21 de dic. de 2011

Días como estos

Hoy, precisamente hoy,  por ser hoy, me apetece escuchar un tango:

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Hace unos años, cuando era jóven, inexperto y sabía tanto de las relaciones de pareja como ahora, estuve de novio con una chiquita del barrio que tardó poco más en descubrir el papanatas que se había mercao que en darle la gran patada.

Eso dolió, amigos: no fue mi primer desengaño amoroso, pero aquella tía estaba muy buena y eso siempre suponía un plus de prestigio. El mentecato - o sea, yo - no tardó en montarse una película para justificar el papelón. El libreto, como no, lo puso el maestro Discépolo con este tango.

Quizás se preguntarán: ¿Tiene esto algo que ver con las fechas que vivimos? Para mí, sí. La interpretación la dejo a su libre albedrío. Todas valen.
En cualquier caso, un año más, alzo mi copa: ¡Por nosotros! Que sigamos viéndonos, al menos por aquí.


La foto no es mía. Es completamente real y la encontré aquí

En días como estos todos andamos especialmente atareados, así que, si no hablamos más, pásenlo lo mejor posible.

11 de dic. de 2011

Gaiteros de Pedrazales

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"Nací el once de abril de 1934 en un pueblecito llamado Pedrazales de Sanabria, mis padres se llamaban Ceferino y Mercedes, éramos siete hermanos: Tarsicio, María Francisca, Laura, Ana, Tirso, Nieves y yo, Modesto, que era el primogénito.
Durante el periodo comprendido entre los años 1934 y 1944, esos primeros diez años de mi vida, el peor recuerdo que tengo es el hambre, hambre dolorosa, aún hoy si lo recuerdo , siento aquella sensación desagradable que caló tan dentro de mí y de mi familia. Fue especialmente dolorosa para todos aquellos padres  que día a día veían que no tenían nada que llevar a la boca de sus hijos ni a la suya propia.
Recuerdo que frecuentemente yo me acercaba a casa de mi abuelo, el padre de mi madre, que se llamaba José Varela García, a pedirle un pedazo de pan para comer, pero muchas veces no era así, con la consiguiente aflicción que le ocasionaba a mi abuelo esta situación. ¡Qué dificil fue el día a día!


Aquel sábado de abril, cuando la siembra de las habas, comí con mis abuelos un trozo de pan con chorizo, mi abuelo lo acompañaba con un poco de vino que tenía en una calabaza. Tras el banquete, me pidió que le acompañara a hacer la siembra de las habas, yo acepté encantado. tenía cinco años.

- Mira, Modestico: cuando yo abra el surco, tú metes las habas de dos en dos o de tres en tres, ¿vale?
- ¡Vale! - le contesté.

Me dio una bolsa con habas y empezamos la siembra. Al cabo de un rato yo ya estaba cansado de tanto haba, y en vez de dos en dos o de tres en tres, empecé a tirarlas de cuatro en cuatro hasta cinco o seis. El cuando se dio la vuelta para tapar los agujeros recogía las sobrantes, pero tras seis o siete agujeros me dijo con el genio que le caracterizaba:

- ¡Pero coño! ¿No te he dicho que de dos en dos?

Y comenzó a correr detrás de mí. Al ser cojo jamás pudo darme alcance, mis travesuras a veces le sacaban de quicio, pero acto seguido me llamaba aludiendo que no me pegaría. Yo me acercaba y así era, me colmaba de besos."
Modesto Espada Valera. La vida de un viejo carrilano sanabrés. P. Uribe, julio 2011.  En Facebook



Las vivencias narradas por Modesto en estas Memorias les resultarán muy familiares a todos los que tienen sus orígenes en nuestra comarca: el hambre omnipresente, el pastoreo por las sierras, la artesanía de subsistencia, los trabajos en la línea del ferrocarril a Galicia - los carrilanos del título - y en las presas de Moncabril, la emigración... y los regresos estivales a una tierra de la que es dificil desvincularse. Historias conocidas pero que pocas veces se han plasmado en papel.

Modesto, además, puede presumir de formar parte de una de las más importantes dinastías sanabresas: los Gaiteros de Pedrazales. Su hermano Tarsicio y él constituyen la cuarta generación... y ya tienen el relevo asegurado. A ellos les tocó bregar con los momentos más complicados de la música tradicional, cuando fue abandonada por la juventud y las fiestas se llenaron de "orquestas". Los dos hermanos se empeñaron en salvaguardar las viejas tonadas, en enseñar a quién estuviese interesado, en mantener viva la llama. Gracias a ellos - y a otros pocos locos como ellos - cuando llegó el momento de la revalorización y se abrieron escuelas como la de Puebla - podemos hablar de un hilo conductor de los viejos tiempos hasta el presente y el futuro.



Este viejo carrilano cuenta su vida con sencillez, quizás más como una charla al final de una cena de sanabreses emigrados que como los antiguos filandones al calor de la lumbre: es el signo de los tiempos. Pero estoy seguro que dentro de unos años este testimonio en primera persona será un tesoro para todos los interesados en conocer la pequeña historia de estos pueblos casi olvidados.


Música: Modesto y Tarsicio Espada en la Feria de Artesanía de El Puente