10 may. 2010

El declive de los Losada ( y II )

(viene de aquí)

Pasaron algunos años. Martín tuvo varios hijos con su esposa portuguesa, pero no le sirvieron para atemperar su carácter. Por el contrario, una vez asegurada la descendencia  abandonó sus deberes conyugales y cayó en la depravación más disoluta. El solar de los Losada menguaba a ojos vista ante el empuje de los Pimentel, que, jugando con tino sus bazas en la corte, medraban en su poder a costa de los antiguos rivales. Belarmina y su madre habitaban la casa como fantasmas: cumplían sus funciones con diligencia, pero buscaban siempre los rincones donde no ser vistas y evitaban la presencia de su señor. Esperaban su momento.

Belarmina trabó gran amistad con el anciano Sisebuto, un antiguo monje que cumplía las funciones de escribano de la familia. Sisebuto, que había conocido y apreciado grandemente a Tirso, trasladó el cariño del padre a la hija y se divertía enseñando a la joven las primeras letras, a lo que Belarmina atendía con afán. Un día, al entrar en la biblioteca, Belarmina encontró a su maestro inclinado sobre un libro lleno de incomprensibles símbolos, que cerró de inmediato al percatarse de su entrada. Era un volumen de gran tamaño, encuadernado en negra piel con grabados de oro.
¿Qué leéis con tanta atención?” -preguntó ella- “Nunca había visto un libro como éste
Oh, nada importante” -dijo él, colocándole al tiempo en una estantería un punto aparte- “Un antiguo manuscrito de algún loco que jugó con cosas prohibidas entre los mortales. Pero ven, quiero ver cómo lees las Vidas de Santos...
Belarmina hizo como que no le daba mayor importancia e inició las lecturas que les eran comunes. Mas esa misma noche, cuando todos dormían, volvió con un candil sordo en busca del libro oculto. Le costó mucho discernir que versaba sobre una ciencia llamada alquimia y la forma en la que es posible tratar y mezclar los elementos para obtener esencias diferentes.

Volvió la noche siguiente y la otra y la otra, fascinada por unos conocimientos crípticos que sólo con gran trabajo conseguía asimilar. Luego se ofreció para las tareas que le permitían salir lejos de los muros de la fortaleza y hay quien dice que entonces buscó ensimismada plantas, hierbas y minerales como las reflejadas en el libro. Ni siquiera a su madre puso al corriente de sus quehaceres.

Y cuentan, oh, príncipe, que una tarde de otoño martín de Losada volvió a casa tras una montería, ahíto de vino y juergas, solicitando de inmediato un baño para aliviar su abotargamiento. Y Belarmina, que como sabemos llevaba ya un tiempo evitando a su señor, se unió al grupo de servidores que prepararon la tina de agua caliente, los lienzos y los aceites. Y dicen que aún ahuecó su escote e incluso le dedicó miradas intencionadas mientras Martín se despojaba de sus ropajes, y que él fue sensible a sus encantos.
Me resultáis conocida, mujer” -dijo, entrando en el agua- “Y me están dando ganas de darle un vistazo a eso que escondes a duras penas bajo la camisa
Sabéis que estoy aquí para serviros, mi señor” -dijo ella, con prometedora sonrisa “Permitidme que os regale con estas sales que harán vuestro baño más... vigorizante

Y cuentan quienes lo vieron que Belarmina sacó entonces de su regazo un pequeño atado, del que vertió en el agua así como unos cristales amarillos que parecían brillar como el oro. Y que el agua de inmediato borboteó y humeó, y el Losada daba gritos pavorosos “¡Me quemo, me quemo!” y trataba de salir de la tina, pero la carne se le caía a trozos y crepitaba y borboteaba y humeaba... hasta que, en pocos minutos, sólo quedaron los huesos. Y Belarmina contempló la horrorosa agonía de su violador sin separar la vista ni un instante, y al final dijo, con voz clara y firme: “Este felón ha visto en vida lo que otras sólo veremos tras la muerte”

El final de la historia, mi señor, es, como tantas otras veces, incierto. Hay quien asegura que al amanecer siguiente, Belarmina, tras encomendar su alma a Dios pero sin ningún arrepentimiento, fue descuartizada entre cuatro caballos salvajes. Otros, por el contrario, dicen que salió caminando de la sala con la cabeza bien alta y que, de inmediato, partió junto a su madre hacia el monasterio de Vime, donde vivieron en santidad hasta el final de sus días.

Lo único cierto, mi príncipe, fueron las palabras de Belarmina: le mostró al Losada en vida lo que otros sólo verán tras la muerte.

Y ella se alegró mucho de hacerlo por su propia mano.

38 comentarios:

  1. Esplendido final para un gran relato. Me encantó Xibeliuss.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Nuestra más sincera en hora buena. Sin duda sabes escribir y describir haciendo posible que nos traslademos a esos haciendas de amos y vasallaje. Sin querer comparar ni encontrar similitudes, conforme te leíamos, rememoramos esa magnífica obra de la Pardo Bazán: "Los pazos de ulloa".

    Un abrazo, y esperando ya la próxima lectura de tus relatos.

    ResponderEliminar
  3. Muy buen relato, monsieur, y con el mejor de los finales. Como en las viejas historias, no se sabe qué fue de Belarmina, si murió descuartizada por los cuatro caballos o terminó sus días en el monasterio, que la tradición va introduciendo variantes.

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  4. Pues ya tuvo paciencia....
    Buen relato,si señor.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  5. Prefiero pensar en que el final fue que Belarmina y su madre, si no les quedaba otra, partieran hacia el monasterio y pasar allí sus últimos días. En cuanto a Martin,que horror!!pero tuvo su merecido!!.
    Me alegro de tu vuelta.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Gracias, Logan, Lory.
    ¡Ponéis el listón muy alto!
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  7. Merci, Madame
    He querido jugar con eso: el hecho real -aunque éste no lo sea- que se transforma en leyenda y va incorporando variaciones con el paso del tiempo.
    Feliz tarde

    ResponderEliminar
  8. Fosi, yo pienso que eso es lo que decidieron madre e hija ante la tumba de Tirso: paciencia y esperar el momento propicio para la venganza.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  9. Siempre es un placer volver, Arena.
    En cuanto al final, ya sabes: cuanto más horrible era la muerte del "malo", más ejemplarizante el cuento.
    Un abrazo, Arena

    ResponderEliminar
  10. Una cruel pero dulce venganza.
    Comprendo a Belarmina, yo hubiera actuado igual.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
  11. Muy buen relato, Xibeliuss, final entre aromas medievales y luz trepidante de chimenea sanabresa. Recuperas y recreas de manera espléndida la tradición oral. Enhorabuena.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  12. Que, además, consume fria, como mandan los canones.
    Un abrazo, Carolina

    ResponderEliminar
  13. Gracias, Marisa. Es uno de mis objetivos, con lo cual me haces un gran elogio.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  14. Qué final . Me imagino al de Pimentel desapareciendo de la misma forma que el alemán aquel de la película "Indiana Jones y al última cruzada" (escena, por cierto, que me repugna bastante, jejej). Qué miedo.

    Ahora flata otra parte en la que el espíritu del muerto se aparece a los habitantes de la Torre y de sus alrededores....

    Un saludo

    ResponderEliminar
  15. Menos mal que prefiero la ducha si no me acordaría del caso toda la vida.

    ResponderEliminar
  16. No me esperaba este final, pero me ha gustado y ademas me pasa lo que a Logio, menos mal.

    Un abrazo
    el lio de Abi

    ResponderEliminar
  17. Ay, Carmen: la vieja casa-palacio de los Losada es ahora un centro cultural y biblioteca que es uno de los orgullos de la comarca ¡no mentes fantasmas en sus pasillos!
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  18. jajajajaja Ya te veo revisando el precinto y la composición de todos los geles de baño, Logio

    ResponderEliminar
  19. Me gusta haberte sorprendido, Abi.
    Yo creo que la venganza estaba clara, la cuestión era el cómo.
    Un abrazo, Abi.

    ResponderEliminar
  20. Me ha gustado mucho, Xibeliuss.
    Muy bien escrito y descrito. He "visto" como se consumía Martín en su baño. Muy cinematográfico.

    Me quedo con el segundo final. El menos probable.

    Abrazos.

    ResponderEliminar
  21. Gracias, Enrique.
    Sí, yo también me temo que, en la vida real, fuese más posible la primera opción.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  22. La venganza es un plato que se sirve frío..

    ResponderEliminar
  23. Hola Xibeliuss, te concedo el título de "cuenta cuentos".
    Es uno de mis preferidos, realmente un "cuenta cuentos" es esa persona que cuenta lo mismo que otra sin ninguna diferencia, la diferencia la pone el oyente con la apertura de su boca. Otro día te cuento cuales son sus atractivos, hoy ya tienes bastante. Como tengo la boca abierta podías invitarme a ese café pero lo dejaremos hasta que te visite.
    Saludos

    ResponderEliminar
  24. mmm... sustancia amarillenta... proceso "corrosivo" que desprende calor...

    ¿Usó Belarmina óxido de azufre (IV) que con agua Ácido Sulfurico?

    "Los alquimistas de la Europa medieval conocían al ácido sulfúrico como aceite de vitriolo, licor de vitriolo, o simplemente vitriolo, entre otros nombres.

    El vitriolo era considerado la sustancia química más importante, y se intentó utilizar como piedra filosofal."

    ResponderEliminar
  25. Vaya muerte tan terrible. Estoy convencida de que "salió caminando de la sala con la cabeza bien alta"
    Te ha quedado como un romance de otro tiempo, una de esas leyendas para contar y cantar junto al fuego, rodeado de amigos.
    Estupendo relato con ecos legendarios

    ResponderEliminar
  26. Cierto, José Luis...
    hum, aunque viendo el comentario de Amio, la reacción también aportó su calor, jejeje
    Saludos

    ResponderEliminar
  27. Juno, no sé si merecido, pero es un título que me encanta.
    Saludos

    ResponderEliminar
  28. Amio, siempre es un placer recibir tus documentados comentarios.
    He de reconocer que sí, pensaba en el azufre y en el ácido sulfúrico al narrar la escena.
    Ahora, no me pidas que describa cómo logró la síntesis Belarmina. No he llegado tan lejos en mi documentación ;)

    ResponderEliminar
  29. Muchas gracias, Mª Antonia. Era la idea.
    Seguiremos, pues, escribiendo en servilletas y por la parte de atrás de las facturas.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  30. :)

    Me ha gustado mucho la historia, Xibeliuss.

    Siempre me gustan mucho tus historias. Me gustan en si mismas y me gusta casi todavía más como están contadas porque me llevan de viaje.

    He estado en la estación de Chamberí, he corrido delante del vampiro y he cosido un amuleto para Pajarito.

    En esta de los Losada he estado directamente allí, sentada en un escaño de madera al lado de la lumbre, oyendo a un juglar que cuenta como si el mismo hubiera visto, he rumiado la venganza con Belarmina y he gritado tooooooooma cuando la consumó y luego me que he quedado mirando fijo al juglar que me parecie que si que sabe que fue de Belarmina pero prefiere guardárselo para él para seguir manteniéndola a salvo :)

    Por eso me gusta tanto lo que haces. Porque siempre me llevas allí.

    Un abrazo enorme.

    ResponderEliminar
  31. Eres un cielo, almalaire.
    Y aprovecho para recomendar, a los pocos que aún no lo conozcan, que pasen cuanto antes por http://cuevalagua.blogspot.com/ No saldrán decepcionados.
    Un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
  32. Hola Xibelius. Jo, debo ser muy torpe o muy novata en esto de la blogosfera, porque he seguido tus relatos, pero no encontraba forma de hacerte un comentario, jeje. Hoy por fin veo la pestañita y me alegra poder decirte que me ha encantado la historia de los Losada ;-)

    ResponderEliminar
  33. Cualquiera de los dos finales para mi es valido y no desmejoran para nada tan fantastico relato, te felicito, en tu narrar he visto todo lo que describias con ojos de admiracion.
    un abrazo.♥

    ResponderEliminar
  34. Carzum, bienvenida por este rincón también. Novatos hemos sido todos en la blogsfera: como dijo el otro, se pasa con el tiempo

    ResponderEliminar
  35. Un abrazo, Afrodita. Muchas gracias por tus palabras

    ResponderEliminar
  36. Acojonaito me ha dejado este final, oiga!!!...
    Te preguntaba por la veracidad de la historia en un anterior comentario porque actualmente estoy recopilando datos (no muchos la verdad) pq la próxima vez que desayune fiyuelas me gustaría encontrarme con Diego Losada, el que dices que "emigró"... Hace años encontré, en un libro serio, la posibilidad de que éste hubiera sido un hijo "bastardo" del Señor de Rionegro, apuntando incluso la posibilidad de que hubiera nacido en Garrapatas... como ves, la historia tiene puntos en común con la tuya... incluso tu cuento podría tener su poso de verdad y Diego ser el hijo que mostraba Belarmina antes de llevar a cabo su venganza....

    Por cierto, no sé si será casualidad o qué pero mi abuela solía meter en los cuentos que me contaba de pequeño el nombre se Sisibuto (creo que así lo dice ella), tpoco sé si tiene relación con el personaje de tu relato....

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  37. En internet hay bastante información de Diego de Losada. Empieza directamente por la Wikipedia y te va llevando a distintos enlaces. Como te digo, mi idea no era ceñirme a una historia verdadera, más bien usar escenarios reales (incluida la familia) para contar una ficción pura y dura.
    Ahora, me ha encantado coincidir con tu abuela en el nombre de Sisebuto!
    Un abrazo, desbrozador

    ResponderEliminar

Siéntase libre de comentar si es su deseo.
Las aportaciones son siempre bienvenidas, en ningún caso obligatorias.
Gracias