27/03/2012

Gabino García Vega y El Relojero de La Cabrera


Hace unos días me acerqué a Vega del Castillo, un hermoso pueblo carballés en las puertas mismas de la Sierra de la Cabrera, famoso, entre otras cosas, por su Concentración de Gaiteros anual, que ya ha alcanzado las veinticinco ediciones. Allí tuve la suerte de conocer a D. Gabino García Vega, un auténtico Narrador de Historias en la mejor tradición de nuestros filandones. Durante el poco tiempo que pasé a su lado me transmitió una cantidad ingente de cuentos, historias, vivencias y ocurrencias con las que podría llenar de contenido este blog hasta el final de la interné; todo con una vitalidad y un dominio del hecho narrativo - perdón, pero no se me ocurre mejor manera de explicarlo - impresionantes. También me mostró el manuscrito de sus Memorias, publicadas hace tiempo gracias a la perseverancia – como en tantas otras ocasiones – de Eusebio Rodríguez, de Rionegro del Puente, y hoy me temo ya descatalogadas.


De entre todas esas historias hoy quiero compartir con ustedes una, contada con sus propias palabras: “El Relojero de La Cabrera

“ Quizás el emigrante más famoso de la Comarca de La Cabrera fue el relojero Losada, que su nombre era José Rodríguez Conejero, que nació en Iruela (León) siendo bautizado el 3 de mayo de 1797. A los dieciocho años se va de su casa a consecuencia de una paliza que le da su padre por dejar perder una ternera de las que cuidaba. Me comentan en su pueblo Iruela que no le pegó su padre, sino que lo estaba esperando para sacudirle el señor C... D... , que no digo su nombre, que la ternera que le comieron los lobos era de él, y se acobardó y se fue de casa.

“ Anda por Sanabria, Extremadura y a los pocos años lo hayan en Madrid como oficial del ejercito. Según la historia, debido a sus ideas liberales tuvo que huir a Inglaterra. Una vez en Londres entra a trabajar como mozo de limpieza en el taller de un relojero, interesándose por esta industria ha llegado a ser el mejor fabricante de relojes de su época, fue nombrado cronometrista de la Marina española y de la Casa Real y es el autor del reloj de la Puerta del Sol de Madrid.

“ Me comentan en su pueblo Iruela que no se marchó de España por liberal sino por otros motivos que pasaron en la Casa Real siendo reina Isabel II, hija de Fernando VII y casada con Francisco de Asís que según la historia tuvo ocho hijos y... y... (1) Lo iban a ahorcar y sus compañeros con caballos lo acompañaron hasta Francia. También me comentan que muriendo su jefe se casó con la viuda y siguió con el negocio.

“En 1860 viaja a su pueblo Iruela regalando a la parroquia un altar del Santo Cristo y un reloj para la torre de la iglesia que no llegó a su destino por las malas combinaciones y la inexistencia de carreteras. En Iruela me comentan que después de estar casi dos años en la Estación del Ferrocarril de Astorga el reloj se quedó en Astorga.

“Muere en Londres el día 6 de marzo de 1870. En Iruela tiene un monumento más pobre de lo merecido.(2)


(1) Aquí Gabino me cuenta lo que se decía en Iruela sobre la vida matrimonial de Isabel, Francisco y el papel del relojero, pero si él ha preferido no plasmarlo por escrito... no seré yo quién lo haga.

(2) Por si queda alguna duda, la historia es real (ver entrada en wikipedia)
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10/03/2012

Hasta la vista, Jean Giraud, Moebius



Nos ha dejado Jean Giraud, alias Gir, alias Moebius. Descanse en Paz.

Blueberry, visto aquí
El Garaje Hermético, visto aquí

Arzak, visto aquí

El Incal, visto aquí
Silver Surfer, visto aquí
Su página oficial.

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29/02/2012

Desaceleración Redux


¿Saben? A menudo me planteo preguntas sobre este mundillo de la blogsfera. No se asusten, no tengo intención de hacer un estudio socio/antropológico sobre el tema. Es sólo que pronto se cumplirán tres años de mi primera entrada y, durante todo este tiempo, esto ha ocupado una parte muy importante de mis ratos de ocio - y el de unos cuantos lectores.

¿Qué nos impulsa a iniciar y - sobre todo - mantener un blog? Hablo por mí: lo primero, por una vocación de comunicarme. Es un afán altruista; creo que la gran mayoría de los blogueros no obtenemos un duro de esto y la satisfacción viene más por el "eh, miren: aquí hay algo que les puede interesar" -aunque de seguro esconde también un punto narcisista: "es interesante y soy yo quien lo esta contando (y qué bien que lo hago)" Hay, además, otras cosas con las que no cuentas cuando te lanzas por primera vez. Vuelvo a hablar de mí: este blog ha servido para que muchos sanabreses y carballeses de la diáspora tengan un lugar de contacto con su tierra - un inmenso honor y una obligación. Y, por otro lado, los lazos que se crean. Yo he tenido la suerte de conocer en persona a alguno de mis lectores: con todos he sentido un vínculo más allá de los comentarios escritos a vuela pluma. Estoy seguro de que lo mismo me pasaría con el resto. Llega un momento que nuestro avatar, nuestro nick se vuelve translúcido. Más allá de las normas de cortesía entre blogueros, priman los intereses comunes: creo que nadie puede mantener durante demasiado tiempo unas visitas y comentarios a un sitio que no le interesa, simplemente a la espera de la visita y el comentario recíproco.

Y ¿a qué viene todo esto? Pues a que no me llega el tiempo - lloriqueo otra vez, como si fuese el único - y se me acumula el material para presentar, me coge moho en la espera. El año pasado opté por retirarme, pero no me parece una buena idea para este momento. Amio declaró hace poco su Academia Cajander en recesión; yo, como aquellos, no llego a tanto: entro en fase de desaceleración. En la medida de lo posible seguiré compartiendo historias aquí, música en la Arqueta y fotos en Xibeliuss Sólo Fotos. Seguiré visitando y comentando tantos blogs como pueda. No será con la regularidad que me gustaría, pero seguiré por aquí e intentaré acabar todo lo pendiente (incluidas las andanzas de Carambola y Castañuela, que conste).

Creo que ya lo he dicho en más ocasiones: facebook, twiter, google +, están bien para mantener el contacto; pero a mí me gustan los blogs porque tienen contenido. Aunque devoren tiempo.

Pd. No sé si les pasará a ustedes: a menudo releo este blog. Pero sólo los comentarios.
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26/02/2012

El Relato del Viejo Filibustero (2)


(Antes nos quedamos aquí)

Mediometro se dejó caer. Rodó sobre sí mismo hacia detrás del mostrador. Se las apañó para sacar la Beretta 950 de la funda tobillera. Junto a su calcetín de ejecutivo. Buscó la línea de tiro.

Castañuela disparó tres veces. No hizo blanco.

Don Toribio se dejó caer. Rodó sobre sí mismo hacia las ventanas. Se las apañó para sacar la Uzi de los riñones. Buscó la línea de tiro.

Castañuela. Mediometro. Castañuela. Mediometro. Otra vez.

- o O o -

“ Salimos de París a primera hora de la mañana. El sol tenía ya ese color que anuncia el otoño, pero calentaba con fuerza. Íbamos en el exterior de los semi orugas. Tu padre se había quitado el casco y miraba hacia adelante, sin hacer mucho caso de los saludos de los paisanos. El viento le alborotaba el cabello. La piel curtida de su frente contrastaba con las blancas mejillas, afeitadas con regularidad durante los días junto a tu madre. Parecía lucir una barba llena de canas. Parecía un santo laico.

“ Al dejar atrás los últimos suburbios se giró hacia mí. Me sorprendió ver sus ojos cubiertos de lágrimas.

- Dame un pitillo, anda.

“ Lo encendió con su mechero de yesca. Miró de nuevo hacia adelante.

- En verdad que las hemos pasado putas, cuñado - susurró - Míranos: Morillas, Almendro, Pepe Díez, Cortés, Cañero, Fábregas... Tú. Yo. Vaya banda. Dentro de unos años nadie recordará nuestros nombres. Si vencemos, porque lo importante será lo que está por llegar. Y si nos derrotan...

- ¿Sabes lo que siento ahora? Prisa. Tengo prisa. Sea cual sea, el final del camino está a la vuelta de la esquina. Al alcance de los dedos. Ya oíste al Turuta: se están reuniendo tropas junto a la frontera. Cualquier día cruzarán los Pirineos. Y nosotros aquí. Distinto frente, la misma guerra. No nos queda otra que acabar con ésta. Ya volveremos a casa. Y todo irá bien. Todo irá bien.

“ Yo callé. Nunca le dije a nadie, ni siquiera yo mismo lo reconocí durante mucho tiempo, pero sentí miedo. Miedo de que aquello acabase. Miedo al final del camino.

“ Avanzamos a un ritmo endiablado. Los mandos, por sus propios motivos, parecían contagiados de la prisa que mostraba tu padre - y muchos de los nuestros. No encontramos resistencia digna de tal nombre hasta Andelot: tres compañías a las que pasamos por encima con ayuda de los carros del 501. Los veteranos de la Wehrmacht tenían asumido que la guerra acababa también para ellos. Pero ellos, al contrario que nosotros - los españoles - no tenían otro objetivo esperando. Sólo les quedaba un regreso como vencidos y arrostrar la vergüenza. Cuando llegamos a Mattaincourt nos encontramos con doscientos esperándonos en perfecta formación, con su coronel al frente y las armas desmontadas y apiladas en la plaza. El más joven no bajaría de los cuarenta años. Te juro que los sentí muy cercanos.

“ El cruce del Mosela iba a ser muy diferente: allí Von Mantauffel estaba plantando cara con lo mejor que le quedaba del V Ejercito. Nosotros nos enfrentamos con granaderos, paracaidistas y unas cuantas compañías de la Waffen-SS. Durante tres días estuvimos zurrándonos a conciencia, con el puto río en medio - a pesar de la fecha corría frío de cojones - y bajas a montones por los dos bandos.

Para el veinte se dio la posición por consolidada. Habíamos conseguido cruzar los semi orugas y la cabeza de puente, unos cinco kilómetros entre Vaxoncourt y Châtel, era ya bastante firme, pese a algunos contraataques enemigos. El veintiuno le tocó a nuestra brigada el turno de guardia. Tu padre y yo salimos a medianoche para una ronda perimetral.

“ La luna, ya no llena del todo, iluminaba el camino con luz engañosa. Tu padre estaba de buen humor. Yo, sin embargo, hacía recuento de nuestras bajas desde la salida de París, menos de dos semanas atrás: media docena de muertos, el doble de heridos graves.

 - Tú y yo seguimos vivos, cuñado. Eso es lo importante. Que volvamos así a casa.

“ El sendero se internó en una zona boscosa, en el naciente de Vaxoncourt. Al llegar a un pequeño claro tu padre se paró a arreglarse las botas - la derecha se le había desencuadernado en uno de los vados del río y la llevaba mal sujeta con cintas y cuerdas. Hincó la rodilla en tierra. Dejó el fusil a su lado.

“ La luna se ocultó entre las nubes. Yo me adelanté algunos pasos. Busqué mi bolsa de tabaco para mascar. Hubiese dado cualquier cosa por poder encender un cigarrillo. La hojarasca murmuró. Yo me volví. El alemán estaba junto a tu padre arrodillado. Sujetó el fusil bajo su pie. Manuel lo miró. El otro le clavó el cañón de la Luger en la frente y disparó.

“ Yo dejé caer la bolsa de tabaco. Intenté colocar mi arma en línea de tiro. Vi su uniforme negro. Vi sus galones de obersturmbannführer en las solapas. Enmarcaban una cruz de hierro. Negra. Bordes plateados. La fecha grabada de 1939. La esvástica en su centro. Una pequeña muesca en la esquina superior derecha. Coronada con hojas de roble y dos sables cruzados. Pendía de una cinta negra, roja y blanca.

“ No vi sus ojos, ocultos por la sombra de la visera acharolada.

“ Vi el ánima de su Luger al apuntar.

“ Me disparó cuanto le quedaba en el cargador.
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23/02/2012

Ronda de Hielo y Fuego




Recordaremos este invierno en Sanabria y Carballeda. No por las temperaturas extremas - aunque nos saquen cada día en el telediario: yo, que no soy el abuelo cebolleta, las recuerdo iguales y más bajas - sino por la falta de nieve y de lluvia. Esto sí que no es habitual.

La suma de sequía y maleza (y mala leche) producen indefectiblemente incendios, aún en invierno. Dice D. Alberto de Castro, delegado territorial de la Junta de Castilla y León en Zamora y objeto de una querella criminal por prevaricación y cohecho, que son "provocados por los lugareños" y ha solicitado más vigilancia policial.


Es como si yo dijese - no lo hago - que LOS miembros del SEPRONA del cuartel de Puebla están conchabados con los furtivosLOS lugareños no nos reunimos después del café para subir a quemar el monte. Nunca defenderé el uso de los incendios como arma - es un cañón que hace más daño al que lo maneja que al enemigo de enfrente - pero  un refrán indigena dice que quien siembra vientos recoge tempestades. Y hay declaraciones que son muestra de la actitud con la que se encaran las diferencias de opinión. No son las primeras del mismo tono.


Pd. Me da cosilla salir a "denunciar" cosas como ésta y no decir nada sobre  asuntos mucho más importantes que están ahora mismo sobre la mesa, pero...
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12/02/2012

Álbum: Más lugares de Armea y Santa Mariña

Augas Santas
En anteriores entradas seguimos la leyenda de Marina, la joven cristiana martirizada por el romano Olibirio. Hoy volvemos a estas tierras del Concello de Allariz para fijar nuestra mirada en otras huellas de su pasado, donde historia y tradición se entremezclan sin que los límites estén claramente definidos. Quiero dar las gracias a Ramón y a Xabres da Teixeira, autores de las fotografías de la entrada, por su imprescindible colaboración.

Vista General del Castro de Armea
Las Murallas primitivas
Según Wikipedia, el Castro de Armea fue un asentamiento perteneciente a la cultura castrexa que pudo estar ocupado entre los siglos IV-III (a.C.) y IV (d.C.). Los vestigios más antiguos a la vista parecen ser las murallas derruidas, en torno al siglo.I (a.C.).





Las excavaciones en el propio recinto del Castro han sacado a la luz restos del siglo I (d.C.) que demuestran la pronta y profunda romanización del enclave.



Una segunda tanda de excavaciones, realizada a cierta distancia de la anterior, ha descubierto nuevos restos cuyo estudio continúa en proceso. Algunos pretenden ver un santuario, pero la hipótesis con más fuerza parece ser la de una nueva villa romana.



Como vimos con anterioridad, la tradición asocia estas Pías o Piocas da Santa con el lugar donde San Pedro refrescó a Marina tras rescatarla de Os Fornos. Conde Valvís, el primer estudioso del conjunto, las identificó con una prensa de aceite, lo que parece corroborarse por el conducto que une los dos recipientes. Los numerosos restos indígenas y romanos hallados se encuentran ahora en el Museo Arqueolóxico de Ourense.


Os Fornos son, para mí, el punto más fascinante de todo el recorrido. Sobre el nivel del suelo encontramos la Basílica de la Ascensión, construcción datada en el S.XIII y atribuida a "una señora de la Casa de Figueroa", aunque no ha sido posible hallar documentación al respecto. Pese a lo que pueda parecer a primera vista no se trata de una iglesia caída, sino de una obra que nunca llegó a terminarse.



Al descender a la cripta nos encontramos con un espacio dividido en tres estancias de tamaño menguante, en lo que algunos identifican como uno de los pocos hornos castrexos que se conocen en Galicia. Aquí se mezclan lápidas medievales con las pedras fermosas de los dinteles.



En el vídeo incluido en la anterior entrada vimos como la tradición cuenta que en este Asiento da Santa quedaron grabadas en piedra las huellas de los talones de Marina por el tiempo que aquí pasaba cuidando los rebaños.  La explicación arqueológica - hay varias para elegir - se la dejo a su libre albedrío.



En el mismo entorno podemos encontrar dos Piocas de Orella distintas. Se dice que el agua que se recoge en sus cavidades es buena para tratar el dolor de oídos. Ambas estaban situadas a los pies de sendos carbayos milenarios, aunque ninguno de los dos ha llegado hasta nuestros días: el último fue destruido por un rayo en la década de los '60.

Pared divisoria
  

A Vacariza
Son tierras donde conviene estar bien atento, sino queremos perdernos detalles como petroglifos incrustados en las paredes de las fincas o inscripciones romanas reutilizadas en pajares. O lo que la devoción ha interpretado como las huellas de San José y su borrico, en realidad otro petroglifo localizado en A Vacariza, apenas a once kilómetros de Armea.



Una fecha ideal para visitar Santa Mariña y Armea es en torno al 18 de julio, festividad de la Santa, cuando se recorren en procesión la mayoría de los lugares que hemos venido presentando e incluso se celebra una ceremonia de bendición de los campos de la que pocos equivalentes nos quedan.


Fotos: J. Ramón y Xabres da Teixeira
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01/02/2012

A Verea da Louxa, por Tanxilde

Una vez más mi amigo y paisano Kiko Blanco, Tanxilde, honra este blog con  una historia portexa, una historia de trabajos olvidados, de amistad y de iniciación con la Sierra y Trevinca como telón de fondo. Espero que la disfruten tanto como yo.


Joaquín tiene 14 años, su amigo Julio  alguno menos. Estamos en la década de los 60, los americanos están pensando en ir a la luna en un caballo lleno de brío pero manso y dócil a la vez llamado Apolo.
En Porto, más modestos, han preparado otro viaje. Unos treinta kilómetros, pero para ellos es la aventura con la que soñaban desde el año pasado, desde que le hablaron de unos montes altos y unos valles muy profundos, allá por Trevinca, tanto que daban vértigo.
Están atemorizados, por lo que les han contado los mayores de la vereda por la que van a surcar estos días… viajes de ida y vuelta durante una semana. Les quita el sueño el dicho de que siempre se despeña un caballo hasta el fondo del valle, aunque los jamelgos que dispondrán son viejos, torpes y lentos, nada de bravura…
Joaquín, para dominar su temor y distraerse, piensa en una anécdota muy graciosa que hace unos años le hizo reír a carcajadas,  pero ahora ni se inmutan las comisuras de sus labios… se acuerda de fulano… no sé el nombre. Que siendo niño como él iba de camino a la escuela. Era tiempo de matanzas y en esto que se topa con una de ellas, el cerdo tumbado en un banco, rodeado por media docena de mozos, berreaba como reo a muerte. Se le ocurre decir al niño.

- ¡Berra, berra cobarde porque te matan… anda que si tuvieses que ir a la escuela, que no harías!!!!


Lo de ir a la escuela es una broma comparado con lo que van a vivir estos días y este recuerdo que en otro tiempo le hizo reír a carcajada limpia, ni le perturba ni le aparta el pensamiento de la maldita vereda.
El viaje de ida hasta la cantera de pizarra durará seis ó siete horas, por lo que salieron durante la noche para que el amanecer les ilumine el camino a la altura de Moncouvo, donde empezará la subida más fuerte y al mismo tiempo hacerlo de mañana, cuando el sol todavía no calienta demasiado… será un tercio del camino.
Julio lleva un rato mirando  a Joaquín, no entiende cómo puede mantenerse encima del caballo dormido y con las manos metidas en los bolsillos; claro que su padre que va caminando delante, lleva las riendas, (lo que no sabe es que solo lleva los ojos cerrados, pero sus sentidos van en vigilia). El sin embargo va cómodamente tumbado en los “feixes de palla” (manojos de paja) que utiliza como colchón, pero  el traqueteo del carro y el sonido del roce del acero de las ruedas con la  roca del camino le impide dar cabezada…aunque  el choque de las herraduras de los caballos con las piedras del camino, (su padre también lleva en los zapatos “de pao” herraduras, para evitar el desgaste de la madera), que emiten el mismo sonido que los caballos,  le hacen  adormecer…


Al pasar a la altura de la “casa de la Cacheta”, casi le entra el pánico al ver la sombra de los caballos y la silueta de los que iban delante proyectadas por la luz del farol que les iluminaba sobre la pared de la cabaña de ganado. Le recordaba las historias de bruxas y apariciones de difuntos en las veredas al anochecer…sintió como se le erizaban los pelos y le penetró un frío gélido hasta los huesos. Pero… seguramente los lobos y jabalíes, también sentirán ese miedo y saldrán huyendo, por lo que dio por buenas aquellas sombras atemorizantes.
En total para la expedición iban dos carros arrastrados por tres parejas de vacas cada uno, en el que iba Julio tumbado, acarreaba la paja que serviría para amortiguar los golpes de la pizarra y no se rompa en el transporte - entre pizarra y pizarra se pone una fina capa de paja - también además llevaban los víveres para una semana de todos nosotros y en el carro de atrás iban los “mañizos” de hierba para dar de comer a los caballos y vacas.
Allí en la cantera de la Mortera, llevaban unos días tres vecinos más arrancando la pizarra de la roca, por lo que cuando llegasen estaría lista para cargar en los caballos.
Cuando llegaron a la altura de Foio Castaño, allí establecieron el campamento, dejaron los carros y almorzaron un frugal trozo de pan con tocino curado al humo y cocido. Para seguir a partir de allí la vereda que discurría como un filo de navaja por la loma de una  montaña que descendía  hacia la cantera. Todavía le quedaba una hora de camino con los caballos.
Las vacas quedaban a cargo de uno de los vecinos que las pastorearía a lo largo del día y evitaría que se perdiesen en la serranía. Durante la noche habían establecido un perímetro en una vaguada del que no saldrían porque les estarían vigilando a turnos. Y si lo hacían sería porque siempre hay alguna vaca que hace de líder y les incita a seguirle, a buscar más seguridad o alimento. (A estas vacas líderes es a las que se les pone un cencerro (chocallo en su idioma, el portexo) y siempre estarán localizadas.
Terminado el almuerzo empezaron a descender por la vereda, por la derecha se hundía la montaña y formaba un valle profundo y al fondo un bosque donde apenas distinguía los árboles. Dicen los mayores que son tejos y tan espesos que hace pocos años los utilizaban los “huidos “como refugio y santuario. A mitad del camino había un recodo con una roca que sobresalía y en el cual muchos caballos tropezaban lateralmente con la carga y se precipitaban al vacío. Era el punto más peligroso del camino. Ese día hicieron dos viajes de pizarra, el resto de los días harían cuatro, dos de mañana y dos de tarde.


Al llegar con el último del día, siempre poco antes de ponerse el sol, para poder recoger leña, (normalmente brezo seco o piorno) y poder mantener una lumbre para condimentar ciertos alimentos, normalmente asar carne y el lujo de un café de puchero, (eso sí para los mayores), descansaban al calor de la lumbre. No faltaba  la bota de vino que se rellenaba de un pellejo de cabra. Y el agua que utilizaban la proporcionaba el nacimiento del rio Xares unos doscientos metros hacia Trevinca. Cuando las ultimas brasas e historias contadas por los mayores se apagaban, se metían enrollados en una manta entre los mallizos de hierba y los feixes de palla.


 Pegados unos a otros para mantenerse calientes y poder dormir y recuperarse del arduo trabajo. El dormir pegados unos a otros también les daba seguridad ante los habitantes de la noche, fuesen bruxas, lobos o jabalíes, que seguro les acechaban desde la oscuridad. Podían oír las conversaciones entre ellos en forma de aullidos, berridos…El sueño llegaba sin apenas enterarse. Julio y Joaquín se quedaban hipnotizados al ver tantas estrellas brillar en el firmamento, y de vez en cuando surgía alguna de la nada y desaparecía de la misma manera, dejando un rastro, brillante y fugaz. (Por ese mismo camino de los cometas y los dioses, había tres viajeros, de los que estaba la humanidad pendiente, (Armstrong, Edwin y Collins.) Su camino era más largo que el de Joaquín  y Julio, más peligroso y audaz, más excitante y grabado en nuestra historia. Pero el de estos dos niños que en estos días empezaron a cruzar la frontera de la adolescencia. Transformó para siempre su personalidad, entre bruxas, jabalíes, lobos y todos los habitantes de la noche.
Por la mañana ordeñaban una vaca del tío Francisco y comían unas sopas de leche muy calentitas para recuperarse del frio de la noche.


Así estuvieron durante una semana en el mes de septiembre. Julio y Joaquín vivieron la aventura que les hizo sentirse hombres, y sabían que durante los primeros días en la escuela serian la admiración y atracción de sus compañeros… seguramente también la envidia de algunos por este viaje que les ha transportado a otro mundo mágico. Porque habían vivido donde lo hacen los lobos, corzos, jabalíes y… todos esos seres que por las noches nos dan tanto pavor. Pero habían sobrevivido, no habían llegado a la luna… pero la habían tocado entre tantos, aullidos, bramidos y sonidos de las noches estrelladas en la montaña.

Texto y fotos: Kiko Blanco, Tanxilde


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