta marcada). Finalmente aparece una nueva superficie de agua pero con cierto nerviosismo (no puede ser otra cosa) y con la neblina, no se ve nada de la señalización, vallas o el final de la carretera que muere junto al aparcamiento. Con ansiedad, seguimos la orilla y de pronto, una línea recta llama la atención: es un camino acondicionado para ver el entorno, lo seguimos con alegría y por fin llegamos al comienzo de la ruta. Creo que pocas veces me he alegrado más de ver mi coche. Son las 21.30. Bajamos y en San Martín, un lugareño que tenía controlado nuestro coche nos pregunta por unas caballerizas que ha perdido por allá arriba y que definitivamente no hemos visto (suponemos que también se preocupara por nuestra posible pérdida). Satisfechos pero cansados, acabamos con nuestros huesos en un bar de Ribadelago tomando una manzanilla infusión con un chorrito de anís, bálsamo que hace reintegrar el sosiego al maltrecho cuerpo, mientras comentamos el capítulo vivido en la siempre gratificante tarea de andar los montes.




Texto y Fotos: (C) Marina y Sergio.

24 may. 2009

Más PORN de Sanabria: Ladran, luego cabalgamos?

He estado unos días fuera. Nada más llegar, me pongo a revisar el correo y las noticias. Me encuentro con esto, publicado por La Opinión de Zamora. No voy a decir nada de este señor, bastante conocido aquí en nuestra tierra. Tampoco le voy a responder yo. Por si acaso no aparece en los medios, me limito a transcribir la respuesta enviada por la Coordinadora del movimiento de oposición al Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del Lago de Sanabria y Alrededores. Creo que con ella basta para ver las intenciones con las que se ha redactado el artículo de opinión.

NOTA DE PRENSA, de la Coordinadora, 21 de Marzo en Defensa de los Pueblos, (Sanabria).
En San Martín de Castañeda, a 24 de mayo de 2009

En relación con opiniones recientes, aparecidas en el diario la Opinión de Zamora, interesa al derecho de la Coordinadora, realizar las siguientes puntualizaciones:

1º.- Ni en la pancarta que encabezaba la manifestación que el pasado día 1 de mayo convocó esta Coordinadora ni en el comunicado final que leyeron varios participantes, y que constituyen los dos elementos definidores del ideario de la manifestación, se aludía a la expresión “Sanabria para los Sanabreses”. La pancarta que asi rezaba encuentra su lógica en la libertad de expresión, ejercitada por cada una de las más de mil personas que asistieron. Sus portadores, entre los que no se encontraba ningún miembro de la coordinadora, merecen consideración y respeto cuando ejercitan su libertad en un acto cuya esencia es el derecho democrático a expresarse en una reunión pública. Se lesiona su dignidad, sin identificarlos por su nombre, cuando desde un periódico se refiere a ellos como “salvapatrias que no saben lo que hacen”.
2º.- La manifestación no era contra el dictado para el Parque Natural Lago de Sanabria y alrededores de un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales, sino contra el que se ha presentado a los pueblos incluidos en el Parque y que contempla con desconfianza el uso turístico. De ahí que, la Coordinadora haya propuesto como redacción alternativa la siguiente: “Artículo 29.1. “El turismo constituye uno de los principales pilares de la economía del ámbito de ordenación y deberá ordenarse y gestionarse de manera compatible con la conservación del medio natural, de acuerdo con el principio de sostenibilidad del desarrollo y con la capacidad de acogida del territorio. Se elaborará, con la participación de las Juntas Vecinales, Ayuntamientos, empresarios de hostelería y asociaciones, dentro del Programa de Mejoras, un Programa de Desarrollo Turístico para el Espacio Natural en el marco de la Carta Europea de Desarrollo Sostenible. Uno de sus objetivos principales será potenciar la dispersión de la oferta de establecimientos turísticos, especialmente en las poblaciones peor dotadas y más desfavorecidas”. Pretender que la Coordinadora se opone al turismo es manipular los datos o desconocer la realidad.
3º.- Por lo antes expuesto, la Coordinadora ni entiende, ni justifica, la vía fácil de los insultos y las vejaciones para, bajo el subterfugio de una sola pancarta entre las múltiples habidas en la manifestación, arremeter contra los que de forma libre y espontánea participaron en la misma, ejercitando un derecho fundamental previsto en la Constitución Española.
4º.- Frente a otras intoxicaciones y falsedades que intentan propalar algunos sujetos, y pese a la escasa relevancia que tienen esas aportaciones, la Coordinadora hace saber a la opinión pública:
a).- Que la manifestación del día 1 de mayo no se hizo en contra de ningún regidor municipal, pues quien ha redactado el PORN no son los Ayuntamientos, sino el Departamento de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y Léon. La Coordinadora desea que el Parque disponga cuanto antes de un PORN, pero “contra nosotros no”, como se podía leer en la pancarta de cabecera, en los carteles y en las pegatinas. El PORN que defendemos debe ser fruto del acuerdo y del consenso entre administración y afectados y ha de tener entre sus objetivos el desarrollo socioeconómico de la población afectada.
b).- La Coordinadora, y la mayor parte de los pueblos con territorio incluido en el Parque Natural, están totalmente en contra de la instalación de elementos impactantes en el ámbito de su superficie: la Coordinadora no quiere aerogeneradores en las sierras, ni minicentrales en los ríos, ni urbanizar los montes, ni dar aspecto de ciudad al campo. La Coordinadora quiere conservar el paisaje y a las personas. Quiere un modelo de parque natural que compatibilice la conservación con el crecimiento económico: desarrollo sostenible. Y lo quiere con la participación de los implicados, con su implicación y conocimiento real.
c).-La Coordinadora no es un grupo político, no es un sindicato, no está al servicio de ninguna empresa ni grupo de presión. "La Coordinadora 21 de marzo en defensa de los pueblos" la crearon los vecinos porque se sintieron maltratados por la Administración. Y no la crearon para atacar a nadie, absolutamente a nadie. La crearon y la mantienen para defender lo que consideran justo: participar en la gestión de un territorio en el que viven, en el que tienen propiedades o en el que tienen sus raíces.
d).- A la Coordinadora no le mueven objetivos partidistas o frentistas. Persigue un Plan de Ordenación que frene el despoblamiento galopante, a partir de un eficaz y verdadero desarrollo económico sostenible de los pueblos, y reconozca el derecho de participación real y efectiva de éstos en la gestión y ordenación del parque, dando preferencia en la contratación a los desempleados de los pueblos enclavados, y a las empresas locales de los distintos sectores económicos.
5º.- Por todo ello, la Coordinadora denuncia que algún sector con intereses espúreos ha puesto en marcha de forma deliberada una estrategia que tiene como objetivos inmediatos: Dañar la imagen de la Coordinadora 21 de Marzo en Defensa de Los Pueblos, ridiculizar a los manifestantes que lo hicieron el día 1 de Mayo y confundir a la Opinión Pública.

Y, como siempre, la opinión final es vuestra.

20 may. 2009

Los Corredores de Muelas de los Caballeros

Los Corredores son uno de los elementos mas característicos de la Arquitectura Tradicional de Sanabria y Carballeda. En Muelas de los Caballeros encontramos algunos de los ejemplos más llamativos.











Con un nombre como éste, os podéis imaginar que la historia del pueblo ha de ser interesante. Volveremos.

15 may. 2009

Contrabandistas en Sanabria y la Carballeda

Me lo contaron en una venta, allí poco antes de Requeixo. La tormenta de nieve había cesado al caer la noche y la luna brillaba en plenitud. Unos cuantos arrieros nos juntamos frente al fuego, compartiendo una jarra de vino. Se oyó el aullido de un lobo y nos miramos, un poco estremecidos. Entonces el tipo aquel, el del escapulario de la Virgen de la Pascoela, sin apartar la vista de las ascuas empezó a hablar quedo. “Debió ser una noche muy parecida a ésta” –dijo- “Una mujer enamorada puede entregarte hasta el alma; pero si la hieres, amigo, prepárate para el infierno”.



“El era un gallito bravo de familia buena en Villardeciervos; fanfarrón, mujeriego y lanzado, Emilio Bobo su nombre. Camelia era porteixa de parentela honrada y había caído embelesada en las artes del embaucador. Había un buen cargamento de azúcar, café y jabón, pero la recua del padre andaba en otra labor. Emilio dijo a Camelia: “Si tú te vienes conmigo nunca te lo he de pagar”. Como un matrimonio cualquiera cruzaron la raya sin más y en la villa de Guadramil cargaron y camuflaron la carreta hasta que ni un alfiler cogía. Salieron muy de mañana por caminos que pocos conocían, pero al poco de la Raya hombres del rey les detenían.
-“Buenos días traigan, señores. Necesito me den ahora mismo su nombre y su filiación.
-“Me llamo Emilio Varela –mintió el rapaz sin sonrojo- y soy de Val de Santa María. Voy con un poco de prisa pues mi mujer está casi parida –ya que la porteixa con un hato de lana bajo la ropa fingía de estar en cinta. El capitán, al ver su belleza, sólo quiso ser cortés.
-“Sigan camino, señores, no les quiero entretener.



“Así sin más contratiempo a Villanueva llegaron y en un almacén dejaron toda la carga traída. Y entre risas y alivios quedaron en verse luego ya en la venta de Teja Negra. Y esa noche no muy diferente de ésta se encontraron, a salvo de la indiscreta, detrás de la venta fueron el gallo y la porteixa. Emilio sacó una bolsa, le dio dos besos de amigo, le dijo “Aquí tienes prenda mía el dinero que te ha correspondido”.
-“Seguro que pasará tiempo antes que volvamos a vernos, yo parto ya para Orense donde me espera mi novia pa’ concertar matrimonio.



“Sonó un trabucazo en la noche, Emilio se quedó muerto. Del dinero y de Camelia no más noticia he tenido. Si juegas con fuego, amigo, has de estar bien protegido”.

Hoy tenemos una visión romántica de los tiempos del contrabando en el s.XIX, pero fue una actividad para hombres –y mujeres- duros, bien bragados. No muy diferente, salvando las distancias –avionetas, cuernos de chivo AK47, troconas 4x4-, de lo que hoy pasa, por ejemplo en la frontera mexicana. Este cuento es una adaptación de la historia de Camelia la texana, cantada, entre otros, por Los Tigres del Norte.

Y aquí, ésta ya es otra historia.


Fotos: 1. Mirilla en Villanueva de Valrojo - 2. Hermisende - 3. Villardeciervos - 4. Casa de la Inquisición en Villardeciervos - 5. Casa en Villanueva de Valrojo - 6. Fuente en Padornelo - 7. Casa de los siete balcones en Villardeciervos - 8. Pradería en Hermisende - 9. Santa Cruz de los Cuerragos - 10. Sierra de la Culebra, camino hacia Portugal.
Todos ellos pueblos vinculados al
comercio con el país vecino.

11 may. 2009

Un corazón enterrado en Sanabria


Desde pequeño se me dieron bien los libros. Recuerdo la mirada extrañada de mi madre cuando, apenas un mico, me arrebujaba junto al fuego en un rincón del escaño y forzaba la vista sobre un libro de la casa, el mil veces releído Vidas de Santos. Con mi padre era distinto. Cierto es que al hablar de mí con las visitas denotaba un claro orgullo, pero cuántas veces perdió la paciencia cuando, por ejemplo, por mis lecturas descuidaba la vela y las ovejas pastaban por los huertos vecinos como Pedro por su casa. También pronto me convertí en el ojito derecho del señor cura. Me sentaba a su lado en el catecismo y siempre se mostraba pendiente de mí, de mis preguntas y de mis progresos. Un día, al volver a casa, le vi saliendo de la cocina junto a mis padres. Los tres se me quedaron mirando. El señor cura sonreía, mi madre parecía haber llorado. Poco después, con cuatro cosas envueltas en un hatillo, partí hacia el seminario.
He de confesar que fueron unos años de excitación salvaje, casi animal. Después de miles de tardes devorando las misma historias, se ponía a mi alcance lo que yo pensaba era la totalidad del conocimiento humano. Pese a las largas cartas que enviaba a mi madre, y que ella contestaba posiblemente auxiliada por el señor cura o el maestro, olvidé mis raíces, mi vida en el pueblo, la triste Sanabria del XIX. Fui un estudiante esforzado, aprovechado y agradecido. No había para mí lugar en el mundo comparable a la biblioteca del seminario. El afán, más bien el ansia de conocimiento y estudio, ardía en mi como un fuego inconsumible. Fueron mis años felices. Casi sin darme cuenta canté misa y me destinaron como párroco a una aldea de montaña. Enseguida vi. que aquello no era lo mío y, gracias a Dios, mis superiores estuvieron de acuerdo. Volví a las aulas, esta vez como profesor y al tiempo que intentaba inculcar mi pasión a los alumnos estudié Derecho, Ciencias, Física y Metafísica… todo me interesaba. Sin embargo, visto a posteriori, creo que fue entonces cuando todo comenzó a estropearse. No sé explicarlo bien. Digamos que al empezar a ser reconocido como persona de valor, como sabio, el conocimiento en sí perdió importancia frente a la intriga, a la adscripción a un grupo que podía garantizar tu elección para un puesto frente al candidato de los otros. Una vez más sin darme cuenta quedé envuelto en los sutiles hilos de la política de salón. El saber quedó en segundo plano y lo que en verdad ocupaba mi mente era mi carrera, la lucha por el poder, el reconocimiento, el estatus.
Y en ese sentido me fue muy bien. Repartí estocadas y salté peldaños batiendo marcas de juventud: prelado, deán, obispo… el cardenalato me esperaba en algún punto del porvenir.
Fue al poco de subir uno de esos peldaños –me nombraron administrador apostólico de una villa de renombre- cuando recibí una carta de la lejana Sanabria: mi padre se moría. No puedo negar que acogí la noticia con cierto fastidio. Volver a Sanabria, en ese momento. Llegué justo para ver como el féretro recibía la primera paletada de tierra. Mi madre, a quien me costó reconocer, se deshizo en lágrimas entre mis brazos. Visto el panorama decidí quedarme algún día más.
Cuando me fui de Sanabria con mi hatillo dejé a mi madre como una mujer fuerte, de raza, capaz de bregar con las tareas de casa, las del campo y otros cuatro rapaces colgados de sus faldas. Al volver, apenas treinta años después, mis hermanos eran hombres y mujeres sanabreses que habían formado sus propias familias: toscos y cariñosos, amables pero distantes. Y mi madre… un montón de huesos cubiertos por un sayo negro, una anciana. Sentí mucha lástima por ella, lástima como por un perrillo callejero. Al principio atisbaba los posibles síntomas de recuperación anímica mientras pensaba en la posta que habría de devolverme a mi obispado. Poco a poco, una vez más inconsciente, se me cayó el alzacuellos y me reencontré con la vida del pueblo: cuidaba de mi madre, atendía la hacienda, jugaba a los naipes en la cantina, escribía… Llegaban cartas cada vez más apremiantes inquiriendo por mi regreso. Y a mí me costaba cada vez más atenderlas.
Una noche, sentado en el escaño de mi niñez, hice un gurruño con una de ellas y la tiré al fuego. Y mirando las ascuas comprendí que había equivocado mi vida. No me arrepentía, por supuesto que no, de mi saber ni de mis estudios, pero supe que mi sitio tenía que haber sido allí, en mi tierra y con mi gente. Con mi familia y con la que yo hubiese formado, que serían una. Me quedé toda la noche contemplando las llamas sin verlas, planificando cómo sería mi vida desde ese momento: cómo seguiría con mis escritos, cómo conseguiría los libros, la mejor manera de recuperar a mi madre, de mantener la casa… Fue una revelación como la de Saulo de Tarso.
Y como él me caí del caballo. Literalmente. Volvía de pasear por la majada de San Roque cuando, a la altura de la fuente del Mogo, se cruzó una víbora y mi yegua se encabritó. Desde el primer momento supe que había sido una mala caída. Vinieron médicos de Puebla, de Zamora, de la capital incluso. Pero yo había recibido la señal y no pude por menos que aceptarla. El círculo estaba cerrado. En menos de un mes estaba muerto.
Embalsamaron mi cuerpo y con gran pompa lo trasladaron a la catedral de mi sede, donde reposa para la posteridad frente a un altar importante. Pero mi corazón, Dios lo quiso, quedó enterrado en Sanabria. Donde nací.

El auténtico Manuel Sanromán Elena –no el protagonista de esta fábula- nació en Cobreros en 1865. De humilde familia, fue párroco en Justel y en Santa Marta de Astorga, profesor de Ciencias Naturales en el seminario de esta villa, Doctor en Derecho Canónico y autor de estudios como “Unidades Físicas”. Ordenado Obispo titular de Melasso en 1909 –siendo su madrina la infanta Isabel de Borbón- y nombrado administrador apostólico de Calahorra ese mismo año, murió en Cobreros, a consecuencia de la caída de un caballo, el 29 de agosto de 1911. Tenía cuarenta y seis años y una gran carrera por delante. Su cuerpo está enterrado, bajo una lápida conmemorativa, en uno de los altares laterales de la catedral de Calahorra. Sus vísceras –entre ellas, su corazón- se quedaron en Sanabria. Imaginando lo que era Cobreros en el S.XIX, D. Manuel debió ser un personaje fascinante.

Imagen de la invitación de Manuel San Román enviada por Carmen San Román.