10 dic. 2013

El Pozo del Prado del Boticario, por Inés Camaro

Nuestra común amiga - y ya colaboradora habitual - Inés Camaro ha continuado su investigación sobre la familia de D. Manuel Carbajo. Les dejo directamente con la historia:


    Quizás no eran más que unos matasiete de tres al cuarto, de esos a los que sólo el vino les da valor suficiente para acometer sus fechorías. Dicen que estuvieron en la Venta de Manzanal, jugando a las cartas y haciendo correr el jarro hasta que se les acabó el dinero y el dueño los puso en la calle con cajas destempladas. Caía ya la noche. En la Villacastín Vigo intentaron atracar a unos caminantes, pero el botín que reunieron fue tan escaso que sólo sirvió para azuzar sus ínfulas de valentones.

    Al poco de seguir la carretera divisaron a su derecha una casa de buen porte en medio de un prado, algo alejada del barrio más cercano. Pensaron que aquel sí sería un golpe fácil – y provechoso. Se fueron por ella.

    Y antes de cruzar la cerca, desde la ventana más alta una voz imponente les dio el alto y sonaron cuatro disparos. Una mujer pidió auxilio desde la parte trasera. Enseguida se encendieron luces en el barrio cercano. Alguien tocó la campana de la iglesia. Un grupo de vecinos, unos a medio vestir y otros sólo en camisa, se echaron a la calle con tornaderas y fachones ardiendo. Dicen que los matasiete no pararon de correr hasta más allá de Las Portillas.


    El hombre que desde la ventana realizó los disparos al aire era el teniente de la guardia civil D. Manuel Carbajo; la casa en medio del prado, la que él construyó para vivir en Triufé junto a su familia. Esa noche comprendió que podía contar con sus vecinos para lo que necesitase de ellos. Corría el primer tercio del S.XX.

    Como ya he contado, Don Manuel fue destinado a Cuba poco antes de la pérdida de ésta y estuvo preso. A su regreso conoció a Maria Oterino Sotillo, vecina de Triufé, y en 1900 se casó con ella en la iglesia de San Lázaro, en Zamora. El 13 de Diciembre de 1903 nació su primera hija, Lucía, que apenas dos años después murió de anginas, en el puesto Martínez de Avila, cercano a la Sierra de Gredos. El 10 de Enero de 1906 nació su hija Rosario en Tábara (Zamora) y el 6 de Mayo de 1908, también en Tábara, el primer varón: Manuel Alfonso, uno de los protagonistas de nuestra historia.

    Pero todavía la familia tuvo que pasar por otra dolorosa pérdida: el 30 de Enero de 1909, en la casa cuartel de Manganeses de la Lampreana, falleció su esposa María. D. Manuel quedó viudo con una niña de 3 años y un niño de 8 meses. Difícil situación. Maria Cruz Oterino, la hermana pequeña de la fallecida, se trasladó junto a ellos para ocuparse de los niños. Y no tardó en surgir algo más, porque el 9 de Septiembre de 1909,  la nueva pareja contrae matrimonio en la misma Iglesia de Manganeses.


    Maria Cruz le dió su primera hija, Victorina, el 11 de Marzo de 1911, y el 10 de Agosto de 1913 nació Luís, el otro protagonista de esta historia. La familia estaba destinada entonces en Villardeciervos.

    María era Triufé, María era Sanabria, y creo que fue ella quién pidió el regreso a Triufé; pero el pueblo tenía que sufrir una transformación para que poder convertirse en el ideal, en el sueño de alguien, y D. Manuel emprendió con ganas el cambio que ya he contado en otra entrada.

    La casa se empezó a construir en los primeros años 20, pues a su llegada residieron antes en otra, propiedad de la familia de María, que resultaba muy pequeña para los cuatro hijos y el matrimonio. El lugar elegido fue el Prado del Boticario, con una situación magnífica pese a quedar un poco apartado.


    Desde el primer momento, los hijos varones se habían incorporado a la escuela de Triufé, que entonces era sólo para hombres. Las niñas debieron esperar hasta que entró en funcionamiento la nueva escuela mixta. Como tantos otros padres, la ilusión de D. Manuel era dar a los chicos estudios superiores, enviarlos a alguna academia militar para que siguieran sus pasos o alcanzaran mayor graduación; pero al cumplir los catorce años, Manuel, el hijo, se negó a seguir estudiando. El padre pensó que la forma de hacerle cambiar de idea era enseñarle lo que es un trabajo duro, y lo mandó a picar piedra en la cantera que les surtía para la casa. No contento con ello, también le colocó de aprendiz de carpintero en Paramio – probablemente con el maestro al que encargaron las puertas y ventanas. Entre tanto, Luís también terminó la escuela y tampoco quiso continuar los estudios, con lo que igualmente se incorporó a la obra.

    Cuando se acabó la construcción de la casa, D. Manuel preguntó a sus hijos si habían cambiado de parecer, pero ellos seguían en sus trece: de estudiar, nada de nada. Entonces D. Manuel subió la apuesta: tenían que construir un pozo.

    La nueva casa tenía mucho terreno donde hacerlo, era una gran finca llena de buenos árboles: nogales, manzanos, ciruelos, perales... todos ellos con buena sombra. Pero D. Manuel decidió que no habría de hacerse allí, si no en otra finca, a unos ciento cincuenta metros de la casa, donde no había sombras y, si algún día sacaban agua, tendrían que pedir permisos para llevar el agua hasta la casa. Y allí comenzaron Manuel y Luís a picar con pico y pala, que en aquellos tiempos era el modo de realizar ese trabajo. Cuando fueran profundizando algunos metros y ya no pudiesen tirar fuera la tierra con la pala, pondrían unos palos como soporte para colgar una roldana y con un cubo y una soga sacarían la tierra poco a poco. Con sólo un metro hubieran podido plantarse y decir a su padre que estaban dispuestos a complacerle aceptando su propuesta de ir a la academia, pero no fue así y siguieron picando. Las chicas les traerían agua de alguna fuente con el botijo para calmar la sed. Además de tierra, encontrarían piedra y tendrían que poner algún barreno para traspasarla.


    Mas de ocho metros tiene el pozo: no parece mucho, pero, para hacerlo con esos medios, es una barbaridad. Imagino sus manos llenas de llagas por el roce de los mangos de las herramientas y el roce de la soga al subir la tierra con el cubo, todo su cuerpo dolorido por el esfuerzo. Y, tal vez, un poco de amargura en el alma. Seguro que cuando sonaban los cohetes y las campanas repicaban por la fiesta de algún pueblo, a ellos no les quedarían fuerzas para ir y caerían rendidos al terminar el día. Y si alguna vez se acercaron un rato al baile de cualquier pueblo, seguro que por la mañana a la hora señalada tendrían que estar en el pozo picando, pues conociendo a D. Manuel seguro que les diría: “El que vale para ir de fiesta, también vale para trabajar” También tendrían que ayudar en las tareas de la siembra, la siega y la maja de la cosecha, que en aquellos tiempos aún se hacía a manal, y la siega de la hierba de los prados y la recogida de la fruta y las patatas y, como no, la matanza del cerdo. Los trabajos habituales cada temporada. La construcción del pozo les llevó mucho tiempo; pero, si no se rindieron en el primer metro, después ya era cuestión de amor propio.

    Por fin salió suficiente agua al encontrar una vía y se decidió no continuar más, entonces volvieron a la cantera a extraer piedra para antivar el pozo. Esa tarea la hicieron los profesionales de la construcción. Para cuando remataron el pozo los chicos ya habían comprendido que la vida que les esperaba en el pueblo era muy dura. Para entonces las niñas Rosario y Vitorina habían terminado en la escuela. D.Manuel no había previsto para ellas estudios superiores, porque tampoco podía permitirse pagar la carrera a los cuatro. Pero Dª Maria dijo que, si era necesario, vendería todas sus propiedades para que ellas tuvieran las mismas oportunidades.

    Y las niñas se fueron a estudiar. Rosario estudió farmacia y ejerció su profesión en el pueblo cercano de Mombuey. Victorina estudió Magisterio. En Febrero de 1928, Manuel partió para el Establecimiento industrial de Ingenieros de Guadalajara y en noviembre del mismo año Luis ingresó en el colegio de Guardias Jóvenes.

    Con el tiempo, Luis y Manuel alcanzaron cargos de alta responsabilidad en Vigo y Coruña, uno en la Policía y otro en las Aduanas Portuarias, ambos con el grado de capitán. Eran como su padre: rectos, honestos, inamovibles en lo que consideraban de justicia. Se dice que en muchas ocasiones trataron de sobornarlos para que hicieran la vista gorda ante la llegada de algún cargamento del que algo no se quería declarar; pero, por muy abultado que fuera el sobre, ellos les contestaban que si pensaban llevar a cabo semejante acción, pusieran cuidado de que ellos no los vieran, porque de ser así iban "p´alante". Supongo que esta actitud suya les haría crearse enemigos, pero eso no hizo variar ni un ápice su integridad moral.

    D.Manuel murió en Diciembre de 1937. Ese día llegaron a Triufé gentes de muchos lugares y se preguntaban entre ellos qué sería lo que había llevado a algunos hombres de mundo a terminar sus años en Sanabria. ¿Quién sabe? Tal vez el amor, tal vez esta tierra,  que te atrapa ¡¡Quizás!!


    Victorina murió joven. Su hija Carmina y dos gemelos más, acompañados por una nodriza, pasaron un tiempo en el pueblo, pero los gemelos también fallecieron y la incompatibilidad de caracteres entre abuela y nieta obligó a la niña a regresar con su padre. Dª. María murió en 1962, también en diciembre, a los 72 años de edad - su marido le llevaba 17 años. Dª. María vivió en esa casa veinticinco años sola. Algunas mujeres del pueblo me han contado como, cuando eran jovencitas, alguna noche iban a dormir a la casa para que ella no estuviera sola. Su hija Rosario, farmacéutica en el pueblo de Mombuey, alguna vez se la llevó con su familia, pero a Dª Maria no le gustaba estar en una casa con "servicio"... Decía que allí mandaban todos menos su hija y que eso no iba con ella. ¡¡Tenía bastante carácter!! Yo creo que el vivir sola se lo acentuó más.


    Cuando era niña, mi madre me mandaba a llevarle alimentos de nuestra pequeña tienda, y tengo bonitos recuerdos de mi estancia en aquella cocina al amor de la lumbre, cuando Dª María me mostraba una estampa del Buen Pastor que sacaba de debajo de la toquilla, al lado del corazón, y me decía: "Mira que guapa es mi Carminica", esto ya era en sus últimos años. Me gustaba el olor a manzanas y harina que había en la casa, y ella siempre nos daba caramelos - Si la encontraba en cama mamá bajaba a asearla. Mamá nos dijo que siempre que pasáramos por su puerta le preguntásemos cómo estaba, creo que todos nos preocupábamos por ella. También estaba un hombre llamado Manuel "el portugués", que por encargo de sus hijos le segaba la hierba de los prados y le hacía algunos trabajos. Fue Manuel el que un día se la encontró muerta. 


    Yo era pequeña y no entendía porqué D. Manuel había obligado a sus hijos a hacer esos trabajos tan duros. En aquel tiempo, los maestros y padres decían que “la letra con sangre entra”, pero D. Manuel utilizó este método para convencerlos -" El trabajo duro" - Entonces la autoridad de los padres era incuestionable, y a ningún hijo se le ocurría pensar en irse de casa. Con el tiempo yo he comprendido que, cuando somos jóvenes, solemos pensar que ya lo sabemos todo, y no es así: a esa edad la firmeza de los padres es necesaria, pues ellos por su experiencia saben que pasamos toda la vida aprendiendo y aún así muy poco es lo que aprendemos. Discrepo si a veces los medios que se utilizan para convencer son justos. Lo que Manuel y Luís hicieron se convirtió en un reto para todos los que somos de Triufé, pues siempre que nos asignaban una tarea difícil de realizar, alguien venía a decirte: "Si tuvieras que hacer un pozo como los hijos del teniente, sabrías lo que es trabajar". Esto nos llevó a estar siempre intentando superar ese reto. Por eso yo digo que ese fue el pozo que todos hicimos de una manera u otra. Y el pozo sólo fue un medio para un fin. Allí se forjó el carácter de aquellos jóvenes, de los que su padre llegó a sentirse orgulloso.

   
    Algunas veces, cuando miro la casa y el pozo, pienso lo que supuso de esfuerzo y sacrificio para ellos; no sé si no será por eso que volvieron poco por el pueblo. O tal vez es que cuando echas raíces en otro lugar es difícil volver.

    Al morir Dª Maria la casa se la quedó Luís, acordando una cantidad a compensar con sus hermanos. La reparó un poco y a ella venia con sus hijos en los veranos. Un calendario de 1985 que pude ver en una visita reciente me hace pensar que ese fue el último año que vinieron.


    Cuando era niña soñaba con encontrar una lámpara maravillosa a la que le pediría un único deseo: que aquella casa volviera a tener vida, niños corriendo por el prado, algunas ovejas con sus corderillos diseminadas aquí y allá, las gallinas escarbando bajo los nogales y la cabra saltando por las paredes, las cuerdas llenas de ropa secándose al sol y el humo saliendo por la chimenea. Esa era la casa de los sueños de Manuel y Maria y, de algún modo, de los míos - pero es que yo soy una soñadora, y en la vida hay dos clases de personas: unos son los que crean sueños y otros cuentan dinero persiguiendo sus sueños.

La niña que no debió ser III - de Inés Camaro Sánchez.

P.D. Mi agradecimiento a Víctor López, Julián, Juno, Delfina Sotillo Sotillo, Marcelino, Antonia y Áurea Ramos Losada. Y, sobre todo, a Manuel Ramón Carbajo, Emilio Jose, Maria Cristina y Ana Marta, sin cuya ayuda este relato no habría sido posible.




      
         
         

30 nov. 2013

Días de frío


Aquí donde la ven, esta humilde chabola tiene una gran importancia para la Sanabria Central, y más en estos días en los que avanza el invierno: gracias a ella salimos una vez sí y otra también en los telediarios - y todos sabemos que no existes si no sales en la tele o en la primera página del Google. ¿No lo ven claro? Acerquémonos un poco más.


Sí, amigos: ésta es la célebre Estación Metereológica Puebla de Sanabria, donde a menudo se registran las temperaturas mínimas de toda España. Está localizada en las coordenadas 42° 4' 56'' N 6° 38' 24'' O; es decir, en el término municipal de Robleda-Cervantes - muy cerca de El Puente - a 935m de altura, en la umbría de una pequeña colina que recibe todo el relente del río Tera. No es el lugar ideal para montar un picnic, salvo en pleno verano y a ser posible, a mediodía.


En el momento en que se tomaron estas imágenes, la estación registraba unos confortables - 4,8ºC. Bastante mejor de los -9,7ºC de dos días antes, cuando pasé delante de ella y no la reconocí, aunque ya la estaba buscando. O de los -9,8ºC del día siguiente.




Los Vigilantes
El Anemómetro, listo para resistir cualquier ventisca


6 nov. 2013

Un paseo de 270 años: La Puebla, 1741-2013

Durante el S.XVIII, después de la ocupación portuguesa y antes de la francesa, la monarquía española se preocupó, al menos, de conocer el estado de las defensas de Puebla de Sanabria. Varios miembros del cuerpo de Ingenieros del ejercito visitaron la Villa desde 1724 hasta 1800, realizando misiones de inspección y cartografía. Hoy vamos a seguir los pasos de uno de ellos. ¿Se vienen con nosotros?

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"Plano de la Plaza de la Puebla de Sanabria. Que sirve para demostrar los jardines y sembrados del contorno de sus fortificaciônes, y entrellos el Dn. Pablo Gonzales vezino de dha Plaza que ha labrado desde el Parapeto del camino cub.to en toda la extencion del Glacis contralo prevenido en las Rs. ordenanzas, z en 2. ordenes de la corte de 24 de marzo de 1738. z.20 de febrero de 1741. afin devigilar en ello; Ciudad Rodrigo a 7.de D.bre 1743. Dn Pedro moreau"


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1.Castillo antiguo cuyo torreon sirve de almazen de artilleria 
2.alojamiento del Govern.or


Tras una larga y agitada existencia, el Castillo se gana hoy la vida honradamente como Casa de Cultura, Biblioteca, Oficina de Turismo, Sala de Exposiciones... Está abierto al público.



3.Reducto 
El Fuerte de San Carlos. Vista desde el foso 


4.Baluarte de Sn. Matheo,
Debió estar por aquí, cerca de la carretera que hoy baja al Camping Municipal


5.Baluarte del chambergo
Quizás se situó en la esquina donde hoy está La Caixa y el H. Carlos V. Antes de la glorieta de Calabor y Ungilde.


6.Puerta del arrabal


7.Puerta de Sn. francisco.
Se entraba más o menos por las escaleras que salen enfrente del bar Buenos Aires. La garita de la foto es moderna.


8.Baluarte de Sn. Juan
La plazuela también es moderna.


9.Puerta del medio


10.Baluarte nuevo que hizieron los Portugueses
Impresionante en su altura sobre el Tera

 

11.Baluarte del Rastrillo;
En algún lugar de la Plaza de Armas. Quizás tras el Restaurante o en el solar que ocupa el antiguo cine.


12.Baluarte de mosabixto;
Mi localización más dudosa. Tal vez estuviese más al oeste, un "escalón" por debajo en la colina.


13.Puerta de Sanabria
Durante siglos fue la entrada principal de la Villa. Tras cruzarla, la vista no sería muy diferente a la actual.


14.Tenaza
La única de las antiguas puertas que conserva restos reconocibles a primera vista. Probablemente estuvo abovedada. Seguro que todos los visitantes ocasionales de Puebla la conocen.
¿O no?



15.Jardines al pie del es(...) canpam.to de las fortificaciônes, que por su gran altura de penâscos [ver punto 2] no hazen perjuicio alg.o â la fortificación y son de grande alivio a la Guarnicion
Creo que Moreau se refiere a huertos más que a jardines como hoy los entendemos. Marca así varios puntos a la orilla del Tera: la mayoría se han convertido en espléndido bosque de ribera.


16.Jardines y sembrados de Dn. Pablo Gonzales desde el Parapeto del cam.o cubierto...
Sin embargo, los "ilegales" de maese Pablo han sobrevivido bastante mejor hasta nuestros días. El ingeniero los marca desde la izquierda de esta foto hasta los pies del punto 5.


Nota: Algunas de estas localizaciones pueden no ser exactas: como siempre, todas las opiniones serán bienvenidas.

Pd. Espero no revelar ningún secreto:  Una fuente muy bien informada me ha contado que el Castillo de Puebla prepara una exposición sobre la cartografía de Pedro Moreau y los otros ingenieros militares del S.XVIII. ¡Para no perdersela cuando llegue el momento!

PD.2 Debo excusarme por mi escasa presencia en el mundillo durante los últimos días: como la mayoría de ustedes, mantengo varios frentes abiertos y el tiempo parece contraerse. Me iré poniendo al día con la mayor brevedad.


29 oct. 2013

Un asunto de amor


Ésta que ustedes ven es la iglesia parroquial de Puebla de Sanabria, Nuestra Señora del Azogue. Sus orígenes se remontan al siglo XII: imaginen la cantidad de ceremonias que han cobijado sus antiguas piedras. Hoy, entre tantas, centraremos nuestra atención en una boda de mediados del S.XIX.


En lo alto de la torre las campanas repican en honor del nuevo matrimonio. Los invitados, gente de copete, se ven entremezclados con los paisanos de la Villa y sus alrededores, que abarrotan la plaza en espera de la granada que ha de ofrecer el padrino. Por fin, bajo los soportales de la iglesia, hacen su aparición los novios, ya marido y mujer ante los ojos de Dios y de los hombres. Ella es una niña de apenas quince años cumplidos, vestida de un blanco tan inmaculado como la palidez que pinta sus mejillas; él, un gallardo oficial que la dobla en edad, parece sentirse perdido ante los vítores de la multitud.


Pero ¡Hola! ¿Qué alboroto es éste? Por el extremo contrario de la plaza, venido de la calle que sube desde la puerta vieja, un carruaje sin señas se abre paso a punta de látigo entre las protestas del gentío. Ha llegado ante los recién casados, se abre una de las puertas y ¡la novia salta dentro! Los caballos inician una carrera suicida por la Costanilla abajo. El padrino, también militar, desenfunda su sable de gala y corre tras los raptores, pero a los pocos metros su avanzada edad le hace rodar sobre los adoquines. Todo ha sucedido en un suspiro y los asistentes se preguntan unos a otros, incapaces de reaccionar. El marido ha contemplado la escena en absoluta inmovilidad: como si supiese de una catástrofe anunciada y, aún así, no pudiera plantarle cara.



Ésta de la fotografía es, hoy, la Posada Real La Pascasia; en las fechas que nos ocupan era una casa de hospedaje en la que estableció su residencia un joven y ambicioso ingeniero riojano, destinado desde poco tiempo atrás en la Jefatura de Obras Públicas de Zamora y con el encargo de dirigir las obras de la carretera Villacastín-Vigo. Aquí en Puebla se enamoró a primera vista – y fue correspondido – de la señorita Ángela Vidal Herrero; mas Pedro, el padre, un militar carlistón muy chapado a la antigua, no aprobó esos amores y preparó a toda prisa el matrimonio de Ángela con uno de sus subordinados, Nicolás Abad, hombre acostumbrado a cumplir órdenes sin rechistar. Ni la hija ni el ingeniero, que además tenía aspiraciones de revolucionario, podían permitir semejante componenda y entre los dos organizaron el espectacular rapto.

Ángela Vidal (Hemeroteca La Opinión)

En 1854 la pareja se trasladó a Madrid. El revolucionario había sido elegido diputado en las Cortes Constituyentes y ése fue el inicio de una carrera política que le acabó llevando, nada menos, a la presidencia del Consejo de Ministros. Cuentan las lenguas viperinas que una de sus primeras medidas como gobernante fue ordenar los destinos más lejanos – e incómodos – para Pedro Vidal y Nicolás Abad, pues la venganza es un plato que se debe comer frío.


Nuestra pareja de raptores ya nunca se separó: incluso en 1885, un mes después de la muerte de Nicolás, pudieron contraer matrimonio cuando ambos rondaban los 60 años. Ángela falleció en 1897. Él, aquel ingeniero reconvertido en una de las más importantes figuras políticas del S.XIX, envejecido y enfermo terminó sus días la noche de Reyes de 1903. Se llamaba – algunos entre ustedes ya lo habrán adivinado -  Práxedes Mateo Sagasta.

Sagasta, caricatura de la época

La historia me la transmitió un viejo sanabrés de la emigración, orgulloso de sus raíces. Pero tiene un problema: en su mayor parte no es cierta. Sagasta se la contó a su biógrafo Natalio Rivas, localizando la boda en la iglesia de Santiago del Burgo, en Zamora capital, y el momento del rapto en pleno banquete nupcial. Tampoco era cierto

Investigadores actuales como Miguel Ángel Mateos o Alberto José Llamas han logrado plasmar un retrato fidedigno de esta inusual relación. Nicolás Abad y Ángela Vidal se casaron en la capilla castrense del Batallón provincial de Salamanca el 4 de marzo de 1844 – cuatro años antes de la llegada de Sagasta a Zamora. Sí es cierto que la novia tenía quince años y que fue una boda organizada a toda prisa; posiblemente por un desliz prematrimonial... o la mera sospecha del mismo. Esta precipitación impidió a Nicolás solicitar el preceptivo permiso y fue castigado con destinos lejanos. El matrimonio no llegó a convivir y, según el testamento de Ángela, tampoco a consumarse. Pero la Iglesia nunca decretó su anulación y así se han hallado documentos notariales en los que ella requiere a su marido oficial competencias para administrar sus bienes privativos.

Santiago del Burgo

Pedro Vidal, el carlistón del cuento, era en realidad un acaudalado criollo que había decidido regresar a la tierra de sus antepasados. Simpatizante del Círculo Progresista de la capital, también hizo sus pinitos en política y ocupó el cargo de Teniente de Alcalde bajo el mandato de Ramón Luelmo. Sí es verídico el rechazo a la relación de nuestros protagonistas, pero no por motivos ideológicos sino morales: él siempre consideró válido el matrimonio con Nicolás y su ruptura un escándalo social. Murió antes de la elección de Sagasta como diputado. Durante su vida política, éste escogió a varios miembros de la familia Vidal para puestos de responsabilidad.

Y después del cúmulo de medias verdades y mitos desmantelados ¿Por qué traer la historia a un blog como Desde Sanabria? Pues, aparte de la especial vinculación de Sagasta con toda la provincia zamorana, uno de sus viveros de votos y donde quizás aprendió a desarrollar la técnica de, ejem, las negociaciones pre electorales; del tiempo que realmente pasó en Sanabria y Carballeda tanto en el estudio de los diferentes proyectos como en la dirección de la Villacastín-Vigo; de que, y esto parece contrastado, la antigua Pascasia mantuvo hasta su cierre una habitación conocida como “la del ministro”, la que fue su favorita para alojarse; aparte, decíamos, la culpa de esta entrada la tiene un niño nacido en la Puebla el 28 de marzo de 1851. Su madre fue, naturalmente, Ángela Vidal y dio a luz en una casa propiedad de la familia. El niño recibió el bautismo dos días después en Santo Tirso, la iglesia parroquial de Cervantes, y su padrino fue un vecino de dicha aldea: José Prada.


La pila bautismal continúa a la derecha del altar de San Tirso

Una vez pasado el riesgo de una muerte prematura, Sagasta lo reconoció como su primogénito mediante escritura notarial:
 “[...] que a consecuencia del trato y las relaciones amorosas que ha mantenido con una señorita que no cree oportuno decir su nombre y apellido, tuvo un niño […] y con el objeto de que en todos los tiempos sea tenido por hijo suyo y no se le perjudique en sus derechos […] otorga que el referido niño, llamado José, es hijo suyo, lo reconoce y lo declara como tal”.
Sagasta y su hijo José (Hemeroteca La Opinión)

Fuentes: "Sagasta y Zamora", Alberto José Llamas IEZ Florián de Ocampo, 2009
"Por el amor de un liberal", Marisol López La Opinión de Zamora