21 dic. 2011

Días como estos

Hoy, precisamente hoy,  por ser hoy, me apetece escuchar un tango:

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Hace unos años, cuando era jóven, inexperto y sabía tanto de las relaciones de pareja como ahora, estuve de novio con una chiquita del barrio que tardó poco más en descubrir el papanatas que se había mercao que en darle la gran patada.

Eso dolió, amigos: no fue mi primer desengaño amoroso, pero aquella tía estaba muy buena y eso siempre suponía un plus de prestigio. El mentecato - o sea, yo - no tardó en montarse una película para justificar el papelón. El libreto, como no, lo puso el maestro Discépolo con este tango.

Quizás se preguntarán: ¿Tiene esto algo que ver con las fechas que vivimos? Para mí, sí. La interpretación la dejo a su libre albedrío. Todas valen.
En cualquier caso, un año más, alzo mi copa: ¡Por nosotros! Que sigamos viéndonos, al menos por aquí.


La foto no es mía. Es completamente real y la encontré aquí

En días como estos todos andamos especialmente atareados, así que, si no hablamos más, pásenlo lo mejor posible.

11 dic. 2011

Gaiteros de Pedrazales

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"Nací el once de abril de 1934 en un pueblecito llamado Pedrazales de Sanabria, mis padres se llamaban Ceferino y Mercedes, éramos siete hermanos: Tarsicio, María Francisca, Laura, Ana, Tirso, Nieves y yo, Modesto, que era el primogénito.
Durante el periodo comprendido entre los años 1934 y 1944, esos primeros diez años de mi vida, el peor recuerdo que tengo es el hambre, hambre dolorosa, aún hoy si lo recuerdo , siento aquella sensación desagradable que caló tan dentro de mí y de mi familia. Fue especialmente dolorosa para todos aquellos padres  que día a día veían que no tenían nada que llevar a la boca de sus hijos ni a la suya propia.
Recuerdo que frecuentemente yo me acercaba a casa de mi abuelo, el padre de mi madre, que se llamaba José Varela García, a pedirle un pedazo de pan para comer, pero muchas veces no era así, con la consiguiente aflicción que le ocasionaba a mi abuelo esta situación. ¡Qué dificil fue el día a día!


Aquel sábado de abril, cuando la siembra de las habas, comí con mis abuelos un trozo de pan con chorizo, mi abuelo lo acompañaba con un poco de vino que tenía en una calabaza. Tras el banquete, me pidió que le acompañara a hacer la siembra de las habas, yo acepté encantado. tenía cinco años.

- Mira, Modestico: cuando yo abra el surco, tú metes las habas de dos en dos o de tres en tres, ¿vale?
- ¡Vale! - le contesté.

Me dio una bolsa con habas y empezamos la siembra. Al cabo de un rato yo ya estaba cansado de tanto haba, y en vez de dos en dos o de tres en tres, empecé a tirarlas de cuatro en cuatro hasta cinco o seis. El cuando se dio la vuelta para tapar los agujeros recogía las sobrantes, pero tras seis o siete agujeros me dijo con el genio que le caracterizaba:

- ¡Pero coño! ¿No te he dicho que de dos en dos?

Y comenzó a correr detrás de mí. Al ser cojo jamás pudo darme alcance, mis travesuras a veces le sacaban de quicio, pero acto seguido me llamaba aludiendo que no me pegaría. Yo me acercaba y así era, me colmaba de besos."
Modesto Espada Valera. La vida de un viejo carrilano sanabrés. P. Uribe, julio 2011.  En Facebook



Las vivencias narradas por Modesto en estas Memorias les resultarán muy familiares a todos los que tienen sus orígenes en nuestra comarca: el hambre omnipresente, el pastoreo por las sierras, la artesanía de subsistencia, los trabajos en la línea del ferrocarril a Galicia - los carrilanos del título - y en las presas de Moncabril, la emigración... y los regresos estivales a una tierra de la que es dificil desvincularse. Historias conocidas pero que pocas veces se han plasmado en papel.

Modesto, además, puede presumir de formar parte de una de las más importantes dinastías sanabresas: los Gaiteros de Pedrazales. Su hermano Tarsicio y él constituyen la cuarta generación... y ya tienen el relevo asegurado. A ellos les tocó bregar con los momentos más complicados de la música tradicional, cuando fue abandonada por la juventud y las fiestas se llenaron de "orquestas". Los dos hermanos se empeñaron en salvaguardar las viejas tonadas, en enseñar a quién estuviese interesado, en mantener viva la llama. Gracias a ellos - y a otros pocos locos como ellos - cuando llegó el momento de la revalorización y se abrieron escuelas como la de Puebla - podemos hablar de un hilo conductor de los viejos tiempos hasta el presente y el futuro.



Este viejo carrilano cuenta su vida con sencillez, quizás más como una charla al final de una cena de sanabreses emigrados que como los antiguos filandones al calor de la lumbre: es el signo de los tiempos. Pero estoy seguro que dentro de unos años este testimonio en primera persona será un tesoro para todos los interesados en conocer la pequeña historia de estos pueblos casi olvidados.


Música: Modesto y Tarsicio Espada en la Feria de Artesanía de El Puente

20 nov. 2011

Bosque de Castañeiros



"Señor: es hora. Largo fue el verano.
Pon tu sombra en los relojes solares,
y suelta los vientos por las llanuras.

Haz que sazonen los últimos frutos;
concédeles dos días más del sur,
úrgeles a su madurez y mete
en el vino espeso el postrer dulzor"

Rainer Maria Rilke. Día de Otoño


"Querría llevar a la ciudad las frutillas del bosque, pero no en un cesto: querría que las mismas frutillas se movieran, como un ejército bajo mi mando, que marchasen sobre sus propias raíces hasta las puertas de la ciudad. Querría que los ramos cargados de moras se encaramaran por los muros, querría que el romero y la salvia y la albahaca y la menta invadiesen las calles y las plazas. Aquí en el bosque la vegetación sofoca de tan densa, mientras que la ciudad permanece cerrada e inalcanzable como una árida urna de piedra"

Italo Calvino. El bosque-raíz-laberinto



"Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar con ellos, quien sabe escucharles, aprende la verdad. No predican doctrinas y recetas, predican, indiferentes al detalle, la ley primitiva de la vida.

[...] Los árboles tienen pensamientos dilatados, prólijos y serenos, así como una vida más larga que la nuestra. Son más sabios que nosotros, mientras no les escuchamos.Pero cuando aprendemos a escuchar a los árboles, la brevedad, rapidez y el apresuramiento infantil de nuestros pensamientos adquieren una alegría sin precedentes. Quien ha aprendido a escuchar a los árboles ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es. Esto es la patria. Esto es la felicidad"

Herman Hesse. El Caminante



"Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida; ¡es tan hermoso el vivir!; tampoco quise practicar la resignación, a no ser que fuera absolutamente necesaria. Quise vivir profundamente y extraer toda la médula de la vida, vivir en forma tan dura y espartana como para derrotar todo lo que no fuera vida, cortar una amplia ringlera al ras del suelo, llevar la vida a un rincón y reducirla a sus menores elementos, y si fuera mezquina, obtener toda su genuina mezquindad y dar a conocer su mezquindad al mundo, o si fuera sublime, saberlo por propia experiencia y poder dar un verdadero resumen de ello en mi próxima salida"

Henry David Thoreau. Walden: La vida en los bosques


Las entradas de otoño ya empiezan a ser tradición en este blog: el año pasado nos fuimos al Robledal y el anterior, a por setas (o nos las encontramos).


Música: John Coltrane, Wynton Kelly, Stan Getz: What's new? -  Autumn leaves

Fotos: Castiñeiros en el Alto del Castro, entre Barrio de Lomba y Cobreros

Pd. Una vez más otras tareas me impiden visitas, publicaciones y comentarios al ritmo que me gustaría. Y una vez más les pido disculpas por ello: intento recobrar la normalidad lo antes posible. Gracias.

8 nov. 2011

La Carga del Alcalde de Trefacio


Mientras los dos próceres llamados a guiar los destinos de este país durante los próximos cuatro años nos ofrecen un lamentable retablo de títeres pagado por todos - menos mal que vamos a escote - donde uno se viste de Don Tancredo y el otro de Espíritu de las Navidades dickensianas, uno de nuestros paisanos se desgañita, anuncia huelga de hambre y se va andando hasta la capital, todo para lograr un mínimo espacio en los medios y que se hable de lo suyo: que Trefacio, el ayuntamiento por el que fue elegido alcalde en las últimas municipales, está en la ruina y sólo deudas, no servicios, puede ofrecer a sus ciudadanos. Y dice Jesús Ramos - nuestro paisano - que no es cosa de ahora ni es por haber vivido por encima de sus posibilidades, que durante muchos años - casi treinta - el ayuntamiento se gestionó a la buena de Dios, sin aprobar presupuestos, sin pagar a proveedores, sin justificar subvenciones - que, por lo tanto, ahora hay que devolver... Y lo que es más grave: que era cosa sabida, que había denuncias y reclamaciones ante los organismos competentes, que quienes tuvieron el deber de supervisar - administraciones o incluso partidos - miraron contumazmente hacia otro lado, ya sea por desidia, ya por intereses más o menos mezquinos. Y cuando todo explota, cuando Fenosa corta  la luz y no hay dinero para pagar ni a un administrativo, hay quien se sigue lavando las manos y echando la mierda por el corredor.

En fin: que me gusta la cruzada de Jesús: como al Quevedo de Alatriste sólo le queda batirse. Y espero que - por el bien de los vecinos de Cerdillo, Murias, Trefacio y Villarino - tenga suerte. Siempre he pensado que en estos pueblos pequeños se ven los entresijos de la gran política con (demasiada) claridad.

Y a veces hieden.


Nota 1. Permítanme que por primera vez en la historia de este blog deshabilite los comentarios: prefiero que las muestras de apoyo, las preguntas o las aclaraciones - como siempre: si las hay y les apetece - las hagan directamente en el propio blog de Jesús o en facebook.

Nota 2. Fotos: David ¡Gracias!

6 nov. 2011

El "Castrado" de Mombuey


El 17 de diciembre de 1791 nació en Mombuey Pedro Francisco Escudero Martínez. Hijo de una familia muy humilde, su destino no parecía  diferente al de otros tantos niños en el mundo rural de la época; más complicado si cabe cuando pocos años después fue atacado por un cerdo y perdió los testículos en el lance. Antes del cambio de siglo - ni las fechas ni los motivos están muy claros - la familia se estableció en Valladolid y Pedro Francisco entró como niño del coro - seise - en la capilla de música de la Catedral. Al cumplir los dieciocho años, en 1810, fue nombrado violinista segundo de la seo. No era corto progreso, pero en España se acercan tiempos turbulentos: en 1812 las tropas napoleónicas invaden el país y la lista de destrozos se extiende por todo el territorio. Sin embargo, hay un jefe del ejercito francés - su nombre no ha transcendido - que se prenda del talento musical de Pedro Francisco y lo lleva consigo a París para que complete su formación musical. Es el inicio de su excepcional carrera como violinista, que le llevará a triunfar en los grandes teatros de toda Europa.




No regresó a España hasta 1830, cuando se presentó en los salones Santa Catalina de Madrid en compañía del pianista Pedro de Albéniz. La acogida fue clamorosa y ambos obtuvieron plaza como profesores en el Real Conservatorio de Música que la reina María Cristina, esposa de Fernando VII venía de poner en marcha. Decía Albéniz de su compañero que "era un excelente cantante, cuyo arte conocía perfectamente, con una gran voz de tenor y pocos cantantes de fama podrían  aventajarle en su buena escuela y manera de expresar"  - dada la naturaleza de la mutilación sufrida, es razonable pensar que su registro estuviese más cerca de contra tenor, o incluso de soprano.


Tras apenas tres años en el puesto, Pedro Francisco abandonó la capital para seguir ofreciendo conciertos por todo el mundo. Parece ser que en 1851 pasó por Mombuey, o, al menos, así lo afirma uno de sus biógrafos - quizás para comprobar in situ cuan largo había sido el camino desde la "choza" donde nació hasta sus momentos de gloria. Murió en 1868 en el Consulado General de España en París: en su testamento legó dos de sus mejores violines - uno de Antonius Stradivarius y otro de Petrus Guarnerius - al Cabildo de Valladolid "en agradecimiento a los muchos favores que había recibido en su infancia". Violines de los que, por cierto, no se conoce el destino.


Desde 2005, cuando se le nombró hijo predilecto, una placa honra en su pueblo natal la memoria de Pedro Francisco Escudero. El Mombuey de hoy, capital de facto de La Carballeda y uno de los centros económicos de nuestras comarcas, poco debe tener en común con el de doscientos veinte años atrás. Pero sí hay algo que permanece tal y como fue en los recuerdos de Pedro Francisco: la espectacular Torre de la iglesia - que ya hemos visitado otras veces. Desde su construcción en el S.XIII - por la Orden del Temple, según se dice - es imposible no fijarse en ella desde cualquier rincón del pueblo y siempre, siempre se acaba por encontrar algún detalle antes inadvertido.





Nota: Una recomendación para los interesados en la situación "política" de nuestros pueblos: El Blog Personal de Jesús Ramos. Jesús es el alcalde elegido por Trefacio en las últimas elecciones y se ha encontrado con situaciones... ¿complicadas? Este blog es una buena muestra de los problemas a los que se enfrentan no pocos ayuntamientos del mundo rural... y de las armas con las que cuentan.

30 oct. 2011

Joaquín Díaz, Luis Díaz Viana: Recuerdo y Profecia


El filólogo y antropólogo Luis Díaz Viana es un reconocido experto en cultura, folklore y tradiciones populares. Licenciado por la Universidad de Valladolid, su carrera académica abarca estancias en Berkeley, Salamanca, el CSIC y, en la actualidad, ejerce como profesor de investigación en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología. Ha recibido diversos reconocimientos a su trabajo, como el Premio Marques de Lozoya o el Agapito Marazuela. De entre su obra habría que destacar sus estudios antropológicos sobre Castilla y León y la recuperación de varios cancioneros tradicionales y leyendas populares.


Joaquín Díaz - perdonen el tópico - no necesita presentación: nacido en Zamora en 1947, es uno de los más grandes folcloristas de nuestra tierra. Sus trabajos de campo recogiendo canciones y cuentos por los pueblos, sus grabaciones, la labor de catalogación y divulgación ejercida desde la Revista del Folklore y la Fundación que lleva su nombre son ejemplo y ayuda para cualquiera que sienta el mínimo interés por la cultura tradicional.


En 1977, Joaquín - con la participación de María Salgado - publicó un disco que ha quedado como una auténtica rareza en su larga carrera: "Recuerdo y profecía por España", un intento de "...reflejo subjetivo de experiencias vividas, temblorosa intuición de un futuro próximo" . En él se alejaba por primera - y casi única - vez de las canciones y cuentos tradicionales recogidos en su discografía para musicar la obra del que entonces era un poeta novel: sí, Luis Díaz Viana.


Durante largo tiempo he perseguido esta grabación. Yo soy un lector voraz - más de ficción antes, más de ensayo ahora - pero debo reconocer, y no me averguenza, que a la Poesía he llegado a través de la música; y una de las primeras veces que sentí la fuerza de ese "lugar extraño de donde viene la Poesía" - dice bien Cohen - fue con el segundo corte de este elepé:


Ábreme tu puerta, nadie nos verá:
necesito de tu amor esta noche.
No sabes nada de mi, sólo mi nombre,
y puede que mi nombre no sea verdad;
pero ábreme tu puerta, nadie nos verá:
necesito de tu amor ,
necesito de tu amor esta noche.

¿Qué más puedo decirte, que el camino
se llevo mis verdaderas ilusiones?
¿Que traigo mi verdad vieja y cansada
por la absurda fiereza de los hombres?
No, solamente te diré:
necesito de tu amor,
necesito de tu amor esta noche.

No me importan cuántas fueron las bocas
que aprendieron a ser fuego entre tus labios,
ni me preguntes cuáles fueron los ojos
que a mirar tan tristemente me enseñaron.
No, solamente te diré:
necesito de tu amor,
necesito de tu amor esta noche.

No me importan los ojos ni los labios,
te amaré como si fuera al fin la muerte
y no el sol quien mañana nos despierte,
como si fuera este nuestro último goce.
Para llenar mi abismo con tu cuerpo
necesito de tu amor,
necesito de tu amor esta noche.



Letra: Luis Díaz Viana - Música y voz: Joaquín Díaz


Recientemente conseguí el disco. Para mí, este poema mantiene el mismo poder que cuando lo descubrí.  No puedo ser objetivo, claro: en mi memoria particular sigue ahí, en la estantería del Big Bang, junto a Aullido y las Coplas por la muerte de su padre.
1. Fotos: Zamora bajo la lluvia
2. Ésta va para El Tejón que salió de su cueva... pero se quedó en la puerta donde empiezan otros caminos. Sé que volverá para recorrerlos, porque los ha visto... y porque están ahí. Para mis nuevos viejos amigos J. y M. ¡Abrazos!


19 oct. 2011

Romance de la Venta del Ánima Perdida ( y II)


(viene de aquí)

Cuentan las crónicas, mi señor, que Modesto abandonó la Venta presa de la desesperación. Pensó en volver a casa, desandar camino y buscar consuelo en su recogimiento. Y dicen que las lágrimas corrían por sus mejillas y que bajo un roble se arrodilló y rezó a la Virgen de Carballeda, que era su gran devoción. Y luego decidió apurar la senda hasta el final, pues sólo el dinero prestado salvaría su situación. Y cuentan también que Modesto llegó en Galicia ante la puerta del prestamista, y que llamó y no le abrieron, le confundieron con un pordiosero. Quiso explicar que lo tuvieron cautivo una semana, a pan y agua mantenido y sin poder asearse en una palangana. Entonces le soltaron los perros.

Modesto regresó allí donde vivía sumido en negra tiniebla, pues los que cobrarle querían en llegar no tardarían; sus hijitas y su esposa no lo podrían consolar. Mas vos sabéis que siempre hay gente mala y algunos vecinos del lugar decían “mira éste cómo anda por estirar más el brazo que la manga”. Y cuando llegó el día aciago y lo citaron en el juzgado, Modesto volvió a tomar camino, hacia la Villa esta vez, pero quiso dar un rodeo y pasarse por Rionegro y ante su Virgen postrarse y rezarle, al menos, un Credo. Luego continuó por las riberas del Tera pasando por Codesal, Sandín y Robledo.


Divisando Ungilde se cruzó con un caballero: iba tan abstraído que casi cayó a las pezuñas de su cabalgadura. “¡Voto a tal, paisano! ¿No tenéis ojos en esa cara tan dura?” Modesto reparó entonces en su presencia: el jinete vestía todo de negro, negro su pelo, negra su montura; lucía una barba bien recortada, el gesto adusto, los ojos entrecerrados guardaban su mirada. “Disculpadme, señor: tengo tantas cuitas en la mollera que no puse mi atención en la carretera”. Inquiriole el otro por sus problemas y Modesto se los contó. “Amigo” - contesta - “Voy a hacer algo por vos: debéis llegar a la Puebla y plantaros ante el juez. Decidle que yo, Luis Ceferino, soy vuestro defensor. Que aguarde mi llegada, aunque pudiera tardar, porque es importante que me escuche antes de sentencia dictar.  Decillu bien alto: Luis Ceferino, os habéis de acordar”.


Y Modesto lo hizo tal como el caballero lo dijo: llegó a la Puebla, entró en el tribunal y al juez pidió la venia para un tiempo aguardar. Ya van sonando cuartos, ya van sonando las  medias, ya el demandante se viene a protestar, ya el juez y el secretario se empiezan a encenegar; se abre entonces ya la puerta y entra Luis Ceferino con un donaire sin par. “Disculpen vuesas mercedes por lo que les he hecho esperar, mas he estado ocupado con las pruebas que ahora quiero mostrar. Estuve cociendo habones y luego los fui a sembrar y quise dejarlos bien regados antes de venir para los juzgados” “¡Hola! Espera que esperarás y nos llega este tarado” - se oyó decir al posadero - “Nunca en la tierra ha germinado lo que en la olla ya ha sido cocinado” Luis Ceferino se giró triunfante: “¡Ay, tunante! ¡Ni jamás dos pollas nacieron después de que se frieron! Sin pollas no hay huevos y sin huevo no hay gallina; sin gallinas para vender no hay monedas para coger y sin monedas cogidas no hay tierras ni alquiladas ni vendidas... y así, sin límite ninguno. Si es cierto que mi habón no germina, de tu huevo tampoco habrá gallina y éste es mi alegato final contra acusación tan dañina”.


Allí acabó el juicio, mi señor, y uno por uno abandonaron la sala. Dicen que en la Costanilla Luis Ceferino alcanzó al ventero del Ánima Perdida: “La Justicia de este mundo te ha dejado en libertad, pero en el día de tu muerte yo te volveré a buscar” y riendo marchó para el Azogue do su caballo tenía en esa posada que llaman la Posada de la Villa. A grandes voces llamole Modesto, que por la cuesta corría, a agradecerle su elocuencia antes de la despedida.


“Pobre cuitado” - contestole el caballero, ya subido en la su silla – “Por vestirme de abogado yo ya he sido bien pagado. Antes de encontrarte con el mesonero, cerca de tu casa había a quien buen dinero debías: me convocaron, un alma infame me presentaron. No quisieron que otro antes mordiera del plato que ya está en su mesa. Te tienen los colmillos en las gorjas y ahora vendrán por tu bolsa, y tras tu bolsa tu hacienda y todo cuanto ganaste trabajando tu vida entera. Decís aquí en la tierra que la mancha de la mora, con mora verde se quita; en los infiernos decimos que el lobo que muerde primero come delante del compañero”.

Y aquí, mi príncipe, daremos fin a este cuento; aunque de Modesto la historia sigue y sigue, bien es cierto, permitidme que me calle justo en este momento, antes que vuelva a casa y tope con los usureros, aquellos de su comarca que le prestaron dinero.

Adaptación libre de un cuento tradicional sanabrés 

Pd. ¿Les apetece comentar cómo acaba para ustedes el cuento? ¿El Qué Sucede cuando Modesto regresa?

16 oct. 2011

Romance de la Venta del Ánima Perdida (I)

Cuentan los que saben, mi señor, que no ha demasiados años vivía en un lugar cercano a Muelas un honrado propietario al que una mala cosecha y tres negocios mal llevados le enseñaron los dientes de la bancarrota. Necesitaba con premura Modesto – tal era su nombre – algunas buenas monedas de oro con las que comprar simiente y también afrontar los pagos de intereses de deudas añejas que tenía; mas los prestamistas de la comarca, tal vez por la poca fianza o por la husmia de una ganga fuera, no dieron en abrir sus bolsas. Quiera ser que a Modesto le hablaron de otro usurero más allá de las Portillas, que por fuerte mordida dejaba su dinero a quién a su casa fuera.



Y así, oh, príncipe, fue como una mañana de primavera Modesto despidiose de su esposa y de sus hijitas pequeñas y tomó el camino que viene de Zaragoza y hasta la Galicia llega. Llevaba el hombre de presupuestos y de cábalas la cabeza llena, por mucho que debatiera necesitaba esas monedas: quisiera el Dios de los cielos que, con la semilla nueva, la próxima cosecha fuera de las buenas; así pagaría sus deudas y hasta de comer hubiera. Y en éstas pasó la Alcobilla y ni miró sus castaños romanos, dejó atrás el puente de Trefacio sin reparar en su ciencia, ni vio en las orillas del Lago a los monjes pescar cuantas truchas quisieran. Le cogió la noche ya en las cuestas de Sotillo y hasta se levantó una cervisca de principios de primavera. Cayó entonces en la cuenta de cuándo dejó atrás la última venta y que en el camino que llevaba no encontraría cobijo durante la noche entera. Estaba ya por volver sobre sus pasos cuando en el recodo de una quebrada divisó una luz: en medio de la llovizna le pareció la más bella que jamás viera. Se acercó con cautela. Era una casa nueva, de piedra humilde pero muy bien puesta, de pizarra gruesa y humeante chimenea; el resplandor en los ventanucos era invitación cierta. “La Venta del Ánima Perdida” rezaba un letrero en el dintel de la puerta. “Será nueva” - pensó Modesto, que nunca antes oyó hablar de ella. Al ir a picar, le abrieron.


“Entrad, caminante, entrad si es vuesa voluntad. Tengo buen fuego y comida y la noche afuera se anuncia fría”  El ventero era un hombre de corta talla y grande barriga y en su cara la sonrisa mucho era lo que prometía. Modesto se sintió realmente agradecido de tan cordial bienvenida. “Amigo, hoy sois sin duda la salvación mía” - le dijo. “No pensaba que en la sierra tan arriba una venta nueva habría. Mas debo decir, buen posadero, que poco dinero es el que traigo en la cesta: cenar quiero, pero sin gastar mucho dinero” “Decidme vuesa merced qué os puede apetecer” “Pues tal vez de caldo una escudilla, o unos huevos de gallina fritos al amor de esa lumbre danzarina” Díjole el posadero: “Unos huevos fritos en buena manteca fresca no subirán demasiado vuestra cuenta”.

Y así, mi señor, Modesto comió los huevos en un escaño junto al fuego. El posadero revisaba legajos a la luz de uno de los varios candiles encendidos y no le dio más conversación. Parecían estar solos los dos. Modesto reparó en que la casa se veía limpia, ordenada; con muchas luces y muebles de castaño labrado con cuidado, hasta trébedes y morillos de hierro bien torneado. Preguntose para sus adentros si un negocio así en la sierra daría buen rendimiento. Al poco, satisfecho, terminó su cena y antes de buscar el jergón quiso saldar la cuenta. “Dormid y no penéis, caminante: tengo aquí tarea y pasaré la noche en vela. A la mañana, por seguro, me daréis la paga entera”


Y llegó el alba, engalanada por miriadas de diminutas perlas que la lluvia prendió en la yerba antes de su retirada. Ya el sol en los ventanucos guiñaba, ya Modesto con agua fría se aseaba, acercose el posadero a pedirle su soldada: “Éste es el precio fijado por el servicio prestado” y hasta la mesa crujió bajo el montón de papeles que allí posó. Modesto miró al posadero, miró los legajos, miró la suma que allí ponía: el color de la cara se le iba y se le venía. “Todo esto... ¿por vuestro cobijo y haber cenado dos huevos fritos?” “Todo está escrito” - el otro chascó la lengua - “¿No ha oído usted, buen caminante, de lo que vienen llamando lucro cesante?”

“De dos huevos que cenaste, dos pollas me mataste. De dos pollas, centenares de huevos. De centenares de huevos, docenas de gallinas. De docenas de gallinas, miles de huevos. De miles de huevos, centenares de gallinas. Y así, sin límite alguno. Pero pudiera ser que con los beneficios de los huevos y las gallinas quisiera comprar tierras y luego venderlas; o mejor: ponerlas en renta. Y así tendría cosechas y de cosechas, beneficios, y de beneficios, más tierras... Y así, sin límite alguno. Mas os tengo en buena estima y estaréis de acuerdo conmigo en que éste que os presento es precio para un amigo” “Pero...¡Yo no tengo tanto dinero!” “¡Oh, maldito sea tanto quiero y no puedo! ¿Habéis gastado por encima de lo ganado? Pues ya veréis, caballerete, como esto la guardia lo soluciona en un periquete”


Y Modesto contempló, abrumado por el terror, como el que anoche semejaba un amable barrigón, se convertía de pronto en un lobo sin control. Cogiole por los cabellos, por el suelo lo arrastró, encerrole en un zaguán y grandes candados le echó. Siete días con sus noches Modesto encerrado está hasta que la Hermandad de la guardia por allí le dio en pasar.

Cuando hallan al prisionero
aflojan la su bolsa, lo primero,
y es al maldito posadero
a quien entregan el dinero

“Esto es un pago a cuenta de lo que queda por saldar” Levantan acta los guardias, le dicen que del juzgado pronto lo van a citar y, después de reírse en su cara, lo dejan continuar.

(continuará)

15 oct. 2011

8 oct. 2011

De la fe


Los dos hombres se acodaron en la baranda de piedra. A su frente, después de bajar una doble escalinata, se extendía un jardín donde el arquitecto quiso recrear una naturaleza ordenada y, por lo tanto, artificial. Jóvenes parejas se arrullaban entre los matorrales. Las madres vigilaban los juegos de sus cachorros. Caía la tarde sobre los barrios de más allá del río.

- Tengo fe - dijo uno de los hombres - en que algún día cualquiera de estas ovejas levantará la cabeza entre el rebaño y dirá "¡basta!". Que se acabó. Que los perros no van a poder mantenerlas sumisas para siempre. Que los pastos para todos están en otra dirección y hay quién conoce el camino. Que los nuevos tiempos ya están aquí.

El otro apagó los restos de un cigarrillo contra el tacón de su zapato y guardó la colilla.

- Y habrás cambiado un salvador por otro, Carlos. Esa oveja tuya, la que levante la frente, se convertirá en pastor. Con sentimientos de pastor, con preocupaciones de pastor. Considerará que ella es la elegida para comunicar al resto de las ovejas - pobrecillas - cuál es el pasto verde. Y deberá equiparse bien para su tarea, una tarea tan importante que sin ella el rebaño no podría sobrevivir. Y mantendrá los perros, claro; también los secretos: no siempre todos pueden entender lo que es necesario hacer.

Abajo en el jardín un padre reunió sus zagales a voces. Los adolescentes se besaban con un punto más de urgencia.

- Yo también tengo sueños, Carlos - continuó - Creo en algo que nunca se ha visto. Eso es tener fe, ¿no?. Pues entonces, tengo fe en que algún día tus ovejas tomarán consciencia de ser manada y no rebaño. Que lo que puedan hacer será juntas, que se mueven tan rápido como la más lenta entre las suyas. Que la mentira nunca beneficia, que los negocios no son engaños. Que si hay para todas ¿por qué acumular? Y si no lo hay ¿no será mejor buscar entre todas?
- Nunca entendiste el mundo real.
- No.
- León, si comparas nuestros sueños verás que no son muy diferentes. Tú piensas que mi método es erróneo. Yo pienso que el tuyo es imposible. ¿Qué podemos hacer?
- ¿Y si nos olvidamos de la fe... y nos ponemos a andar? Los pasos correctos, los naturales. Desde el presente. Los actos de cada uno cambian el mundo. Y millones de granos de arena forman una duna que nadie puede contener.

Una corneta llamó al cambio de guardia en palacio.

- Vámonos, León. Conozco una bodega aquí cerca donde sirven un vino dulce que sana todo el mal sabor de boca. Mira... muchos han tenido, y tienen, fe en que tras la muerte alcancemos un mundo mejor. El miedo a que eso no suceda, a la expulsión de ese edén, ha permitido a unos cuantos manejar el rebaño a su antojo. A veces mejor y a veces peor, pero no hablamos de eso ahora. Tú y yo pensamos que éste es el mundo, ésta es la vida que tiene que ser mejor: tenemos fe en que es posible lograrlo. La fe nos ayuda a mejorar.
- Entonces piensas que es imposible avanzar sin muletas.
- ¿Sin muletas...? Ah, sí, creo que no se puede avanzar sin ayudas.
- Tomemos ese vino cuanto antes, Carlos. Porque yo podría contestar que el mundo mejor es primero una consecuencia y no un objetivo; entraríamos entonces a definir qué entendemos cada uno por mundo mejor, consecuencia y objetivo... Y te aseguro que no terminaríamos nunca.

Y ésta es mi contribución a la convocatoria para hablar de La Fe en la blogsfera, lanzada por Pensamientos JFS  y blog.artecar24.com  El diálogo forma parte de un """ relato ejemplarizante""" (sí, con muchas comillas) de esos del cajón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez abandonado, silencioso y cubierto de otros papelajos varios...  Tal vez hoy no lo escribiría; pero, a pesar de ello, sigo asumiendo lo que cuenta y creo que encaja en la convocatoria, por lo que intentado adaptarlo un poco y compartirlo con todos ustedes. Espero su benevolencia con este - que fue - joven aprendiz de escribidor... y aprendiz sigue siendo.