30/11/2010

Cae la nieve


Tras un tiempo de destierro y nubarrones regreso con los ánimos bien cargados justo para recibir la primera nieve de la temporada en los valles. Sí, ya está con nosotros Maese Invierno, y ahora ni enharina ni enfariña nada: ha cubierto todo con un albo manto de talco que convierte a los pueblos en estampas. Como en el jardín del gigante de Oscar Wilde, llega el momento de quedarse tras los ventanales y esperar el filandón de la noche al abrigo del hogar.


Rescataba ayer en facebook los primeros versos de un poema de Mestres: aquí está al completo:

Cae la nieve copo a copo.
Mientras afuera nieva,
contemos cuentos, vida mía,
cerca del fuego.

Contemos cuentos hasta el alba;
yo sé tantos, que te hablaría
todo el invierno sin parar,
de reyes moros y princesas,
de castillos llenos de riquezas
custodiados por una sierpe,
de doncellas encantadas
y de brujas y de hadas ...

¿Quieres aquél de la doncella
que el gigante que la peina
sus cabellos cuenta uno por uno?
¿O el de aquel difunto en pena
que al rumor de su cadena
va clamando escalera arriba:
"Marieta, oh Marieta,
ya estoy en el último escalón ..."?

¿O tal vez prefieres
aquel otro que conoces
de una niña y un galán,
que, convertidos en golondrinas,
se susurran requiebros suaves
a las barbas del gigante?
Ah, traidora, ya sabía
que era éste el que querías.

Cae la nieve copo a copo.
Mientras afuera nieva,
contemos cuentos, vida mía,
cerca del fuego.
Apel les Mestres, 1889 


Nota 1: Dado que no soy precisamente un erudito de la lengua catalana, adjunto la versión original por si alguien se anima a una mejor traducción: "Cau la neu de floc en floc. Mentrestant que a fora neva contem qüentos, vida meva, prop del foc.
Contem qüentos fins al dia; jo en sé tants, que te'n diria tot l'hivern sense parar,de reis moros i princeses, de castells plens de riqueses que una brívia sol guardar, de donzelles encantades i de bruixes i de fades...
Vols aquell de la fadrina que el gegant que la pentina sos cabells compta un per un? O el d'aquell difunt en pena que al remor de sa cadena va cridant escala amunt: "Marieta, oh Marieta, ja só a l'última escaleta..."?
O tal volta prefereixes aquell altre que coneixes d'una nina i un galan, que tornats dos orenetes se murmuren amoretes a les barbes del gegant? Ah, traïdora, ja ho sabia que era aquest el que et plauria.
Cau la neu de floc en floc. Mentrestant que a fora neva contem qüentos, vida meva, prop del foc"



Nota 2: Como me consta que hay espíritus doloridos, me gustaría dejar constancia que la elección de un autor barcelonés para el fragmento de hoy no tiene nada que ver con el resultado de cierto encuentro balompédico reciente ;-)

17/11/2010

Un paseo junto al Lago de Sanabria


Desde los Santos - como manda la tradición - la nieve enharina los altos de Segundera y la Cabrera. Pero abajo, en los valles, el otoño resiste antes de la embestida definitiva de Maese Invierno. Tal vez algo maltrecho ya: las hojas de los robles son casi las únicas en mantenerse firmes en las ramas e, incluso, apuntan todavía pinceladas verdes entre el dorado que todo enseñorea. Mientras resistan, el otoño guardará al menos un hálito cansado pero firme.


Llevaba un tiempo sin salir - esas aburridas necesidades del día a día - y las piernas empezaban a murmurar abiertamente su rencor: que si dimes, que si diretes, que si yo me voy por ahí y que salga el sol por donde salga... Así, no me quedó más remedio que robar unos minutos que no tenía y llevarlas de paseo por los alrededores de mi querido lago.



La mañana - un martes - nació entre virutas de niebla adheridas a la escarcha. En el lago, un somormujo nadaba como si buscase el centro geométrico de aquel espejo; él y yo parecíamos ser los únicos madrugadores en varios kilómetros a la redonda. Deambulé en principio sin rumbo claro, pero pronto los colores me condujeron por uno de los senderos que bordean la lámina de agua. Pensé que quizás me sería posible llegar hasta la isla donde antaño los Pimentel erigieron una de sus villas veraniegas - sabían lo que se hacían.



El sol se abrió paso al fin entre la neblina y me sentí inundado por el ocre de los robles, el amarillo del bosque de ribera, el verde rabioso de la hiedra parásita - ésta sí puede llegar a secar un árbol, Tejón: los líquenes nunca. Encontré también algunas setas, bellas aunque la helada las amurrió sin remedio; y hasta vi las heridas rojas de lo que creí cancereixos, pero no pude acercarme lo bastante para comprobarlo.



Y entonces sonó el teléfono. ya es mala suerte, con la mala cobertura de la que gozamos. Y me jod@#$***ron el paseo: como si la niebla hubiese caído de nuevo, como sí los colores huyeran por el desagüe. Las vulgaridades del día a día se habían alzado en armas y aparecieron dispuestas a cobrarse su tributo. Me di la vuelta, sabiendo cuánto dejaba atrás.


Ahora sé cómo se sienten muchos de nuestros visitantes.

8/11/2010

Postes

Después de tantas veces como han machacado mis encuadres, al final han conseguido una entrada para ellos solitos.


"Aquel año los vendavales de invierno fueron prolongados y duros. Durante varios días seguidos los árboles no conocieron el reposo. Incesantemente encorvados, cabeceando y retorciéndose, llenaban el bosque de ruido siniestro de sus crujidos y del batir de sus ramas. Les era imposible descansar de tan violento ejercicio y sus hojas secas, arrebatadas por el huracán, parecían llevar demandas de socorro. Temblaban desde las raíces hasta las más débiles ramas, y el viento no se compadecía. A la tercera noche, un cedro no pudo más y se desplomó, roto. Las ramas de algunos compañeros próximos intentaron sostenerlo, pero estaban cansadas también y se quebraron y dejaron resbalar hasta el suelo al bello gigante, con un golpe que resonó más allá de la fraga. Todo fue duelo. El hueco que deja en un bosque un árbol añoso es tan entristecedor y tan visible como el que deja un muerto en su hogar. Únicamente el poste pareció alegrarse.
—Al fin se decidió a cumplir su destino —declaró—. Ahora podrán hacerse de él muy hermosas puertas, que es para lo que había nacido; no para esconder gorriones y para tararear tonterías. Y ustedes aprendan de él. ¿Qué hace ahí ese nogal? Otros muchos más jóvenes he tratado yo cuando se estaban convirtiendo en mesas de comedor y en tresillos para gabinete. ¿Y aquel castaño gordo, tan pomposo y tan inútil? ¿A qué espera para dar de sí varios aparadores? ¡Pues me parece a mí que ya es tiempo de que tenga juicio y piense en trabajar gravemente! ¡Vaya una fraga ésta! ¡No hay quien la resista! Si yo no estuviese absorto en mis labores técnicas, no podría vivir aquí. [...]


Pasado cierto tiempo, volvieron al lugar unos hombres muy semejantes a los que habían traído el poste; lo examinaron, lo golpearon con unas herramientas, comprobaron la fofez de la madera carcomida por larvas de insectos, y lo derribaron. Tan minado estaba, que al caer se rompió.
El bosque hallábase conmovido por aquel tremendo acontecimiento. La curiosidad era tan intensa que la savia corría con mayor prisa. Quizá ahora pudieran conocer, por los dibujos del leño, la especie a que pertenecía aquel ser respetable, austero y caviloso.
—¡Mira e infórmanos! —rogaron los árboles al pino.
Y el pino miró.
—¿Qué tenía dentro?
Y el pino dijo:
—Polilla.
—¿Qué más?
Y el pino miró de nuevo:
—Polvo.
—¿Qué más?
Y el pino anunció, dejando de mirar:
—Muerte. Ya estaba muerto. Siempre estuvo muerto.
Aquel día el bosque, decepcionado, calló. Al siguiente entonó la alegre canción en que imita a la presa del molino. Los pájaros volvieron. Ningún árbol tornó a pensar en convertirse en sillas y en trincheros. La fraga recuperó de golpe su alma ingenua, en la que toda la ciencia consiste en saber que de cuanto se puede ver, hacer o pensar sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir."
Wenceslao Fernandez Florez. El bosque animado.

Para bien o para mal ya forman parte del paisaje de nuestra tierra.


ULTIMA HORA

Logio nos avisaba de la llegada de otra ciclogénesis explosiva. Por aquí, de momento, estamos en alerta naranja por peligro de fuertes vientos.


Pero el temporal parece ir a más.

La idea de esta foto se la he robado a Arena

2/11/2010

La Misión en Sanabria, 1934


Hay que ir a esos pueblos con elementos de acción social inmediata y eficaz; darles, junto a las normas higiénicas, la posibilidad de cumplirlas; llevarles abonos y semillas y enseñarles prácticamente las mejoras posibles de sus cultivos tradicionales; dotar esas escuelas de material útil; fundar comedores y roperos; trabajar por estos niños, por estos campesinos, por estos maestros, con la inteligencia y con las manos, en comunión de ideales e intereses, y llamar vigorosamente a las puertas de la opinión pública para lograr ese esfuerzo colectivo que borre de una vez las sombras más tristes del mapa español. [...]


Por las mañanas, desde que se inauguró el comedor, actuamos en la escuela: pequeños trabajos de decoración escolar, lecturas amenas, realizaciones manuales, canciones, juegos y destrezas al aire libre. Somos ya amigos de estos niños; nos buscan, nos saludan a gritos, desde lejos, cuando nos ven llegar, y corren a nuestro encuentro: nos miran de frente, y hablan y ríen libremente con nosotros. En la escuela vamos familiarizándoles con el nuevo material de trabajo: las cuentas y fichas de color para el cálculo, la cartulina y las tijeras, la pintura por el recorte en papel charol, la plastilina, la tiza de colores. Rompen a dibujar figuras, esquemas y palabras, recortan y pegan molinos de viento que llevan luego gozosamente al recreo. Ellos, a su vez, hacen lo imposible por agradarnos. Se lavan las manos, se peinan. Algunos niños se arriesgan a prescindir de la boina mugrienta, por lo menos en las horas de sol. Otros, excediéndose en celo, llegan a presentarse con el pelo reluciente de aceite [...]


Una tarde vamos a tomar café a la casa parroquial, invitados por D. Pedro. Este buen cura de aldea, amigo y colaborador de la Misión desde el primer día, es ejemplo vivo de lo que hasta hoy habíamos tenido por una inocente creación literaria: el clérigo rural de breviario y escopeta, discreto en la campechanía y devoción, caliente de sentido humano, con la frente curtida de soles y las manos humildes hechas a la rienda, el azadón y el óleo [...] Charlamos amigablemente, liando tabaco portugués en papel del Rey de Espadas. Corzos, cosechas y niños saltan en la conversación. Nos habla del monasterio bernardo en ruinas, dueño antaño de vega, caza y pesca; del archivo parroquial, que acredita su antiguedad -en el Siglo X se le mandaba reconstruir, contemporáneamente al foro promulgado en privilegio de los monjes por Ordoño II y que ¡todavía- grava las pobres cosechas de San Martín-. Hablamos del Lago, rico en truchas asalmonadas, usurpado durante años en mentida propiedad particular por una señora que se decía heredera del privilegio bernardo [...]


[En Ribadelago] Un joven maestro, de reciente nombramiento también -D.J.Enriquez de la Rúa-, lucha bravamente en la escuela. Ha empezado, como nosotros en San Martín, por limpiar el local de arriba abajo a fuerza de brazos, apartando inexorablemente los viejos trastos docentes para implantar nuevos modos. Nos habla ilusionadamente de proyectos, intentos y realizaciones, que delatan el espíritu del auténtico maestro a quien la fe y el ímpetu juvenil ayudan contra todas las desdichas de la incuria tradicional. Contemplamos con simpatía su obra inicial y, pensando en San Martín (el pueblo y el santo) decidimos partir con él nuestra capa misional [...] viniendo a ser la primera respuesta que encuentre este maestro clamando, como tantos, en nuestros desiertos. [...]

La escuela de San Martín, con la cama del maestro al fondo, antes de las reformas
¡Y qué contrastes en estas aldeas de emigración ultramarina! Junto a los analfabetos que dificilmente ligan las primeras sílabas de los letreros castellanos, hay emigrantes que leen correctamente los rótulos ingleses de las películas Eatsman; junto a los que ven el cine por vez primera y apenas comprenden las piruetas de Charlot, hay quien ha conocido personalmente a Chaplin y recuerda años babélicos de Nueva York a San Francisco. [...]

El comedor social abierto por la Misión
La actitud de los pueblos con nosotros, cordialísima y fervorosa en todo momento. No olvidaremos las rondas y danzas típicas con que nos obsequiaron en Galende, la emoción de Ribadelago, los abrazos de San Martín, la gaita de Ungilde, la alegría sudorosa de los mozos de Vigo que, en plena noche, sacaban en vilo a la carretera nuestro coche caído por un terraplén [...]
Alejandro Casona. Memoria de la Misión pedagógica social en Sanabria, Zamora. (Del 5 al 15 de Octubre de 1934)

Foto tomada del blog de Jordi Siracusa
Desde hace algún tiempo llevo dándole vueltas a esta entrada y la mejor manera de enfocarla; para acabar llegando a la conclusión más obvia: mostrar las palabras de quienes allí estuvieron, sin más.
El texto completo puede consultarse en la Biblioteca Digital de Castilla y León, de donde están tomadas las fotografías. Que nadie piense, por favor, en ningún tipo de censura por haber omitido en esta ocasión los pasajes más duros sobre la pobreza de la comarca. Esta vez he querido dirigir el foco sobre las personas: los que llegaron y los que se encontraron. Algunos de ellos todavía viven.