18 dic. 2012

Sanabria, 1931: República de Trabajadores (y 2)

 (viene de aquí)


"Al otro lado del lago está la segunda aldea: Ribadelago. Aquí, los aldeanos no tienen que pagar el foro, pero no por ello pasan menos hambre. Aquí, hay todavía menos tierra. Unos  diminutos  sembrados  de  patatas,  que  tal  parecen  huertos  de  juguete.  Los moradores de estas aldeas comen patatas y habas. Procuran comer con medida, para no excederse.  Cabañas  como  gallineros,  barracones  oscuros  sin  ventanas.  Rara  vez encienden los candiles. El aceite resultaría demasiado caro. En cada guarida de éstas, viven seis, ocho, diez personas. Enfermos, ancianos, niños; todos revueltos. Antes había una escuela. Luego, trasladaron al maestro y se olvidaron de mandar otro. Y no notan su falta, pues es difícil tener ganas de estudiar con el estómago vacío. 
 
 En toda la aldea no hay más que una casa con chimenea, ventanas y hasta visillos en las ventanas. En esta casa vive el administrador de la señora de V... Sobre esta señora se podrían  componer  versos.  Antaño,  el  poeta  le  hubiese  cantado:  “¡Hermosa  eres, poderosa y rica...!”. Yo no sé si la señora de V... es hermosa. Sólo sé que es poderosa y rica. Es propietaria de varias casas de la Gran Vía de Madrid. También le pertenecen las aguas del  lago de San Martín de Castañeda.  Estas aguas,  suavemente plateadas,  que despiertan los sentimientos líricos y que, además, son ricas en pescado. La tierra no es de la señora de V...  A ella sólo le pertenece el  agua.  Cuando el  agua sube de nivel, crecen sus dominios. Es un rompecabezas jurídico, complicadísimo. Pero el abogado, que es casualmente el mismo caballero a quien los aldeanos del pueblo vecino pagan el foro, sabe desenredar muy listamente estas sutilezas. A la señora de V... le pertenece el agua con todos sus peces. El pescado del lago es excelente: magníficas truchas. Pero la señora de V...  no puede hacer  nada con estas truchas.  Los portes hasta Madrid son demasiado caros. Y la señora de V... puede pasarse perfectamente sin este pescado, pues un solo piso de uno de sus rascacielos madrileños le rinde mucho más que todo este poético lago.
 

El administrador de la señora de V...  pesca las truchas. A veces, las vende en Zamora o en los pueblos de los alrededores. Vende las truchas al abogado. Las que puede, se las come él mismo. Pero en el lago hay mucho pescado y los peces pueden pasearse a sus anchas, sin temor a nadie. El administrador del lago se construyó un precioso hotelito. Se convirtió en el  cacique del  pueblo. Fue hasta alcalde.  Vive espléndidamente.  Sus derechos están defendidos por los guardas. Los guardas tienen escopetas. Si un aldeano, muerto de hambre,  se atreve a pescar de noche,  le amenaza con una multa o con la cárcel. En España, a veces, saben hacer cumplir las leyes... Los aldeanos hambrientos pueden contemplar el  lago, admirar las truchas azuladas y asalmonadas,  admirarlas y conmoverse. Así pintaban el infierno los pintores de la primera época del Renacimiento. No falta detalle. Los pescadores se retuercen hambrientos y desesperados, mientras el diablo está sentado plácidamente en su casita, detrás de los visillos. Esta  mañana  llegó  a  la  aldea  un  médico  de  Zamora.  Es  un  hombre  bueno  y candoroso. Asiste gratuitamente a los aldeanos y hasta les ayuda de su bolsillo con cuanto puede. Antes, hacía propaganda aquí para la República. Creía firmemente que la República no se limitaría a trasladar al señor Alcalá Zamora de la cárcel al palacio real, sino que daría también de comer  a los campesinos de Ribadelago. Una mujer  alta, rodeada  de  críos,  le  para  en  la  calle.  Tiene  el  rostro  afilado  por  el  hambre  y  los sufrimientos.

¿Cómo es, don Francisco —le pregunta la mujeruca al médico—, que la República no ha llegado todavía hasta nosotros?

La ironía española es siempre seria.  La ironía literaria del  Arcipreste de Hita,  de Cervantes, no se diferencia gran cosa de la ironía de cualquier aldeano. Don Francisco calla.  Después de todo, ¿qué va a contestar? ¿Que la República es muy comodona? ¿Que le asusta el  viaje burro? ¿O confesar  que hace tiempo que la República llegó a estos lugares,  pero que se detuvo en casa del  administrador de la señora de V...[Villachica, Victoriana de],  que tutea al  abogado de Sanabria,  que entiende mucho de foros y de truchas y que no es sólo una República, una República como otra cualquiera, sino una República de trabajadores...?”
Ilya Erhenburg: España, República de Trabajadores. 1932


Notas 

  • Como en el caso de la Carta a Unamuno, el texto de Erhenburg puede ocultar motivos propagandísticos, pero no utiliza datos falsos: Alejandro Casona llegó a Sanabria tres años después al frente de una Misión Pedagógica y Social y su descripción de Ribadelago y San Martín es coincidente. En cuanto al tema del foro - me han contado que en determinados lugares se siguió pagando hasta la década de los 50 del S.XX - les recomiendo el artículo "Crónica de una frustación forestal", de Luis Ángel Sánchez Gómez: aunque centrado en la localidad zamorana de Abejera, las vicisitudes de los vecinos por librarse de los tributos señoriales, el esfuerzo por adquirir la propiedad de las tierras y la posterior expropiación por parte del estado les resultarán familiares a todos los sanabreses y carballeses.

  • Fotos extraídas del libro “El Lago de Sanabria, Sitio natural de Interés Nacional. Paisaje pintorescoJoaquín Aroca García, 1959.  Este opúsculo recoge una conferencia del mismo autor, entonces miembro de la Asociación Española de Escritores de Turismo, fundador de Los Amigos del Lago de Sanabria y Vocal Gestor Delegado de su Patronato Nacional, dictada en Madrid el 23 de enero de 1959; es decir: dos semanas después de la rotura de la presa de Vega de Tera. Las referencias a la tragedia son mínimas, muy escasas.

Fidel, alcalde pedáneo de Ribadelago en 1959

  • En este mismo libro encontré una reproducción de la dedicatoria que Unamuno dejó plasmada en el Libro de Visitas de la Hospedería de Bouzas, regentada entonces por los señores de Requejo. En ella, el viejo rector transcribe sus célebres versos sobre la comarca (San Martín de Castañeda, espejo de soledades...) y finaliza "En el Lago de San Martín de Castañeda, de Sanabria, oyendo el rumor de Valverde de Lucerna, sumergida bajo las aguas, el día 1º VI 1930"


  • Y ya que vuelve a salir Unamuno, aprovecho para compartir con ustedes el correo que me envió Alfredo tras la publicación de la entrada citada:
  • "El personaje de San Manuel Bueno martir fue sacado de un cura de Santa Cruz de Abranes, llamado Manuel Rodríguez Fernández. Unamuno estuvo en ese pueblo y conversó largamente con ese señor, cuyas creencias, problemas y contradiciones están vivamente reflejadas en la novela. El cura era tio abuelo de mi madre, quien fue testigo de esas conversaciones y falleció en San Román, de donde era oriundo, hacia el año 1951"
    ¿Qué les parece? ¿Cambiaría nuestra percepción de la novela el saber que Don Manuel pudo ser un personaje real?


11 dic. 2012

Sanabria, 1931: República de Trabajadores (1)


Recordarán ustedes a Ilya Erhenburg, el autor de la Carta a Unamuno que recuperamos hace unas semanas. En aquella entrada ya adelantábamos que el escritor soviético visitó Sanabria en 1931 y reflejó sus experiencias en el libro “España, República de trabajadores”. A nuestra comarca le dedicó un capítulo entero, precisamente el que da título a la obra. Esto es lo que contó:


La combinación de rosa y gris siempre nos conmueve. Acaso no sea más que un capricho del ojo. Acaso una interpretación subconsciente de lo que llamamos “vida”. El lago es ahora de un gris pálido, los montes de un rosa tierno. Esta región parece creada para las expansiones líricas. Aquí, la lengua española, viril y dura, se reblandece. Aquí puede  hablarse  de  amor,  sin  espantar  a  los  pájaros  y  al  silencio  con  las  ásperas consonantes.  Aquí,  las  mozas  cantan  fados  tristes  y  suaves.  Más  allá  de  aquella montaña, es ya Galicia, con su verdor lavado por las lluvias y sus pastores predispuestos a la poesía. Las orillas del lago están silenciosas y deshabitadas. La vista distingue, con alguna dificultad, algunas cabañas sobre los collados. En el lago pululan peces, sobre el lago revolotean pájaros.  Así  solían pintar  el  paraíso los primeros renacentistas.  Sólo faltan las rizadas ovejas y los justos. No cabe duda, aquí la gente tiene que ser feliz. Por aquí pasó Unamuno. Escribió unas estrofas inspiradas.  El camino llega hasta el lago. Una  posada,  tortilla  y  truchas  del  lago.  Un  álbum  para  los  visitantes.  Una  cosa intermedia entre un balneario y el edén. La carretera transitable no pasa de aquí. Una senda, un burro. Dos aldeas: San Martín de Castañeda y Ribadelago. Nadie va hasta ellas. ¿Para qué van a ir? Allí no hay nada que comprar, ni nada que vender. Un rincón pintoresco y la miseria maldita. Y en España ni una cosa ni otra son excepcionales.


Sin embargo. San Martín puede vanagloriarse de sus bellezas artísticas.  Entre las míseras  cabañas  se  levantan  las  ruinas  de  un  convento.  Columnas  románicas...  Un nicho... Un ventanal... Hace cien años que los sabios monjes abandonaron el convento. Se dieron cuenta de que el hombre no puede vivir sólo de lo bello y se trasladaron a lugares  menos  poéticos,  pero  más  lucrativos.  Los  aldeanos  no  se  marcharon.  Los aldeanos  se  quedaron  al  lado de las  ruinas  románicas.  Pero  el  monasterio no dejó solamente el rastro de las piedras inofensivas. Dejó también la vieja maldición: el foro. Antiguamente los aldeanos pagaban todos los años un tributo al convento. Los frailes, al mudarse, vendieron este derecho a un señor completamente mundano. Ni más ni menos que se venden los muebles en una mudanza. Los frailes vendieron el foro, es decir, el derecho a desvalijar  anualmente  a los aldeanos.  Esto sucedía en el  año 1845. Han pasado casi  cien años. 


Muy lejos de aquí,  en Madrid, se sucedieron los gobiernos y cambiaron los colores de la bandera. Vino la Primera República. Subieron al poder los liberales; tras ellos, los conservadores. En las elecciones, salían triunfantes los distintos partidos. Algunos osados tiraban bombas. Algunos valientes se sometían al suplicio de la horca.  El  rey distribuía concesiones  a los americanos.  El  rey hacía viajes  a San Sebastián, el rey se divertía...


Luego, destronaron al rey. El señor Alcalá Zamora pasó unos días en la cárcel. El señor Alcalá Zamora se instaló en el palacio de Oriente. Pero todo esto pasaba muy lejos de aquí, en Madrid. Para venir de Madrid hasta aquí, hay que montar primero en un rápido hasta Medina del Campo; luego, en un correo hasta Zamora; luego, en autobús hasta Puebla de Sanabria; luego, en coche de mulas hasta el lago; luego, en burro, si es que lo hay... ¡Qué lejos está Madrid de esta aldeíta! Aquí, no ha cambiado nada. El agua del lago sigue poniéndose gris y las montañas de color de rosa, igual que antes, en los atardeceres. Las mozas siguen cantando canciones tristes igual que antes,  e igual que antes los aldeanos mandan todos los años a un caballero desconocido, a un fantasma,  el  foro, o hablando más claramente:  dos mil  quinientas pesetas.



Los aldeanos tienen muy poca tierra: un puñado de tierra, que no es siquiera tierra, sino “tierriña”. ¿Qué sacarán de ella? Trescientos treinta habitantes tiene la aldea. Corno en todas las aldeas, un sinfín de críos. Aquí, la miseria engendra con la terquedad de los fatalistas resignados. Niños hambrientos. En vez de casas, establos negros, ahumados. Se  resiste  uno a  creer  que  la  gente  pueda vivir  así  toda la  vida.  ¿Serán fugitivos, víctimas de un incendio? No; son sencillamente españoles contribuyentes. Jamás viene nadie  en  su  socorro.  Y año  tras  año,  tienen  que  entregar  a  un  caballero  lejano  y desconocido todo lo que consiguen arrancarle  a  la  tierra  avara:  dos mil  quinientas pesetas. ¡Quinientos duros! Quinientos duros para el caballero fantasmal que heredó de su padre,  además  de otros  bienes,  el  derecho a seguir  cobrando el  antiguo foro.  El afortunado caballero  es  abogado.  Posee  una hermosa  casa  en  la  aldea,  al  lado del convento. No tiene muchos clientes, pero los aldeanos han de pagarle anualmente sus quinientos duros,  no porque él  los necesite, sino porque conoce bien las leyes y sus derechos... A los ricos no les sobra jamás el dinero. Todos los años reciben los aldeanos el aviso correspondiente. Mandan el dinero. El señor firma el recibo.

En el  mes de abril  de 1931, los amantes de la libertad proclamaron en Madrid la República. Y no contentos con esto, declararon en la Constitución que España es una “República  de  trabajadores”.  Claro está  que,  para  evitar  malas  interpretaciones,  se apresuraron a aclarar: “Una República de trabajadores  de todas clases”.  En 1931, lo mismo que en los años anteriores, los campesinos de San Martín pagaron al señor las dos mil quinientas pesetas. Trabajaron todo el año hurgando la tierra estéril. También el señor trabajó lo suyo: al llegar la fecha, se pasó el aviso y firmó el recibo."
Ilya Erhenburg: España, República de Trabajadores. 1932


Fotos extraídas del libro “El Lago de Sanabria, Sitio natural de Interés Nacional. Paisaje pintorescoJoaquín Aroca García, 1959

Pd. Erhenburg, en su visita a España, recorrió principalmente Madrid, Barcelona y otras capitales de provincia. Las zonas rurales las describe como quien las ve de paso de una ciudad a otra; sin embargo hubo dos a las que les dedica sendos capítulos completos. El de Sanabria ya lo estamos leyendo, el otro retrata Las Hurdes. La comarca extremeña se había dado a conocer como símbolo de la miseria absoluta tras la visita de Alfonso XIII - Buñuel rodaría "Tierra sin Pan" en el mismo 1932. Pero... ¿cómo llegó Sanabria a convertirse en objetivo de Erhenburg?

Esta entrada va dedicada a la memoria del gran contador de historias Gabino García Vega, fallecido el pasado 6 de diciembre.  Una enorme parte de la tradición de Sanabria y Carballeda se ha ido con él.

4 dic. 2012

El Fuerte de San Carlos, la otra fortaleza de Puebla de Sanabria




Aprox. 1720

 "Tuvo que ser muy a principios del siglo XVIII cuando se edificara el llamado fortín de San Carlos en un promontorio rocoso situado a las afueras de la localidad zamorana de Puebla de Sanabria, puesto que en la cartografía de 1706 aparece ya reflejado. Su construcción debe relacionarse con el proceso de fortificación de la villa, inmersa por su posición fronteriza en la serie de conflictos hispano-lusos que marcaron los siglos XVII y XVIII, respondiendo de manera particular a las necesidades de defensa del lado sur de la población. 


Las sucesivas noticias documentales históricas sobre esta singular construcción defensiva, las evidencias apreciables en la prospección de superficie y otros datos arqueológicos previos, han ido revelando su correspondencia a una estructura de planta rectangular con baluartes en sus esquinas y revellines, rodeada de amplios fosos; sus características físicas generales encajan en su conjunto con las de las fortificaciones abaluartadas de época Moderna, por más que la imprecisión con que las imágenes cartográficas lo presentan y la notable alteración y expolio que ha sufrido su emplazamiento a lo largo del tiempo, hayan hecho difícil hasta el momento conocer su verdadera planta y elementos constructivos. [...]



Las últimas intervenciones arqueológicas han ayudado a precisar significativamente las características de esta construcción abaluartada de los inicios del siglo XVIII. La actuación se extendió por una superficie próxima a los 800 metros cuadrados, cubriendo principalmente los sectores centrales de la fortaleza. Los vestigios arquitectónicos y las evidencias de las operaciones que modificaron el montículo para acomodar las construcciones defensivas, constituyen el grueso de los hallazgos, acompañados de unos lotes no demasiado relevantes de objetos cotidianos (cerámicas, piezas metálicas, numismáticas u óseas), habiendo quedado patente tanto el fortísimo desmantelamiento que ha padecido la estructura como la discutible envergadura con que fue edificada en origen. Así se explican las referencias documentales de finales del propio siglo XVIII, en las que si bien se alude a la dotación del fortín con buena muralla, casa fuerte bien pertrechada, foso y contrafoso (Tomás López), no faltan las alusiones por las mismas fechas al carácter poco útil del baluarte por su erróneo emplazamiento y mala construcción (Pedro Moreau, 1755). 


 Las excavaciones han revelado la existencia de una construcción sólida, a modo de “casa cuartel”, que se completa con un parapeto de protección, y otras dos estructuras centrales concéntricas, complejo que disponía probablemente de todas las dependencias necesarias para soportar una guarnición acantonada en el fuerte. El recinto interno responde al sistema abaluartado de doble defensa al interior, al que se antepone un foso rodeándolo en todo su perímetro. Este sistema delimitaba un espacio central elevado de planta cuadrangular, de unos 750 metros cuadrados de superficie, catalogable dentro de los cánones de la época para las estructuras de guarnición sobre puntos concretos, con una fortificación doble que ofrece dos zonas de defensa, una externa donde tiene lugar el combate y otra interna de seguridad, ambas abaluartadas. La construcción fue realizada en mampuesto de piedra escasamente regular, de mayor tamaño en los cimientos, presentando, a partir de una altura indeterminada, alzados de adobe, tal y como atestiguan tanto los resultados de las intervenciones como algunas noticias documentales, que describen al fuerte como de “piedra y barro” (Antonio Durante, 1789). 


 Es interesante destacar que sus habitaciones debieron cubrirse con teja, material poco o nada frecuente en la arquitectura de la zona, pero constatado en abundancia en el registro arqueológico. Las dimensiones de la edificación son muy reducidas para la norma de este tipo de construcciones, por lo que, teniendo en cuenta, además, sus características físicas y tipología, cabe ser considerada como la fortificación asociada a un reducto o padrastro (1). Todo apunta a su reducida utilidad en el marco de la notable fortificación de que disponía Puebla de Sanabria y a su breve función, quizá más disuasoria que práctica por sus escasas dimensiones. De lo que no cabe duda es de su interés histórico, de la singularidad de su estructura y de la inmejorable oportunidad que estas intervenciones proporcionan para rescatar del olvido una parte inexcusable del recinto que integró, con mayor o menor éxito, la defensa de la villa."

Revista Patrimonio nº28. Ene.Feb.Mar. 2007 Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León.



Las excavaciones se realizaron entre 2005 y 2006. Este mismo artículo presentaba "un proyecto de conocimiento y recuperación" encaminado al "acondicionamiento y revalorización de la fortaleza para su visita pública" y que así el fuerte volviera a "desempeñar un papel entre los recursos y atractivos de la villa sanabresa". Se decía también que "Dicho proyecto, que en este momento está prácticamente finalizado con previsión de ser llevado a cabo a lo largo de 2007, propone una intervención explicativa y ambiciosa..." Y eso parecía, según las imágenes de entonces.



Han pasado cinco años y la situación actual es la que muestran mis fotos.


Ejem. Fundación del Patrimonio, Ayuntamiento, Diputación, Junta o quién sea: 
 ¿Hay alguien ahí?
¿Años 70?

(1)Padrastro: Elevación natural próxima a una fortificación desde la que ésta puede ser batida con artillería.


Fotos de las excavaciones: Strato S.L.
Planos: Ministerio de Cultura. Portal de Archivos Españoles
Fotos Noviembre 2012: Xibeliuss

29 nov. 2012

El horroroso crimen de Palazuelo y otros recortes de la prensa histórica en Sanabria

Vengan conmigo, señoras, señores, y no tengan miedo: apenas sentirán un pequeño temblor y habremos saltado unas cuantas, bastantes, décadas atrás en el tiempo. Nuestro objetivo es un día de mercado en un pueblo de una comarca montañosa, allí donde la vida avanza despacio y el progreso es sólo un vago anhelo de algunos, no de todos.

Vean como los comerciantes han instalado sus puestecillos con la salida del sol; vean la variedad de su oferta: hay garbanzos de Fuentesaúco, mantecadas de Astorga, lienzos y bordados de Aliste y Sayago, cacharros de barro y potes de cobre, cántaros de vino, escabeche y pulpo, bacalao y congrio resecados, sardinas en aceite... todo lo que cualquiera puede necesitar. Vean como los paisanos van llegando desde las aldeas, algunos con monedas en la bolsa, otros – los más – con un saquito de habones, unas docenas de huevos, berzas o lechugas que intentarán trocar por aceite o café o cualquier otra cosa que no puedan arrancar de sus minúsculas
cortinas. Sí, señora: el pañuelo negro – para ellas – y el pardo – para ellos – son la moda de la época, de ésta que visitamos y de muchas anteriores.

¡Atención! Fíjense en el grupo que ahora, con el mercado ya en plena ebullición, entra por la esquina de la plaza. Sí, señores, hablo del borrico, del perro callejero, del rapaz que sacude la campanilla y del hombre de ojos glaucos que se apoya en el cayado. Miren el corro que se forma a su alrededor mientras él apareja su rústico atril y extiende sus
aleluyas. Es Nicolás de Alba, el más grande entre los contadores de crónicas de los que se tiene recuerdo.

Shhhhh. Oigamos su prédica.



El Sábado 21 del corriente sufrió la pena ordinaria de horca en la Plaza mayor de esta Ciudad Ignacio Ballestero, soltero de edad de 40 años, vecino del Lugar de Palazuelo en la Jurisdicción de Sanabria, y después se le cortó la mano, que ha mandado fijarse en dicho Lugar; por haber asesinado allí en la noche del 28 de Diciembre del año pasado de [17]85 a Domingo Rodríguez, Mercader Gallego, violando las sagradas Leyes del hospedaje: con las circunstancias de que le mató con golpe de hacha, estando dormido; enterró luego el cadáver en su casa, y temiendo después ser descubierto le desenterró, y dividiendo con la misma hacha en dos trozos el cuerpo, los llevó a cuestas sucesivamente a una laguna inmediata, donde los arrojó. En esta causa se ha alabado la conducta y sagacidad del Alcalde Mayor de aquel Partido Don Francisco Xavier de las Torres, que con ella logró que el reo confesase plenamente un delito tan horrible, de que con dificultad se le hubiera convencido por otras pruebas, y que habría quedado sin justo castigo.
Diario Pinciano. Nº 25, del Miércoles 25 de julio de 1787

Joven herida de un hachazo 
En Sotillo de Sanabria, Anastasio Rodríguez hirió gravemente a la joven Manolita González, dándole con un hacha en la cabeza. Parece que la causa de la bárbara agresión han sido resentimientos familiares. El agresor ha sido detenido.
El Imparcial. Madrid, 2 de Mayo de 1930

  
DOCUMENTOS
RELACIÓN DE LAS PERSONAS QUE PASARON A ESTA NUEVA ESPAÑA, Y SE HALLARON EN EL DESCUBRIMIENTO, TOMA E CONQUISTA DELLA, ASÍ CON EL MARQUÉS DEL VALLE DON HERNANDO CORTES, COMO CON EL CAPITÁN PANFILO DE NARVÁEZ [...]

[...] Joan Hernández de Prada.
Dize que es natural de una aldea que llaman Galende que es en la montaña de Sanabria, e hijo legitimo de Joan de Prada de Galende y de María de Prada, y que pasó a esta Nueva España con Pánfilo de Narvaez, y se halló en la conquista de esta ciudad de México y sus provincias y después en las de la Misteca y Guaxaca y dos veces en Coatlan e agora en la hultima rrevelación de Tetiquipaque, y fue casado en España y dexó dos hijos, y en esta tierra tiene otros dos bastardos el uno casado y que Nuño de Guzmán le encomendó el pueblo de Guamelula el cual le quitó esta audiencia por lo qual está muy pobre y viejo y padesçe necesidad.
Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, Julio a Diciembre de 1918


LO QUE SUCEDIÓ EN IGUERIBEN
Relato de un alférez

El alférez Sr. Casado Escudero, que está prisionero de los moros, ha enviado una carta a su familia, residente en Puebla de Sanabria.
Dicho oficial estaba en Igueriben, posición que no tenía agua. La aguada más cercana estaba a tres kilómetros de distancia.
He aquí algunos párrafos de la carta en cuestión: "El día 16 nos cercó la harca, compuesta de unos 6.000 hombres, y comenzó una situación horrorosa. No dejaban llegar el convoy; no podíamos proporcionarnos agua. El día 17 bebimos el vinagre que había en la provisión; el 18, los soldados mascaban patata cruda para refrescar la boca, y los oficiales nos bebimos la colonia de que disponíamos; al siguiente día, desesperados, recurrimos a beber lo orines con azúcar. Así llegamos al día 21, con 70 bajas de sangre y 83 de sed y hambre. Agravaba la situación el hedor de los cadáveres insepultos.
Yo, herido en el cuello y debilitado por el derrame, decidí jugarme el todo por el todo, y me ofrecí voluntario para tomar una lomita próxima y apoyar desde allí la evacuación. Salí con 35 soldados también voluntarios; en el camino me hirieron en el brazo izquierdo. Tomamos la altura y sostuvimos el fuego hasta que salió toda la gente de la posición; pero me mataron 27 soldados, y cuando ya nos retirábamos los supervivientes caí de un balazo que me quitó dos dedos del pie izquierdo."
El alférez Casado dice que los moros de Beni-Urriaguel, de quienes es cautivo, le tratan bien.
La Voz, 13 de Agosto de 1921


Servicio de automóviles suspendido
ZAMORA 22 (4,15 t.).—Por falta de gasolina se ha suspendido el servicio de correos en automóvil entre Benavente y Puebla de Sanabria. El vecindario del segundo de los citados pueblos protesta del abandono en que se le tiene y dirigirá una nueva solicitud al director general de Comunicaciones.
El servicio de correos se verifica en caballos.
El Sol, miércoles 23 de Enero de 1918


PASTOS DE VERANO.—Se arriendan por puertos, los de la Sierra Sospacio y Gamoneda, pertenecientes al Exmo. señor duque de Osuna e Infantado en su Administración de la Puebla de Sanabria. Las condiciones se hallan de manifiesto en las oficina generales de S. E. en Madrid, calle de D. Pedro.núm. 10, y en la referida Administración, en cuyos dos puntos se celebrará simultáneamente el doble remate por el sistema de pliegos cerrados, el día 25 de abril próximo a la una de la tarde.
Madrid, 31 de marzo de 1865. La Correspondencia de España.


El lago de Sanabria
ZAMORA, 28.—Ha sido ordenada la detención del guarda de doña Victoriana Vlllachica, pretendida propietaria del lago de San Martín de Castañeda, por oponerse al aprovechamiento público del lago, decretado por la República. También se ha dispuesto la colocación de carteles en los que se hace constar la calidad de dominio público del lago.
La Luz, Diario de la República. Lunes, 29 de Agosto de 1932


[...] Y he aquí que durante el último año no ingresaron los Ayuntamientos en la Diputación más que 406.673 pesetas, dejando por lo tanto de abonar el 50,72 % de las sumas que les corresponden, y que el día 31 de diciembre ascendía la deuda a 1.407.000 pesetas.
No ha mejorado la situación en lo que va de año, puesto que el último trimestre aportó la cantidad de 18.649 pesetas, debiendo haber superado las 200.000.
Con todas estas cosas, la Diputación provincial se encuentra en un verdadero conflicto, porque ha de verse precisada a desatender obligaciones ineludibles, y entre ellas la más grave, la de Beneficencia.
El Correo de Zamora recuerda que durante la Dictadura de Primo de Rivera pagaban los Ayuntamientos con mayor regularidad, hasta el extremo que no sólo no se desatendieron  las ineludibles obligaciones, sino que se mejoraron notablemente los servicios, se crearon otros y hasta se realizaron obras tan importantes como el Preventorio infantil de San Martín de Castañeda, el pabellón quirúrgico y el gabinete radiológico del Hospital de la Encarnación, restauración del castillo y del patio del Hospicio, reformas en el Hospital de Sotelo, en el Palacio Provincial y en el Gobierno Civil, etcétera, etc. "Ahora - añade el citado periódico - no se va a poder hacer nada porque no hay dinero". La situación, como se ve, no puede ser más desagradable, y la autoridad superior está obligada a intervenir de una manera enérgica. Acaso es tiempo todavía.
ABC, sábado 23 de abril de 1932

La actuación ha terminado y Nicolás cuenta las monedas que el rapaz ha recogido al pasar el cestillo. No son muchas, se diría que en cada mercado recolecta menos que en el anterior; pero al menos son suficientes para enviar al muchacho a realizar algunas compras mientras él se llega hasta la taberna para aliviar la garganta con un pocillo de orujo. Allí, como suele hacer, escucha las conversaciones sin intervenir en ninguna: los parroquianos discuten sobre las últimas noticias de los diarios y ninguno recuerda ya las historias que él acaba de contar en la plaza. Nicolás chasquea la lengua y alza su jarro en solitario y silencioso brindis honrando a una estirpe que camina hacia su final.


Sirva esta entrada como homenaje al periódico “El Noroeste”, que tras seis años informando sobre las comarcas de Sanabria, Carballeda y Los Valles publicó su último número en noviembre de 2012. Con sus – pocos – errores y sus – muchos – aciertos, mi reconocimiento por un trabajo bien hecho. Ya se le añora.


Fotos: Iglesia de San Salvador de Palazuelo 
Pd. Por si queda alguna duda, Nicolás de Alba es un personaje ficticio.

20 nov. 2012

Carta a Unamuno

Bouzas

 “Don Miguel de Unamuno, profesor de la Universidad de Salamanca, ex revolucionario y ex poeta, colaborador del general Mola: En estos momentos difíciles quiero que hablemos usted y yo, escritor con escritor. No quiero recordarle nuestras entrevistas, que le comprometerían ante los ojos de sus dueños. Sólo nos une el hecho de que ni uno ni otro tenemos en la mano fusil ni pala de sepulturero, sino la pluma de escritor. Usted ha hablado muchas veces con orgullo de nuestra profesión. También yo me enorgullezco de ella. Y hasta me enorgullezco ahora, cuando leo los renglones escritos por usted.

Hace cinco años estuve en el pueblo de Sanabria [sic]. Vi allí campesinos martirizados por el hambre. Comían algarrobas, cortezas. A orillas del lago había un restaurant para turistas. Me enseñaron el libro de firmas de los huéspedes. Usted, Unamuno, había escrito en sus páginas unas líneas sobre la belleza del paisaje circundante. Español que hacia profesión de amor a su pueblo, no supo usted ver más allá de las suaves ondulaciones del agua, del óvalo de las colinas. No vio usted los ojos de las mujeres que apretaban contra su pecho a los hijos medio muertos de hambre. Por entonces escribía usted artículos profundamente estéticos en todos los periódicos callejeros de Madrid. Hasta escribió usted un articulo sobre el hambre: cien renglones de investigación filológica acerca de la palabra "hambre". Exponía usted minuciosamente cómo el apetito del hombre del Sur no es el apetito del del Norte, y cómo el hambre descrita por Hamsun difiere del hambre descrita por Quevedo. Se lavaba usted las manos: no quería estar ni con los hambrientos ni con los que les alimentaban con el plomo de las balas. Quería usted ser poeta puro y colaborador de periódicos de gran tirada.

Han pasado cinco años. Lo más bajo de España: verdugos, herederos de los inquisidores, carlistas dementes, ladrones como March, han declarado la guerra al pueblo español. En Sanabria cayó en poder de los bandidos el general Caminero, leal al pueblo. Los malaventurados campesinos de Sanabria habían huido al monte. Con armas de caza bajaron contra las ametralladoras. ¿Qué hizo usted, poeta, enamorado de la tragedia española? De la cartera donde guardaba los honorarios de las elucubraciones poéticas sobre el hambre sacó usted, con la esplendidez de un verdadero hidalgo, cinco mil pesetas para los asesinos de su pueblo."
Ilya Erhenburg. Pravda, 21 de Agosto de 1936.


Ilya Erhenburg fue un escritor y periodista soviético vinculado al movimiento bolchevique desde los primeros instantes. Vivió en el exilio hasta el triunfo de la revolución y al exilio volvió en 1921, por discrepancias con las políticas que se estaban adoptando. En París publicó “Las Aventuras de Julio Jurenito”, su novela más apreciada en la que critica por igual al sistema capitalista y al comunista; y se integró en mundo cultural de la época: Picasso, Gris, Rivera, etc. Viajó por primera vez a España tras la proclamación de la II República y, dispuesto a radiografiar la situación en detalle, recorrió el país de norte a sur, visitando tanto ciudades como pueblos. Con sus observaciones publicó “España, República de Trabajadores” que, por su crudeza, escoció a diestro y siniestro. Sí, estuvo en Sanabria: poco después que Unamuno y antes que las Misiones Pedagógicas de Casona – que ya hemos visto cómo encontraron la comarca. Regresó a España en julio de 1936, antes incluso de conseguir que el diario Izvestia le nombrase corresponsal. Nuestra guerra le reconcilió con el régimen sovietico y se instaló en Moscú durante la primavera de 1937, cuando arreciaban las purgas de Stalin a las que él logró sobrevivir. Durante la Segunda Guerra Mundial escribió para Estrella Roja, el periódico oficial del Ejercito Rojo, una serie de furibundos artículos contra Alemania por la que algunos le han tildado de Goebbels soviético. También fue coautor del llamado Libro Negro del Holocausto judío. Ilya, que nunca llegó a tener carnet del Partido Comunista, acabó siendo miembro del Soviet Supremo - algo incómodo por ambas partes, eso sí. Un personaje controvertido: pueden leer dos semblanzas casi antagónicas aquí y aquí.


Como es sabido, Miguel de Unamuno escribió gran parte de San Manuel Bueno Martir durante una estancia en Bouzas, junto al Lago de Sanabria, y basó su Valverde de Lucerna en el pueblo real de San Martín de Castañeda. Y ahora, la pregunta: ¿Es justa la feroz crítica de Ilya al viejo rector? Recordemos que la carta se publicó en agosto de 1936. Tiene una intención propagandística obvia – en otro fragmento, el autor dice que los obreros españoles admiran a la URSS "porque allí no tienen un General Franco" (bastante era Stalin) – pero también es un ejemplo claro del eterno debate sobre el compromiso del intelectual, del artista.

Esta entrada es, en realidad, consecuencia directa de otra publicada en el blog “El Espejo de la luna” como homenaje a García Calvo y los comentarios de Marisa, su autora, y dlt, de “Desde la terraza”. Es un tema que considero muy interesante: nuestra imposibilidad (o no) de valorar objetivamente una obra dependiendo de la ideología de su autor, aún incluso si la misma obra no trata – o no refleja – esa ideología; o si no se posiciona igual que nosotros ante causas que nos parecen irrenunciables. Por ejemplo:  Erhenburg reprocha a Unamuno que alabe el paisaje sanabrés... y no diga nada del hambre que tenía el pueblo. ¿Podemos disfrutar de la obra de autores como Julio Camba o Wenceslao Fernández Flórez como si no hubiesen sido afectos fervientes de la dictadura franquista? Decía dlt en su comentario que también en estos días ha fallecido Díaz Plaja y pocos son los medios que se han acordado de él: ¿tal vez su pecado fue vender (muchos) libros en los tiempos de Franco? Porque su obra, de indudable interés, no es política y el retrato que hizo de la sociedad de la época en El español y los siete pecados capitales es cualquier cosa menos complaciente.

Dejando, pues, aparte el componente propagandístico, el enfado de Erhenburg con Unamuno es perfectamente entendible – y no fue el único: nada más y nada menos que Don Miguel de Unamuno, el referente intelectual que se enfrentó a Alfonso XIII, el que sufrió destierro bajo la dictadura de Primo de Rivera, el encargado de procalamar la II República desde el balcón del ayuntamiento de Salamanca... apoyando sin fisuras a los espadones herederos directos – y hasta biológicos – de aquel general que justificó el golpe de estado por su “masculinidad completamente caracterizada”. Cierto que Unamuno llevaba ya unos años desencantado con el rumbo tomado por la República, pero hay un salto cualitativo importante desde ese desafecto a la implicación efectiva – y económica: el donativo de cinco mil pesetas mencionado fue auténtico – a favor de los golpistas. No tardó en conocer su error.

Pero no es éste el lugar para intentar desentrañar la complejidad del pensamiento de Unamuno, tampoco es la intención de esta entrada. Si les apetece seguir leyendo sobre el tema, les invito a continuar en Igual Te Interesa.

Bouzas

4 nov. 2012

Sanabria en guerra: la independencia de Portugal

En 1640 la nobleza portuguesa se alza contra el dominio español y proclama como rey al duque de Braganza, Juan IV. Se inicia así un conflicto que va a durar veintiocho años, hasta que España, con la firma del Tratado de Lisboa, reconoce la soberanía portuguesa. Sanabria vivió esta guerra en carne propia.


 "Por este tiempo tuvimos nuevas como el gobernador de Zamora y Alcañices juntaban sus gentes para venganza de sus daños. Convidámosles a que nos uniéramos juntos a hacer la entrada, y después de varias dilaciones en que nos tuvo, se divirtió del intento retirando sus gentes de los puestos mejorados, con que el gobernador D. Juan de Benavides se determinó de hacer la invasión sólo con su gente, sin depender de ninguno de los colaterales, pues tan mal le correspondían; y así junta su gente, a 26 de Noviembre, un dia después de Santa Catalina, salió de la Puebla acompañado sólo de sus criados, y se fue por los cuarteles de los vecinos de Pedralba y Requejo, que estaban hacia la raya, y ordenó que todos se mejorasen aquella noche con sus gentes al lugar llamado Calabor, donde aquella noche aguardaba; y asimismo dejó ordenado a D. Miguel Anciniega, su sargento mayor, gobernase la plaza en el ínterin; y á D. Alonso de Mella que con su compañía de caballos, y a D. Diego Pescador con la suya se fuesen entrada la noche al mismo puesto de Calabor, sobre la misma raya.


 "También ordenó al maese de Campo D. Luis de Olmos Girón, que fuese al cuartel de Ungilde y condujera 15 compañías que allí había al puesto y lugar de Santa Cruz [de Abranes], lugar que entre él y el Calabor está cómodamente situado. A una legua del camino real de Braganza, y otra media legüita está la raya. Hízose así, y a media noche se avisaron los dos se hiciese la marcha al lugar llamado Campieza, el camino real de Braganza en la misma raya, y así dos horas antes de amanecer se marchó de estos pueblos y se llegó al destinado puesto, una hora antes del dia; y dispuesta la gente en la forma que se sigue, se comenzó á entrar al rayar del alba. [...] 


 "Así, salido el sol, entramos por el camino real de Braganza a vista de la ciudad, y encontrando dos cortaduras en el camino, las salvamos. Iba la gente marchando tan derecha a Braganza por su camino real, que se persuadió llevábamos la mira a ella. Dispararon tres piezas, pero aprovechó poco para que no nos acercásemos a ella, tanto que a media legua no quemásemos un lugar suyo llamado Zacoyas, de donde salió un capitán, llamado Magallanes, y peleó tan valientemente que de siete de a caballo se defendía, hasta que habiéndonos muerto un caballo de la compañía de D. Alonso de Mella, él cayó muerto de dos carabinazos y dos cuchilladas en la cabeza. Pasamos adelante con pasmo de la ciudad y casi a los muros de Braganza les quemamos otro lugar llamado Bazal, rico y grande y que era el granero de Braganza. El pasmo en la ciudad fue grande, y mayor cuando pasamos adelante. [...] Desde este puesto se descubrió una hermosa colina de viñedo, y fuénos dicho que detrás de ella había un lugar aun mayor y mas rico que éste, llamado Tarragosa. Ordené luego al alférez Juan Guerrero, de la compañía de caballos de D. Diego Pescador, que con 25 caballos fuese abrigando al escuadrón volante que ya caminaba allá. Hízose así, y aclarando el lugar la caballería entró la infantería y le abrasó todo[...] 


 "Marchamos de aquí a un valle muy ameno, orilla de un río como una legua, y fuimos a dar a un lugar no menos rico que este, si bien más fuerte, llamado Francia. Era como plaza de armas de su frontera; inaccesible por estar coronado de tan empinadas y cortadas montañas que los gatos apenas podrán subir y bajar a él [...] tal que los vecinos y la demás gente que en él había lo desampararon, retirándose á unos peñascos muy eminentes, donde nos dieron no pocas cargas, siendo su capitán su cura, preciado más de campeón de esta frontera que de pastor de almas. Pero a su vista, a pesar de sus balas, fue el pueblo arrasado y abrasado, sin quedar ni aun con paredes, solas las de una ermita y su iglesia, que se echó bando pena de la vida que nadie hiciese daño a ermita ni iglesia, o alhaja suya o a persona que se acogiese a ella. [...] 


 "Todo se venció y se entró el pueblo, y fue puesto en polvo y ceniza como los demás, con que a puestas de sol nos hallamos en el lugar de Calabor, nuestro, de donde salimos al amanecer sin haber comido ni bebido en todo el dia. Habiendo por fin quemado al rebelde ocho lugares, los mas ricos y grandes de toda la tierra de Braganza, campeado por toda su campiña, llegado á un lado y otro por su frente á sus murallas, provocándole a que saliese á probar sus bríos, nos retiramos habiéndole hecho sin los cascos de los lugares en las quemas de alhajas y frutos, á juicio de los de la tierra, bien mas de 500,000 ducados de daño, con pérdida sólo de dos caballos de la compañía de D. Alonso de Mella: uno que mataron a su teniente D. Gregorio del Pulgar, y otro que mató el capitán Magallanes, cuando fue muerto en el primer lugar que se quemó. Perdióse un soldado de D. Alonso de Mella, y una yegua de las de la tierra que pasando por un lugar de los que se quemaban, cayó un pedazo de una pared y le dió en la cabeza y la mató, quedando el montado en salvo [...]

Relación verdadera de lo que ha sucedido en la plaza y frontera de la Puebla, en el mes de Noviembre, hasta 30 dél, por el P. José Martinez; de la Compañía de Jesús, que se halló presente a todo. 1643 


Estas escaramuzas, bastante exitosas para la causa española si debemos dar crédito a las varias relaciones enviadas por el tal José Martínez, no fueron suficientes para ganar la guerra: los ejércitos de Felipe IV fueron derrotados en las cinco batallas decisivas, desde Montijo en 1644 a Montes Claros en 1665. Poco antes de ésta última, uno de sus ministros envió al monarca una carta muy diferente:
  "Dicen a Vuestra Magestad que Portugal no tiene dinero, no tiene navíos, no tiene gente: traidores son los que lo dicen. Pues ¿con qué nos tienen destruidos? Sin gente nos tienen tantas veces desbaratados; ¡Válgame Dios, que fuera con gente! Sin dinero lloramos nuestras ruinas, ¿qué lloráramos si tuvieran dinero? Señor: Portugal nos desbarató en Montijo [batalla de Montijo, 1644], nos destruyó en Yelbes [batalla de Elvas, 1659], Luis Méndez de Haro [Valido de Filipe IV] huyó dejando caballos, artilleria, infantes y bagajes. Portugal en Évora [batalla de Estremoz o de Ameixial, 1663] destruyó la Flor de España, lo mejor de Flandes, lo lucido de Milan, lo escogido de Nápoles y lo granado de Extremadura. Vergonzosamente se retiró S.A [El Príncipe D. Juan José de Austria, hijo de Filipe IV] dejando ocho millones que costó la empresa, ocho mil muertos, seis mil prisioneros, cuatro mil caballos, veinticuatro piezas de artillería, y lo más lastimoso fue que, de ciento veinte títulos y cabos, no escaparon sino cinco (...). Cada día espera Vuestra Magestad que se gane, y cada día sepa Vuestra Magestad que se pierde, y que es mucha la pérdida de cada día." 


Medio siglo después los dos países volvieron a enfrentarse durante la Guerra de Sucesión, tras la cual gran parte del territorio sanabrés quedó bajo soberanía portuguesa hasta la firma del Tratado de Utrech. Y en 1810, como ya vimos, fueron los ejércitos napoleónicos los que camparon a sus anchas por estas tierras.