23 ene. 2013

Manuel Fábrega, Médico de Lubián


Durante más de treinta años Manuel Fábrega Coello, nacido en Ourense en 1875, ejerció como médico en el Concello de Lubián. Allí se casó con Antonia, natural y vecina de la localidad, en los primeros años del siglo. Nunca tuvieron hijos, pero todavía son recordados en el pueblo: se cuenta que cuando visitaba a enfermos de familias de escasos recursos, además de no cobrar, solía llevar él mismo algunos alimentos que consideraba necesarios para el enfermo - un trozo de queso, o de jamón...  Mantuvo una cierta actividad política como miembro de la Asociación Republicana Radical desde 1932, por lo que participó en la campaña de las elecciones de febrero de 1936 a favor del Frente Popular. Su primo Luís Fábrega, también de ideología radical, ocupó distintos cargos en la provincia vecina: alcalde de la capital, presidente de la diputación y diputado en las Cortes Constituyentes. Tras el golpe de estado de julio, cuando las tropas sublevadas controlaron As Portelas, el médico fue detenido y enviado a la prisión de Zamora.


En 1936, el capitán Ángel Espías Bermúdez estaba destinado en Zamora, donde ejercía de oficial al mando de la 3ª Compañía de la Comandancia de Carabineros. Fue designado abogado defensor en el primer Consejo de Guerra celebrado en la capital tras el Alzamiento militar y después solicitado como tal por muchos de los represaliados en aquellos días. Entre ellos, Manuel Fábrega. El capitán lo dejó reflejado en sus Memorias:


"En una de las causas, fue encartado Don Manuel Fabregat [sic], anciano médico del pueblo de Lubián y con él Reinaldo Cortés, de profesión obrero. Al primero se le acusaba de haber albergado en su casa al General Caminero, que desde Calabor por donde iba a pasar a Portugal, fue llevado por obreros de dicho pueblo y por allí atravesó la frontera y se internó en la vecina nación [como vimos en anterior entrada]. La actuación de Reinaldo fue estar en Lubián hasta que el General se ausentó. El médico albergó a Caminero en su domicilio a petición de su sobrino Ovidio [sic]. Por lo humilde del pueblo no había hospedaje adecuado para el General y accedió a la petición. El sobrino pertenecía a a la Junta del Sindicato, que en realidad mandaba en Lubián y lo exigía. El obrero Reinaldo se encontraba en Requejo en su casa, varios compañeros le hicieron levantar y le obligaron a acompañar al General hasta su paso a Portugal, después regresó a su domicilio. 


Para no actuar con las masas obreras se escondió en el túnel número cuatro, donde permaneció hasta la llegada de las fuerzas del Regimiento de Infantería Toledo, a las que se presentó y ayudó a trasladar la dinamita que había en las obras del ferrocarril. El Consejo de Guerra calificó los hechos incursos en el delito de rebelión militar e impuso al médico Don Manuel Fabregat la pena de muerte y a Reinaldo Cortés la de reclusión perpetua. A los pocos días las sentencias fueron confirmadas. Al entrar en capilla el reo Sr. Fabregat, le fue leída la sentencia delante del defensor y conocida la pena, dijo:

Me alegro me hayan impuesto la pena de muerte y no la de reclusión perpetua, dada mi edad no podría abrigar la esperanza de libertad. Lamento se me condene por rojo. No se lo qué es eso. Mis ideas son y fueron siempre de orden y de derechas. Ahora sólo quiero que avisen a un sacerdote, deseo confesarme.


El fusilamiento, con cinco reos más pertenecientes a otra causa, se llevó a efecto en las tapias del cementerio. El piquete de ejecución estaba formado por falangistas, en la primera descarga hecha a pocos pasos de distancia de los reos, no hicieron blanco en el cuerpo del médico. A la detonación encogió los hombros y quedó de pie. La segunda descarga le arrebató la vida. Reinaldo Cortés tuvo una reclusión perpetua efímera, a las pocas semanas siguió la misma suerte. En las sacas que hacían en la cárcel, fue llevado al cementerio por los católicos falangistas, y junto a la fosa asesinado"

Ángel Espías Bermúdez, GUERRA CIVIL ESPAÑOLA. AÑO 1936. HECHOS ACAECIDOS EN ZAMORA Y PROVINCIA Memorias Revista EBRE-38.Nº 2. 2003


El Ayuntamiento de Lubián rindió homenaje a Manuel Fábrega en diciembre de 2006 y dio su nombre a la arteria principal de la localidad. Más curioso me resulta el caso de Reinaldo Cortés: ninguna otra de las fuentes consultadas hacen referencia a él. En principio pensé que podía tratarse de un error de transcripción del capitán Espías, pero no es así, ya que en el BOE de 21 de febrero de 1938 se publicó la instrucción del expediente de responsabilidad civil seguido contra los dos. A mi entender, esto podría dejar dos posibilidades: o Reinaldo era el contrabandista que guió al grupo del general en el paso a Portugal – lo que tal vez contrasta con su posterior presentación y ayuda al Regimiento Toledo – o fue un pobre hombre atrapado por las circunstancias en el lugar y el momento equivocados. Si alguien puede aportar más datos sobre él serán muy bienvenidos.


Quienes sí tuvieron una intervención más clara y directa en la huída de Caminero fueron: Juan Ovides (no Ovidio como escribe Espías Bermúdez: llamado Juanito, era sobrino político del doctor Fábrega), Alonso Belmonte, Eduardo Blanco... y hasta seis más cuyo nombre no he localizado. Una vez más hay discrepancias sobre su destino. En la entrevista concedida a ABC, el general relata cómo le pidieron pasar con él a Portugal y garantías sobre su regreso, pero no vuelve a mencionarlos tras su detención en Moimenta. Francisco Pilo  parece situarlos a todos en Lisboa, donde el embajador Sánchez Albornoz sólo facilitó pasaporte a los tres militares. Emilio Grandío cuenta algo parecido (1), hablando de su detención en Chaves y su posterior traslado a Oporto.


Sin embargo, vecinos de Lubián han plasmado en distintos foros versiones diferentes o más completas de aquellos hechos.Al menos parte del grupo regresó camino de Lubián después de dejar a Caminero en Moimenta, pero antes de entrar en el pueblo fueron avisados por sus familiares de que les estaban esperando para prenderlos o matarlos. Volvieron a cruzar la raya y entonces fueron detenidos y trasladados, ellos sí, a Chaves. Puede ser que lograran fugarse o puede que Caminero les consiguiese algún tipo de documentación: Juanito partió al exilio y pasó largos años en Argentina y Francia;  Blanco y Belmonte regresaron a España y se integraron como combatientes en el ejercito Republicano. Al acabar la guerra, Eduardo Blanco fue condenado a trabajos forzados y se libró por poco - estaba en la enfermería y no en su pabellón - de ser fusilado en otra saca de los incontrolados.


Notas:

(1)”A raia que deixou de selo. A fronteira galego-portuguesa en xullo de 1936” Servicio de publicaciones de la Universidad de Santiago, 2001. Grandío recoge un curioso testimonio del general Ramírez, el jefe de Estado Mayor de Caminero también partícipe en la aventura, que confesó haber encanecido por completo durante sus días bajo custodia en Lubián: “Nunca me había visto en tan dificil situación. Vi a las fieras liberadas y se hacía imposible volver a enjaularlas”. En la entrevista Caminero no menciona un teórico paso por Chaves.

Otras fuentes:





16 ene. 2013

Un General en la Alta Sanabria


En julio de 1936, el general Juan García Gómez Caminero ejercía la jefatura de la Inspección General del Ejercito. En razón de este cargo realizaba una gira por las distintas guarniciones de la VIII División Orgánica, acompañado por su jefe de Estado Mayor, el también general Rafael Rodríguez Ramirez y su auxiliar, el comandante Manuel Orbe Morales. Estando en Astorga, el día 17 recibieron alarmantes noticias sobre los movimientos de tropas en torno al Estrecho y decidieron trasladarse por carretera hasta León, al tiempo que ordenaban al general Salcedo que les enviase un avión desde La Coruña para acelerar su regreso a Madrid.


El día 18, ya en la capital leonesa, coincidieron con una columna de mineros asturianos, también en ruta hacia Madrid para defender la República (entre tres y cinco mil hombres, suficientes para detener el golpe en la ciudad). En una reunión con las autoridades militares sus dirigentes solicitaron ser armados, lo que Caminero acepta; pero el general Carlos Bosch y Bosch, comandante militar de la plaza, exige una orden por escrito desde el Cuartel General o el Ministerio de Gobernación. Cuando ésta por fin llega,  vía telegrama, Bosch hace entrega – en los alrededores de Onzonilla – de un armamento tan deteriorado que el maestro armero se niega a firmar la relación – en su informe refiere la falta de percutores y el lamentable estado de conservación de fusiles y mosquetones. Caminero, que es testigo de estos hechos, no hace nada: empieza a pensar que el general Aranda, el gobernador militar de Asturias, ha dejado salir a la columna minera para quitársela de encima y que Bosch está ocultando su condición íntima de sublevado. Telefonea de nuevo a La Coruña para pedir que su avión esté disponible para las siete de la mañana del día siguiente – a lo que le responden con evasivas – y esa misma noche, junto con sus auxiliares, parte por carretera en dirección a Benavente, con la intención de entrar en Portugal bien por los pasos fronterizos de Sanabria - la  primera opción, ya que mantenía cierta amistad con el gobernador de Bragança - o bien por Ciudad Rodrigo, en Salamanca.


El viaje se realizó sin mayor contratiempo hasta que alcanzaron la comarca sanabresa. Así lo narró el propio Gómez Caminero:

"Sin entrar en Puebla de Sanabria, donde el capitán de Carabineros se había puesto al frente de la Rebelión, llegamos a la frontera.
- Y pasaron al fin
- No. Al fin, no. Porque el suboficial, también sublevado, ni me guardó el respeto debido, ni me prestó el auxilio que le pedí, ni me dejó pasar, aunque le dije que el gobierno me llamaba a Madrid. En ese momento se presentó el director de la Aduana, que, tras decirnos que no dejaba pasar ni el coche ni a nosotros, y tratar groseramente a mi jefe de Estado Mayor, agregó que se iba a la Puebla de Sanabria para volver con el juez y policía a prendernos.


  En vista de las dificultades para pasar la frontera, acordamos trasladarnos a la citada población salmantina. Camino de ella íbamos, cuando a la vuelta de un recodo de la carretera, salieron a nuestro paso veinticuatro individuos, armados de escopetas y pistolas, que dispararon contra nosotros causando numerosos agujeros al coche. Dímosles gritos para que nos escuchasen y lo logramos, tras de grandes esfuerzos. Pero no logramos convencerles de nuestra condición de militares servidores del Gobierno de la República. Nos habían tomado por generales rebeldes y, sin hacer caso de nuestros documentos, que creían falsos, nos llevaron a Requejo, donde los habitantes - unos ochocientos trabajadores leales a la República - pretendieron lincharnos creyéndonos traidores. Gracias a la oportuna intervención del presidente de los sindicatos, que nos condujo a una casa, pudimos librarnos de las iras del pueblo, que seguía teniéndonos por generales sublevados. (1)


  A las tres y media de la mañana nos llevaron a Lubián, pueblo donde se repitió el espectáculo de Requejo. Entre Requejo y Lubián había un puesto de la Guardia Civil, compuesto de doce números, a la órdenes de un cabo, a quien le entregué, después de mostrarle los documentos acreditativos de nuestra personalidad, tres cartas dirigidas al ministro de la Gobernación, a Largo Caballero y al embajador de España en Portugal [Claudio Sánchez Albornoz]. De estas cartas sólo la última llegó a su destino. En Requejo había entregado también otra carta al cabo de la Guardia Civil, con el encargo de que la remitiese al ministro de la Gobernación. Pero, en lugar de hacerlo así, como me lo había prometido, la envió a los rebeldes.


  Cuando llegamos a Lubián, y en atención a la actitud del pueblo, los dirigentes, convencidos ya de que éramos generales republicanos, nos llevaron a una casa situada a cuatro kilómetros del pueblo, en la que estuvimos dos días custodiados por una guardia permanente, y durante los cuales esperamos la llegada de un avión que había de aterrizar en un campo próximo a Lubián. Pero en este plazo de las cuarenta y ocho horas había sido descubierto nuestro refugio y quienes nos lo había proporcionado nos trasladaron de nuevo a Lubián, instalándonos en casa del médico [Manuel Fábrega Coello], donde fuimos tratados con toda clase de consideraciones [...]

  Los facciosos, conocedores por la carta [que había entregado al cabo de Requejo y éste había pasado a los rebeldes] de nuestra situación, enviaron una mañana un aparato de la base de León, que arrojó sobre nosotros seis bombas, ninguna de las cuales cayó sobre la casa. Otra: tropas rebeldes, procedentes de Orense, ocuparon el aeródromo donde esperábamos el avión, el pueblo de Gudiña y el inmediato de Villavieja. En vista de esto, y de que en los sindicatos se comenzaba a acusar a los dirigentes de protegernos - seguían creyéndonos rebeldes - éstos me propusieron, como única salida el paso de la frontera con ellos. [...] A las tres de la tarde salimos de Lubián y, después de recorrer cuarenta kilómetros a pie, entramos en terreno portugués a las cuatro de la mañana del día siguiente."
Entrevista publicada en ABC, 3 de Agosto de 1936


Los militares fueron detenidos en Moimenta, de allí trasladados primero a Vinhais y luego a Bragança, donde contaron con el apoyo del coronel Teixeira – el amigo de Caminero – y pudieron ponerse en contacto con los representantes diplomáticos españoles. Finalmente fueron autorizados a viajar hasta Lisboa para encontrarse con el diputado pacense De Miguel, que les acompañó en su retorno a Madrid.


La figura de Juan García Gómez Caminero ha sido cuestionada por diversos autores, sobre todo por los más comprensivos con el Alzamiento. Nacido en 1871, fue uno de los primeros oficiales ascendidos al generalato con la llegada de la República, miembro de la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA) y posiblemente vinculado a la masonería, antes de los hechos referidos intentó sin éxito que los oficiales más propensos al golpismo fueran apartados de los puestos de mando. Tras su regreso a Madrid se incorporó de inmediato - por baja de un compañero -  al Tribunal que condenó a muerte al General Joaquín Fanjul. A principios de 1937 pasó a la reserva por haber cumplido la edad reglamentaria, falleciendo en los últimos días del citado año. Ignacio Estévez – gobernador civil de Orense en 1936 - estaba convencido de que la incapacidad de Caminero para controlar la situación en León fue decisiva en aquellos primeros días de guerra, ya que facilitó a los sublevados los accesos a Castilla por El Bierzo y Sanabria, dejaban aislado el frente de Asturias al norte de la provincia y, no así el sur y el oeste leonés, que permitió el paso de tropas de Galicia hacia Castilla para unirse a banderas de la Falange vallisoletana y las JONS de Onésimo Redondo en el Alto del León.


Unos cuantos años de todo esto, Caminero ya tuvo un controvertido papel durante la quema de conventos en Málaga, en los días de la proclamación de la República:

“Existen dudas razonables sobre la actitud y acciones del, por entonces, recientemente nombrado por el gobierno republicano, general José Gómez Caminero, gobernador militar de Málaga, que incluso pudo ser condescendiente para con las masas incendiarias de iglesias. El citado gobernador militar no sólo no reprimió a las masas anticlericales, anarquistas y a los radicales de izquierda pirómanos, sino que mandó retirar las fuerzas de la Guardia Civil durante los disturbios, y envió un telegrama a Azaña con el siguiente contenido: "Ha comenzado el incendio de iglesias. Mañana continuará". Dicho gobernador militar fue destituido a los pocos días, para al poco tiempo ser ascendido a General de División y posteriormente nombrado General Inspector del Ejército”


Ahora bien: ¿Y qué fue de Manuel Fábrega Coello, el médico de Lubián, y del grupo de sindicalistas que auxilió al general en su huída?

Pues tendremos que verlo en una próxima entrada, porque ya se me ha agotado el espacio :)


Notas:
(1) Los trabajadores que construían los túneles del ferrocarril Zamora – Orense, en posesión de abundante dinamita y – más o menos – organizados en sindicatos, constituyeron el único núcleo de resistencia digno de tal nombre en la provincia durante los primeros días del alzamiento. En poco más de una semana fueron neutralizados por las tropas del Regimiento Toledo enviadas desde la capital, además de la presión efectuada por las procedentes de Ourense – las que, por cierto, exhibieron en Verín como trofeo de guerra el coche de Caminero cosido a balazos.



Fuentes:
Cando o xeneral Caminero, de paso por Brumoso, salvou a vida e recuperou o olfacto Javier López Rodríguez (Autor de la novela "Amigo Medo", que recoge este episodio)

Entre las fuentes citadas existen importantes diferencias en los detalles de esta aventura. He preferido ceñirme a las palabras de Caminero, aún siendo consciente de las posibles inexactitudes y omisiones del general  – más o menos intencionadas.
El General Caminero, a su llegada a Madrid (Agosto, 1936) Hemeroteca ABC


8 ene. 2013

Don Manuel Carbajo, por Inés Camaro

Después de unas cuantas entradas dedicadas a recoger textos sobre Sanabria, llega el momento de presentar uno escrito desde Sanabria. Recuperamos así nuestra sección de Colaboraciones, para mí la más querida del blog: los lectores habituales ya conocen a Inés Camaro Sánchez


A D.Manuel Carbajo Prada,un buen hombre.

  La niña que no debió ser,  desde su mas tierna infancia, sintió curiosidad por conocer quién había sido ese hombre, aquel que hizo posible todas esas cosas que tanto habían mejorado la vida de las gentes de su pueblo. Un hombre al que nunca conoció, porque su tiempo comenzó cuando él ya se había ido - todo cuanto supo de él fue por boca de sus padres, también fallecidos. Un hombre que vivió en su propio pueblo, donde formó familia con dos mujeres, aunque él – le contaron – pudo haber nacido en Trefacio.



  Siempre estuvo orgullosa de ese hombre: Don Manuel Carbajo Prada, alcalde mayor del Ayuntamiento de Robleda-Cervantes en el que está integrado su pueblo, Triufé de Sanabria. En su época – principios del S.XX – ni Triufé ni el resto de la comarca existían para los gobernantes: por aquí no venía nadie, la gente se las arreglaba como podía y su calidad de vida era muy, muy humilde. Se vivía de la agricultura y algo del ganado, se cebaba algún cerdo para luego hacer la matanza y tener algo que echar al puchero durante todo el año; con unas cuantas gallinas y verduras en el huerto la gente sobrevivía. Algunos hombres aprendían oficios que les ayudaban a mejorar la economía: unos en la construcción, pues aquí la gente se hacia su propia casa; otros aprendieron a trabajar la madera, desde cortar, modificar y reducir árboles a construir muebles. Sabían extraer la piedra de las canteras y la pizarra de las loseras, también trabajar el barro que se utilizaba con la piedra en la construcción de la casas.


  Manuel Carbajo fue teniente de la guardia civil. Ingresó en el cuerpo con el tiempo justo para ser destinado a Cuba, en el nefasto año de 1898. Cuentan que cayó prisionero de los insurrectos y que su familia tuvo que trabajar muy duro para poder traerlo de regreso. Se sabe que tuvo otros destinos en la península antes de volver a establecerse en Sanabria, posiblemente en la segunda década del S.XX.


  Don Manuel llegó con ideas innovadoras y le costó entender que en Sanabria todo siguiera igual. Cuando fue nombrado alcalde decidió que lo más prioritario era mejorar las condiciones de vida en los pueblos y que para ello sólo contaba con dos herramientas: la mano de obra y la sabiduría de los propios vecinos. Pero tenía que convencerlos de que aportasen días de trabajo para la comunidad y esto, que parece fácil, no lo fue: se convocaron plenos para tratar de llegar a un consenso, pero aunque todos estaban de acuerdo en que lo propuesto era necesario, no pudo alcanzarse el acuerdo.


  Don Manuel fijó entonces una multa para los que no acudiesen a los trabajos comunales. Sólo así pudo llevar adelante la construcción del cementerio, de fuentes y pilones para lavar la ropa – cinco de ellas en Triufé – y de la escuela, su proyecto más querido. Él quiso  que hombres y mujeres recibieran igual formación, pues, hasta entonces, si venía algún maestro por estos lares sólo los hombres asistían a sus clases. A las mujeres les daba clase el abuelo de la niña y todas aprendieron, por lo menos, a escribir cartas, para poder comunicarse  cuando sus maridos o hijos se iban a trabajar fuera. La única que no quiso aprender fue precisamente su abuela y después, cuando su abuelo murió joven, ella lamentó no haber aprendido y cuando su hijo se fue a la guerra tenía que pedir que le escribieran y leyeran las cartas.


  Todas las construcciones se realizaron por igual en los pueblos del Ayuntamiento y tienen un estilo diferente al que se solía utilizar por aquí. Sobre 1930 ya estaba todo construido.

  La niña que no debió ser no sabe la cuantía de la sanción impuesta a los que no acudían a la obra comunal, pero sabe que es una herida que aún escuece - hay que recordar que algunos vecinos con su cuadrilla construían casas y tenían compromisos adquiridos. Hace algún tiempo se elevó una propuesta para hacer un homenaje a este alcalde y colocar una placa en algún sitio, pero hubo quien se negó pues después de tanto tiempo aquellas viejas multas seguían presentes en su memoria. Puede haber quien considere un dictador a Don Manuel, pero la mayoría de los vecinos reconocen hoy que el pueblo mejoró mucho gracias a aquellos días de concejo – la única forma de sobrevivir frente al desamparo institucional.


  Por todo esto y más cosas que se contarán, La niña que no debió ser admira a este hombre y cuando va al cementerio se detiene ante su tumba, lee su nombre y dice: “Bendito tú que mejoraste la vida de nuestra gente”. A su sepultura nadie lleva flores, pues su familia se fue lejos; pero no las necesita, pues todos los que le recuerdan tienen un hueco para él en su corazón y nuestra tierra siempre ofrece flores para gente como él.

   (  La niña que no debió ser - II ) a través de Inés Camaro.



Notas:

1. Robleda-Cervantes es un municipio y localidad de la comarca de Sanabria, en la provincia de Zamora, Castilla y León, España. Cabeza de ayuntamiento, pertenece a la jurisdicción de Puebla de Sanabria. En el municipio se encuentran las localidades de: Cervantes, Ferreros, Paramio, Robleda, Sampil, San Juan de la Cuesta, Triufé y Valdespino, así como tres pequeños núcleos urbanos: La Gafa (en las afueras de El Puente), Chaguaceda (incluido en Robleda y actualmente desploblado) y Lagarejos (incluido en Valdespino). Hasta 1978, pertenecía a este ayuntamiento Robleda el pueblo de Castellanos, fecha en la que se desanexionó y pasó a formar parte del ayuntamiento de Puebla de Sanabria. (wikipedia)(mapa)

2. El Concejo sanabrés, en su doble acepción de órgano asambleario para la toma de decisiones y también como jornadas de trabajo comunales, es una institución con orígenes en el Reino de León medieval, aunque otros autores lo remontan al derecho germánico de los visigodos. Todavía continúa en vigor, pese a encontrarse muy disminuido por el poder de los ayuntamientos y la despoblación. Juan Manuel Rodríguez Iglesias le dedica una muy completa entrada – como es habitual – en su blog Lenguajesculturales's

2 ene. 2013

Aguas Termales (actualizado)


"En la region central del N. se hallan estas aguas [Calabor], declaradas de utilidad pública á fines de 1887, pero no permitiéndose su explotación hasta que se construya el establecimiento en proyecto. Son aguas sulfurosas-sódicas frias, en el partido judicial de Puebla de Sanabria, de condiciones muy análogas á las de Bouzas. Hay dos manantiales, llamado uno de ellos el de los Portugueses, y ambos baños están muy concurridos de gentes poco acomodadas. El Anuario oficial correspondiente á 1887, se limita á hacer mención de estas aguas, ofreciendo ocuparse detenidamente de ellas cuando se autorice la apertura al servicio público del establecimiento que se halla en proyecto."
Aguas minero-medicinales de España, y algunas de las más importantes del extranjero y Ultramar, 1889

"Pero fue a partir de finales del siglo XVIII cuando el Balneario de Calabor floreció y se amplió con la construcción de una edificación para los enfermos más graves, con dos amplias zonas de baño, una para hombres y otra para mujeres, donde había que guardar turno para entrar en las bañeras que en aquel entonces se calentaban a base de pucheros en la hoguera.
Ya entrados en el siglo XIX, y debido a la virtud curativa de las aguas de Calabor, este edificio se agrandó y reformó en base a un proyecto de Pascual Cañibano, para poder albergar a los bañistas más adinerados y asegurarles todas las comodidades existentes en aquélla época; así por ejemplo se construyó una carretera exclusiva que comunicara la aldea de Calabor, situada a 2Km con el Balneario, y se instaló una máquina de vapor que permitía disponer en todo el edificio de calefacción central y caldera de agua caliente. En esta época constan repetidas visitas de personajes tan insignes como la emperatriz Eugenia de Montijo y el marqués de Benavente.
Este caserón pertenecía al pueblo y era éste el que arrendaba su explotación, hasta que de común acuerdo a principios del siglo XX se procedió a su venta a un grupo de empresarios de Zamora y Madrid.

Fue en este siglo cuando el Ministerio de la Gobernación, durante la 1ª etapa de la Restauración en España, mediante una Real Orden emitida el 14 de diciembre de 1887 declara de utilidad pública el Agua de Calabor y en 1928, se reconocen de manera oficial sus propiedades Minero-Medicinales. Una vez privatizado, el destino del Balneario fue pasando de mano en mano, hasta que un desgraciado incendio destruyó este recuerdo del pasado en los años 60, dando paso a la nueva era que verían las aguas medicinales.
A raiz del infortunio, un ilustre vecino del lugar compró la propiedad y pensó en hacer llegar las riquezas curativas del agua a tantos lugares como fuera posible. Así surgió la idea de la planta embotelladora, a principios de los 70."

[A día de hoy la planta sigue embotellando la muy apreciada Agua de Calabor y está en marcha un proyecto para relanzar el Balneario]


"En la region central del N., entre las sierras Negra y Segundera, al S. del lago délos Condes de Benavente [sic], término de Riva del Lago, Ayuntamiento de Galende, partido judicial de Puebla de Sanabria, se halla este establecimiento [Bouzas], á 12 kilómetros de la cabeza del partido y á 120 de Zamora; á los 42° 8' 30" de latitud N., y 3o, 2' 35" de longitud O. del meridiano de Madrid, y á 800 metros sobre el nivel del mar. Hay tres manantiales: el del Peñón, único que se explota, sobre el que está construido el establecimiento; otro llamado Fuente del Escalón, á 400 metros al O., y otro más escaso, conocido con el nombre de Fuente del Arenal, á 300 metros y al S. O. del anterior. Todos brotan en terreno siluriano. El del Peñón da 15 litros por minuto. Los demás están sin aflorar. Su temperatura en los tres manantiales es de 15°, y la densidad 1.0002. [...]

Pertenecen estas aguas á las sulfurado-sódicas-frias. La mayoría de los pocos enfermos que acuden á este establecimiento padecen de herpetismo, escrofulismo y algunos de reumatismo. También se mencionan buenos resultados en neuralgias, sífilis secundaria y terciaria y en la pelagra.  Su especialidad terapéutica parece corresponder á las herpétides húmedas y catarros herpéticos y escrofulosos. 

Es un malísimo establecimiento, que debiera estar cerrado al público. Su instalación puede decirse que es nula, siendo muy incómoda la estancia para los bañistas. La concurrencia de personas acomodadas suele ser de unas 100 en cada temporada oficial, acudiendo bastantes pobres de la comarca. Está abierto al público desde el 20 de Junio al 20 de Septiembre. El viaje se hace por ferrocarril hasta Zamora, y por carretera desde esta ciudad á Puebla de Sanabria, habiendo desde aquí al establecimiento un malísimo camino de herradura. Es actualmente su propietario D. Fidel Ramos."
Aguas minero-medicinales de España, y algunas de las más importantes del extranjero y Ultramar, 1889
 [La casa de Baños/Balneario como tal lleva cerrada unas cuantas décadas. Después se han intentado diversas iniciativas hosteleras, pero su situación en la misma orilla del Lago hace su reapertura, hoy por hoy, legislativamente improbable]


"En este pueblo [Cobreros] se cuentan hasta siete fuentes de buenas aguas, entre las que existen dos sulfuradas y muy parecidas a las de Bouzas en Ribadelago. Una de ellas que se conoce vulgarmente con el nombre de Fuente Cheirona, á cuyo alrededor se ha practicado un primitivo revestimiento de piedra, es tan abundante que da origen á un arroyuelo de consideración. Se halla situada á unos siete kilómetros al S. del Lago de Sanabria y á tres y medio al N. de la Carretera de Zamora á Orense. Su temperatura ignoramos si es constante, aunque de todos modos es poco elevada.

Solo la emplean algunos enfermos de la localidad y de las más inmediatas y, á lo que parece, con excelentes resultados, por lo que entendemos que merecía hacerse un examen detenido del caudal y composición de esta fuente que con una investigación minuciosa pudiera ser causa de una explotación en la que parece nunca se ha pensado."
Felipe Olmedo y Rodríguez: La provincia de Zamora : guía geográfica, histórica y estadística de la misma - 1905

[La explotación comercial de estas aguas - incluida la Casa que ya hemos visitado - finalizó aproximadamente en 1942. Todos los esfuerzos posteriores por volver a ponerla en funcionamiento han fracasado hasta ahora. Cada vez parece más dificil]


Calabor: Fotos 2 y 3 
Bouzas: Fotos 4, 5 y 6 
Cobreros: Fotos 1, 7, 8 y 9

 Situación:
A) Bouzas
B) Cobreros
C) Santa Colomba (otro manantial de aguas sulfurosas)
D) Calabor

[Hay quién defiende que los cuatro manantiales se nutren de un mismo acuifero]