El timbre del teléfono martilleó de nuevo en la sucursal. Alguno de los rehenes lo miró expectante, como si la policía pudiera entrar por el cable del auricular y sacarlos de aquel atolladero.
- Mira tú misma encima de la mesa. Mira qué montón de pasta. ¿Lo ves? Pues no está. No existe - susurró Mediometro - Cuando entre la pasma -tú sabes que entrará- y lo encuentre se va a montar un follón de tres pares de cojones. No debería estar aquí. Problemas. Para el director. Para mí. Para gente de fuera. No conviene a nadie.
Mediometro se pasó la lengua por los labios. Castañuela, el dedo siempre en el gatillo, la siguió con la mirada como un adicto ante un programa de telebasura. Consciente de la tramoya. Fascinada por el murmullo. Ni el Cosme le había hablado nunca tan íntimo.
- Yo no sé cómo te has planteado esto. Cuánto pensabas sacar. Cómo pensabas salir. Si has hecho planes, claro. Ahora se ha jodido todo: los muertos, los periodistas... uf. En el mejor de los casos debes saber que dormirás un tiempo muuuy largo lejos de casa. Sin un puto duro. Tú y yo tenemos que pensar algo juntos para salir de ésta lo mejor posible.
Castañuela tenía una canción. Volaba por su cabeza desde hacía un rato. Tenía la melodía. Tenía la imagen del chaval que la cantaba, aquel del limpiabotas que quería ser torero. Le faltaban las palabras. Ella siempre tenía una canción. Aunque tardase en encontrarla.
Se dio cuenta que llevaba demasiado tiempo en el mismo sitio. Que podrían dispararle desde fuera. Se movió para que Mediometro quedase entre ella y las ventanas. Los demás permanecieron quietos. Alguien sollozaba quedo. Esa puta canción.
- Lo primero que tenemos que hacer es sacar el dinero. No hay posibilidad de esconderlo: si está aquí cuando lleguen lo encontrarán. Tenemos que negociar con ellos. Ya sabes, como si pensásemos que podemos escapar. Desde el primer momento ellos te pedirán rehenes a cambio. Esa es nuestra oportunidad.
" Si quieres hablo yo con ellos. Como si siguiese tus instrucciones. Yo sé bastante de esto. Pedimos un coche, un avión, lo que se te ocurra. Y, como muestra de buena voluntad, soltamos un par de rehenes: así sacaremos toda la pasta posible.
" Las cosas en el talego son muy diferentes cuando tienes dinero. Un buen abogado puede ponerte en la calle en seis años. Yo me encargaría de que no falte de nada: ni a ti, dentro, ni a quién tú me digas de fuera. Cuando hayas acabado de pagar yo te entrego tu parte y a vivir. Con quince o veinte kilos se puede vivir muy bien.
- ¿Veinte? ¿Y cuánto sacas tú? ¿Por qué no cuarenta? Soy yo la que va pa' dentro.
- No te pases, Mari. El marrón lo has liado tú. No fuerces. No sabemos cuánto vamos a conseguir sacar. Ah, otra cosa: no nos vale cualquiera para salir con la manteca. Primero, por seguridad. Y segundo porque a todos estos los registrarían a conciencia.
- Sí, tienes razón. Tenemos que elegir a alguien con una cierta... posición. Alguien que imponga respeto. ¿El director? ¿Tú?
- No veo más opciones, Mari.
- Ya. Y yo: ¿qué garantías tengo?
Mediometro sacó pecho.
- Tienes mi palabra.
"Porque mientes cuando lloras, siempre mientes cuando ríes y te enamoras: eres mentira, sólo mentiras" Ah, sí, así era la letra. Bueno, Mari: a ver si eres capaz de acertarle justo en esa bocaza de hijo de puta que tiene.
- Disculpe, señorita...
El ciego de los cupones. Se ha acercado de rodillas. Las manos en la nuca. Todo sumisión.
- ...este hombre trata de engañarla.
La víspera del atraco don Toribio Carambola tomó su ponche antes de meterse en la cama. Enseguida llegó al bosque. De alguna manera lo esperaba. El bosque era el de siempre y no lo era. No había atisbo de amenaza en la arboleda: los sauces, los tejos, mostraban un porte monumental, casi catedralicio, y hasta las zarzas semejaban tapices de intrincado diseño con un boato de tiempos olvidados. Olía a tierra mojada, como olía el parque donde de niño Toribio jugaba a dirigir flotas de cáscaras de nuez volcado sobre el pretil de una fuente.
Llegó a un claro en la espesura. En su centro se alzaba un tejo milenario, el más majestuoso que jamás viera. A sus piés una figura se acurrucaba junto a una pequeña fogata. Se acercó.
Era él. Su viejo filibustero.
- Ven, Manolito, si te puedo llamar así todavía - le dijo - He esperado tanto tiempo.
26 comentarios:
Huele a trola y trolero, y mucho... Espero que a Castañuela no le falle el olfato.
Delicioso suspense introducido en ese final de ciegos y filibusteros.
Un abrazo, Xibeliuss.
"Como un adicto ante un programa de telebasura". Se ve que hoy día es la droga más poderosa!
Delicioso final de capítulo en ese bosque tan hermosamente descrito.
Buenas noches, monsieur
Bisous
Hola Xibelius, como para fiarse esta la cosa, jejejejeje.
Un abrazo
Vamos, fijate la garantía que le da a la Mary, nada más y nada menos que la palabra de mediometro. De todos formas, Castañuela no las tiene todas consigo. Veremos el desenlace, que lo has dejado con bastante intriga. Saludos, amigo Xibeliuss.
Como siempre, Xibeliuss, nos puedes sorprender con cualquier cosa, pero el plan parece que tenga un cierto tufillo a ¿trampa?.Un abrazo
Esperamos el siguiente episodio con ansiedad,a ver como se desarrollan los acontecimientos....
Un abrazo y me tienes en ascuas
¡Dispara, Castañuela! Hay algunos personajes que nos duelen y luego ya tenemos que quererlos. Castañuela es de esos, como Pajarito. No sé si te lo he dicho alguna vez pero bautizas como Dios :D Siempre me voy pensando que ninguno de ellos habría podido llamarse de otra manera.
Un abrazo. Mil gracias.
Parece mentira lo que pueden dar de sí unos instantes, unos segundos. Porque seguro que Mediometro y Castañuela no están necesitando para robar el bando varias horas, seguro.
saludos
Y al final Toribio metiendo las narices donde... Ya veremos que tienes pensado para él. Me temo que hasta el final no lo sabremos, porque intuir algo en esta historia resulta tan..., tan imposible, que por eso da gusto leerla. Un abrazo.
Me traes ligeramente "escarallado". no sé si podré superarlo.
Un abrazo.
Y ¿sabes lo peor, Marisa? Que para mí Mediometro es consciente de la endeblez de su trampa, pero aún así cree que va a sacarla adelante.
Un fuerte abrazo
Gracias, Madame. Me dio trabajo el bosque, pero creo que sí ha quedado bien.
Feliz tarde
Jjejeje
Abi en un banco ¿qué puedes esperar?
Abrazos
Gracias, Paco.
Ya estamos más cerca del desenlace, por fin.
Abrazos
Sí, Marce, es trampa y descarada además. Pero Castañuela no ha picado.
Abrazos
Lo dicho, José Manuel: ya queda poco.
Abrazos
Jjejeje, alma:
¡Aunque también hay veces que el nombre acaba definiendo al personaje!
Un fuerte abrazo
Jjajajaja Carmen: Sí, este atraco parece la magdalena de Proust.
En realidad la historia no es tan larga... pero llevamos tanto ya con ella que lo parece.
Saludos
Gracias, dlt.
Yo creo que si Toribio se ha metido es que tiene algo en la mollera. Veremos, veremos.
Abrazos
Ay, Xabres. Espero que al terminar todo quede más claro
Un abrazo
Oye,que puedo sacar yo el dinero si quieren,¿eh?.
Lo que no saben es lo que corro yo.
Un abrazo.
Jjejejeje
¡Ya te veo yo, fosi! :)
Abrazos
Fascinantes las historias de Don Toribio y sus compañeros de aventuras. Una serie con un personaje que se las trae y se me hace tira a leyenda.
Jjejeje Alejandra, lo de leyenda me parece mucho para un tarambana como Toribio...
En cualquier caso pronto llegaremos al final
Abrazos
Ay ese Toribio, a saber que es lo que nos depara. Este relato me tiene enganchadísima, he tenido que volver a repasar el último capítulo para tomar el hilo de la situación.
¡Oye! que a mi no me molesta que sigas escribiendo capítulos y nos tengas leyendo hasta el año que viene las visicitudes de Toribio.
Un beso
Una buena narración con pintorescos personajes y a la espera de como acaba todo.
Felicitaciones.
Un cordial saludo.
Ramón
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