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23 ene 2013

Manuel Fábrega, Médico de Lubián


Durante más de treinta años Manuel Fábrega Coello, nacido en Ourense en 1875, ejerció como médico en el Concello de Lubián. Allí se casó con Antonia, natural y vecina de la localidad, en los primeros años del siglo. Nunca tuvieron hijos, pero todavía son recordados en el pueblo: se cuenta que cuando visitaba a enfermos de familias de escasos recursos, además de no cobrar, solía llevar él mismo algunos alimentos que consideraba necesarios para el enfermo - un trozo de queso, o de jamón...  Mantuvo una cierta actividad política como miembro de la Asociación Republicana Radical desde 1932, por lo que participó en la campaña de las elecciones de febrero de 1936 a favor del Frente Popular. Su primo Luís Fábrega, también de ideología radical, ocupó distintos cargos en la provincia vecina: alcalde de la capital, presidente de la diputación y diputado en las Cortes Constituyentes. Tras el golpe de estado de julio, cuando las tropas sublevadas controlaron As Portelas, el médico fue detenido y enviado a la prisión de Zamora.


En 1936, el capitán Ángel Espías Bermúdez estaba destinado en Zamora, donde ejercía de oficial al mando de la 3ª Compañía de la Comandancia de Carabineros. Fue designado abogado defensor en el primer Consejo de Guerra celebrado en la capital tras el Alzamiento militar y después solicitado como tal por muchos de los represaliados en aquellos días. Entre ellos, Manuel Fábrega. El capitán lo dejó reflejado en sus Memorias:


"En una de las causas, fue encartado Don Manuel Fabregat [sic], anciano médico del pueblo de Lubián y con él Reinaldo Cortés, de profesión obrero. Al primero se le acusaba de haber albergado en su casa al General Caminero, que desde Calabor por donde iba a pasar a Portugal, fue llevado por obreros de dicho pueblo y por allí atravesó la frontera y se internó en la vecina nación [como vimos en anterior entrada]. La actuación de Reinaldo fue estar en Lubián hasta que el General se ausentó. El médico albergó a Caminero en su domicilio a petición de su sobrino Ovidio [sic]. Por lo humilde del pueblo no había hospedaje adecuado para el General y accedió a la petición. El sobrino pertenecía a a la Junta del Sindicato, que en realidad mandaba en Lubián y lo exigía. El obrero Reinaldo se encontraba en Requejo en su casa, varios compañeros le hicieron levantar y le obligaron a acompañar al General hasta su paso a Portugal, después regresó a su domicilio. 


Para no actuar con las masas obreras se escondió en el túnel número cuatro, donde permaneció hasta la llegada de las fuerzas del Regimiento de Infantería Toledo, a las que se presentó y ayudó a trasladar la dinamita que había en las obras del ferrocarril. El Consejo de Guerra calificó los hechos incursos en el delito de rebelión militar e impuso al médico Don Manuel Fabregat la pena de muerte y a Reinaldo Cortés la de reclusión perpetua. A los pocos días las sentencias fueron confirmadas. Al entrar en capilla el reo Sr. Fabregat, le fue leída la sentencia delante del defensor y conocida la pena, dijo:

Me alegro me hayan impuesto la pena de muerte y no la de reclusión perpetua, dada mi edad no podría abrigar la esperanza de libertad. Lamento se me condene por rojo. No se lo qué es eso. Mis ideas son y fueron siempre de orden y de derechas. Ahora sólo quiero que avisen a un sacerdote, deseo confesarme.


El fusilamiento, con cinco reos más pertenecientes a otra causa, se llevó a efecto en las tapias del cementerio. El piquete de ejecución estaba formado por falangistas, en la primera descarga hecha a pocos pasos de distancia de los reos, no hicieron blanco en el cuerpo del médico. A la detonación encogió los hombros y quedó de pie. La segunda descarga le arrebató la vida. Reinaldo Cortés tuvo una reclusión perpetua efímera, a las pocas semanas siguió la misma suerte. En las sacas que hacían en la cárcel, fue llevado al cementerio por los católicos falangistas, y junto a la fosa asesinado"

Ángel Espías Bermúdez, GUERRA CIVIL ESPAÑOLA. AÑO 1936. HECHOS ACAECIDOS EN ZAMORA Y PROVINCIA Memorias Revista EBRE-38.Nº 2. 2003


El Ayuntamiento de Lubián rindió homenaje a Manuel Fábrega en diciembre de 2006 y dio su nombre a la arteria principal de la localidad. Más curioso me resulta el caso de Reinaldo Cortés: ninguna otra de las fuentes consultadas hacen referencia a él. En principio pensé que podía tratarse de un error de transcripción del capitán Espías, pero no es así, ya que en el BOE de 21 de febrero de 1938 se publicó la instrucción del expediente de responsabilidad civil seguido contra los dos. A mi entender, esto podría dejar dos posibilidades: o Reinaldo era el contrabandista que guió al grupo del general en el paso a Portugal – lo que tal vez contrasta con su posterior presentación y ayuda al Regimiento Toledo – o fue un pobre hombre atrapado por las circunstancias en el lugar y el momento equivocados. Si alguien puede aportar más datos sobre él serán muy bienvenidos.


Quienes sí tuvieron una intervención más clara y directa en la huída de Caminero fueron: Juan Ovides (no Ovidio como escribe Espías Bermúdez: llamado Juanito, era sobrino político del doctor Fábrega), Alonso Belmonte, Eduardo Blanco... y hasta seis más cuyo nombre no he localizado. Una vez más hay discrepancias sobre su destino. En la entrevista concedida a ABC, el general relata cómo le pidieron pasar con él a Portugal y garantías sobre su regreso, pero no vuelve a mencionarlos tras su detención en Moimenta. Francisco Pilo  parece situarlos a todos en Lisboa, donde el embajador Sánchez Albornoz sólo facilitó pasaporte a los tres militares. Emilio Grandío cuenta algo parecido (1), hablando de su detención en Chaves y su posterior traslado a Oporto.


Sin embargo, vecinos de Lubián han plasmado en distintos foros versiones diferentes o más completas de aquellos hechos.Al menos parte del grupo regresó camino de Lubián después de dejar a Caminero en Moimenta, pero antes de entrar en el pueblo fueron avisados por sus familiares de que les estaban esperando para prenderlos o matarlos. Volvieron a cruzar la raya y entonces fueron detenidos y trasladados, ellos sí, a Chaves. Puede ser que lograran fugarse o puede que Caminero les consiguiese algún tipo de documentación: Juanito partió al exilio y pasó largos años en Argentina y Francia;  Blanco y Belmonte regresaron a España y se integraron como combatientes en el ejercito Republicano. Al acabar la guerra, Eduardo Blanco fue condenado a trabajos forzados y se libró por poco - estaba en la enfermería y no en su pabellón - de ser fusilado en otra saca de los incontrolados.


Notas:

(1)”A raia que deixou de selo. A fronteira galego-portuguesa en xullo de 1936” Servicio de publicaciones de la Universidad de Santiago, 2001. Grandío recoge un curioso testimonio del general Ramírez, el jefe de Estado Mayor de Caminero también partícipe en la aventura, que confesó haber encanecido por completo durante sus días bajo custodia en Lubián: “Nunca me había visto en tan dificil situación. Vi a las fieras liberadas y se hacía imposible volver a enjaularlas”. En la entrevista Caminero no menciona un teórico paso por Chaves.

Otras fuentes:





16 ene 2013

Un General en la Alta Sanabria


En julio de 1936, el general Juan García Gómez Caminero ejercía la jefatura de la Inspección General del Ejercito. En razón de este cargo realizaba una gira por las distintas guarniciones de la VIII División Orgánica, acompañado por su jefe de Estado Mayor, el también general Rafael Rodríguez Ramirez y su auxiliar, el comandante Manuel Orbe Morales. Estando en Astorga, el día 17 recibieron alarmantes noticias sobre los movimientos de tropas en torno al Estrecho y decidieron trasladarse por carretera hasta León, al tiempo que ordenaban al general Salcedo que les enviase un avión desde La Coruña para acelerar su regreso a Madrid.


El día 18, ya en la capital leonesa, coincidieron con una columna de mineros asturianos, también en ruta hacia Madrid para defender la República (entre tres y cinco mil hombres, suficientes para detener el golpe en la ciudad). En una reunión con las autoridades militares sus dirigentes solicitaron ser armados, lo que Caminero acepta; pero el general Carlos Bosch y Bosch, comandante militar de la plaza, exige una orden por escrito desde el Cuartel General o el Ministerio de Gobernación. Cuando ésta por fin llega,  vía telegrama, Bosch hace entrega – en los alrededores de Onzonilla – de un armamento tan deteriorado que el maestro armero se niega a firmar la relación – en su informe refiere la falta de percutores y el lamentable estado de conservación de fusiles y mosquetones. Caminero, que es testigo de estos hechos, no hace nada: empieza a pensar que el general Aranda, el gobernador militar de Asturias, ha dejado salir a la columna minera para quitársela de encima y que Bosch está ocultando su condición íntima de sublevado. Telefonea de nuevo a La Coruña para pedir que su avión esté disponible para las siete de la mañana del día siguiente – a lo que le responden con evasivas – y esa misma noche, junto con sus auxiliares, parte por carretera en dirección a Benavente, con la intención de entrar en Portugal bien por los pasos fronterizos de Sanabria - la  primera opción, ya que mantenía cierta amistad con el gobernador de Bragança - o bien por Ciudad Rodrigo, en Salamanca.


El viaje se realizó sin mayor contratiempo hasta que alcanzaron la comarca sanabresa. Así lo narró el propio Gómez Caminero:

"Sin entrar en Puebla de Sanabria, donde el capitán de Carabineros se había puesto al frente de la Rebelión, llegamos a la frontera.
- Y pasaron al fin
- No. Al fin, no. Porque el suboficial, también sublevado, ni me guardó el respeto debido, ni me prestó el auxilio que le pedí, ni me dejó pasar, aunque le dije que el gobierno me llamaba a Madrid. En ese momento se presentó el director de la Aduana, que, tras decirnos que no dejaba pasar ni el coche ni a nosotros, y tratar groseramente a mi jefe de Estado Mayor, agregó que se iba a la Puebla de Sanabria para volver con el juez y policía a prendernos.


  En vista de las dificultades para pasar la frontera, acordamos trasladarnos a la citada población salmantina. Camino de ella íbamos, cuando a la vuelta de un recodo de la carretera, salieron a nuestro paso veinticuatro individuos, armados de escopetas y pistolas, que dispararon contra nosotros causando numerosos agujeros al coche. Dímosles gritos para que nos escuchasen y lo logramos, tras de grandes esfuerzos. Pero no logramos convencerles de nuestra condición de militares servidores del Gobierno de la República. Nos habían tomado por generales rebeldes y, sin hacer caso de nuestros documentos, que creían falsos, nos llevaron a Requejo, donde los habitantes - unos ochocientos trabajadores leales a la República - pretendieron lincharnos creyéndonos traidores. Gracias a la oportuna intervención del presidente de los sindicatos, que nos condujo a una casa, pudimos librarnos de las iras del pueblo, que seguía teniéndonos por generales sublevados. (1)


  A las tres y media de la mañana nos llevaron a Lubián, pueblo donde se repitió el espectáculo de Requejo. Entre Requejo y Lubián había un puesto de la Guardia Civil, compuesto de doce números, a la órdenes de un cabo, a quien le entregué, después de mostrarle los documentos acreditativos de nuestra personalidad, tres cartas dirigidas al ministro de la Gobernación, a Largo Caballero y al embajador de España en Portugal [Claudio Sánchez Albornoz]. De estas cartas sólo la última llegó a su destino. En Requejo había entregado también otra carta al cabo de la Guardia Civil, con el encargo de que la remitiese al ministro de la Gobernación. Pero, en lugar de hacerlo así, como me lo había prometido, la envió a los rebeldes.


  Cuando llegamos a Lubián, y en atención a la actitud del pueblo, los dirigentes, convencidos ya de que éramos generales republicanos, nos llevaron a una casa situada a cuatro kilómetros del pueblo, en la que estuvimos dos días custodiados por una guardia permanente, y durante los cuales esperamos la llegada de un avión que había de aterrizar en un campo próximo a Lubián. Pero en este plazo de las cuarenta y ocho horas había sido descubierto nuestro refugio y quienes nos lo había proporcionado nos trasladaron de nuevo a Lubián, instalándonos en casa del médico [Manuel Fábrega Coello], donde fuimos tratados con toda clase de consideraciones [...]

  Los facciosos, conocedores por la carta [que había entregado al cabo de Requejo y éste había pasado a los rebeldes] de nuestra situación, enviaron una mañana un aparato de la base de León, que arrojó sobre nosotros seis bombas, ninguna de las cuales cayó sobre la casa. Otra: tropas rebeldes, procedentes de Orense, ocuparon el aeródromo donde esperábamos el avión, el pueblo de Gudiña y el inmediato de Villavieja. En vista de esto, y de que en los sindicatos se comenzaba a acusar a los dirigentes de protegernos - seguían creyéndonos rebeldes - éstos me propusieron, como única salida el paso de la frontera con ellos. [...] A las tres de la tarde salimos de Lubián y, después de recorrer cuarenta kilómetros a pie, entramos en terreno portugués a las cuatro de la mañana del día siguiente."
Entrevista publicada en ABC, 3 de Agosto de 1936


Los militares fueron detenidos en Moimenta, de allí trasladados primero a Vinhais y luego a Bragança, donde contaron con el apoyo del coronel Teixeira – el amigo de Caminero – y pudieron ponerse en contacto con los representantes diplomáticos españoles. Finalmente fueron autorizados a viajar hasta Lisboa para encontrarse con el diputado pacense De Miguel, que les acompañó en su retorno a Madrid.


La figura de Juan García Gómez Caminero ha sido cuestionada por diversos autores, sobre todo por los más comprensivos con el Alzamiento. Nacido en 1871, fue uno de los primeros oficiales ascendidos al generalato con la llegada de la República, miembro de la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA) y posiblemente vinculado a la masonería, antes de los hechos referidos intentó sin éxito que los oficiales más propensos al golpismo fueran apartados de los puestos de mando. Tras su regreso a Madrid se incorporó de inmediato - por baja de un compañero -  al Tribunal que condenó a muerte al General Joaquín Fanjul. A principios de 1937 pasó a la reserva por haber cumplido la edad reglamentaria, falleciendo en los últimos días del citado año. Ignacio Estévez – gobernador civil de Orense en 1936 - estaba convencido de que la incapacidad de Caminero para controlar la situación en León fue decisiva en aquellos primeros días de guerra, ya que facilitó a los sublevados los accesos a Castilla por El Bierzo y Sanabria, dejaban aislado el frente de Asturias al norte de la provincia y, no así el sur y el oeste leonés, que permitió el paso de tropas de Galicia hacia Castilla para unirse a banderas de la Falange vallisoletana y las JONS de Onésimo Redondo en el Alto del León.


Unos cuantos años de todo esto, Caminero ya tuvo un controvertido papel durante la quema de conventos en Málaga, en los días de la proclamación de la República:

“Existen dudas razonables sobre la actitud y acciones del, por entonces, recientemente nombrado por el gobierno republicano, general José Gómez Caminero, gobernador militar de Málaga, que incluso pudo ser condescendiente para con las masas incendiarias de iglesias. El citado gobernador militar no sólo no reprimió a las masas anticlericales, anarquistas y a los radicales de izquierda pirómanos, sino que mandó retirar las fuerzas de la Guardia Civil durante los disturbios, y envió un telegrama a Azaña con el siguiente contenido: "Ha comenzado el incendio de iglesias. Mañana continuará". Dicho gobernador militar fue destituido a los pocos días, para al poco tiempo ser ascendido a General de División y posteriormente nombrado General Inspector del Ejército”


Ahora bien: ¿Y qué fue de Manuel Fábrega Coello, el médico de Lubián, y del grupo de sindicalistas que auxilió al general en su huída?

Pues tendremos que verlo en una próxima entrada, porque ya se me ha agotado el espacio :)


Notas:
(1) Los trabajadores que construían los túneles del ferrocarril Zamora – Orense, en posesión de abundante dinamita y – más o menos – organizados en sindicatos, constituyeron el único núcleo de resistencia digno de tal nombre en la provincia durante los primeros días del alzamiento. En poco más de una semana fueron neutralizados por las tropas del Regimiento Toledo enviadas desde la capital, además de la presión efectuada por las procedentes de Ourense – las que, por cierto, exhibieron en Verín como trofeo de guerra el coche de Caminero cosido a balazos.



Fuentes:
Cando o xeneral Caminero, de paso por Brumoso, salvou a vida e recuperou o olfacto Javier López Rodríguez (Autor de la novela "Amigo Medo", que recoge este episodio)

Entre las fuentes citadas existen importantes diferencias en los detalles de esta aventura. He preferido ceñirme a las palabras de Caminero, aún siendo consciente de las posibles inexactitudes y omisiones del general  – más o menos intencionadas.
El General Caminero, a su llegada a Madrid (Agosto, 1936) Hemeroteca ABC


6 jun 2012

Las Estaciones de Sanabria y Carballeda

Lubián


“De pronto, el autobús se ha parado, en medio de la carretera, en despoblado. Detrás del cristal aparece un paisaje esplendido. Hay un fondo de montañas de un perfil muy alargado y lento, suavísimo, tocado por un azul verdoso amoratado. Una leve neblina, vaporosa y sutil, flota aérea, sobre la tierra. El campo está cultivado con una exquisita delicadeza. Unas grandes masas arbóreas, de elegante pompa, encuadran el paisaje. A primer termino...
—¡Qué magnífico paisaje! —dice con la nariz en el cristal mi compañero de viaje—. Qué ordenación perfecta, qué ternura, qué delicadeza...
Mi amigo, ha pronunciado estas palabras con fuerza suficiente para que las oyeran las siete u ocho personas sentadas a nuestro alrededor. Sin embargo, nadie se ha movido. La belleza de la tierra deja, al menos en apariencia, a todo el mundo indiferente. Trato de comprobar la afirmación de mi compañero y mis ojos quedan como suspendidos en las líneas del fondo, en la sutileza con reflejos de absintio de la niebla vespertina, en los primeros términos. Los primeros términos, sobre todo, son bellísimos.
—Mire usted estos campos de primer término, estos campos de patatas... ¡Qué riqueza de verdes profundos y mojados! ¡Qué poesía!

Linarejos - Pedroso
Al oír la palabra patatas, se ha producido, entre los viajeros del autobús un movimiento de curiosidad vivísima. Oigo decir por todos lados a los viajeros: ¡patatas!, ¡patatas! La gente se levanta de los asientos. Hay un desplazamiento general sobre las ventanillas. Los enamorados de los bancos delanteros liquidan raudos sus inocentes juegos amorosos y después de una mirada profundamente significativa quedan como arrobados ante la naturaleza. Ante la mirada de ternura que un hombre o una mujer vierten sobre la naturaleza, ¡cómo no inducir un aumento notorio, seguro, importante, de la sensibilidad de las gentes?  ¡Patatas! ¡Patatas! El autobús de suyo tan monótono y opaco queda como envuelto en un torbellino vital. En el aire de su atmósfera flotan los más apetitosos tópicos geórgicos. Los ojos de los viajeros despiden una luz encendida. De pronto veo a un señor que no puede contenerse. Se levanta brusco de su asiento, da unos pasos rápidos en dirección a mí por el pasillo central —que por una rara casualidad está despejado de bultos y maletas— y me dice con una voz que me parece ligeramente engolada y muy nerviosa, los ojos un poco fuera de las órbitas:
—Pero oiga usted... ha dicho usted patatas, ¿no es cierto?
—Sí, señor, he dicho patatas... —le contesto tímidamente.
—¿Pero dónde están esas patatas? Me lo quiere usted decir?
—Pues ahí, ya las ve usted, en el campo de primer término, salvada la cuneta...
El caballero se dirige rápido y fogoso a la portezuela del coche... Pero llega tarde. El autobús echa a andar después de producirse en sus hierros y aceros un golpe de hipo que nos sacude a todos las entendederas. Los campos de patatas quedan atrás, en la vaguedad de la niebla.
Y yo me pregunto: si el caballero hubiera podido descender del coche, qué hubiera hecho? A qué excesos o quizá a qué arrobos se hubiera entregado su alma apasionada? Por las trazas aquel señor sentía un amor al paisaje frenético. Si el horario nos hubiera dado tiempo hubiéramos visto probablemente repetido lo que cuentan los libros antiguos de ciertos poetas bucólicos y silvestres los cuales sintieron un tal amor a la tierra y a las especies vegetales que crecen en ella que llegaron a comer la tierna hierba y los pastosos tubérculos. ¿Era aquel buen señor un enamorado tan decidido de la corteza terrestre para llegar en sus movimientos sentimentales a ser un herbívoro? O era quizá un poeta silvánico y rústico de esos que al conjuro de las formas de la tierra entran ni contacte báquico y dionisíaco con su musa predilecta?

Pedralba
—Ha visto usted —le digo a mi amigo con una emoción que apenas puedo contener—, ha visto usted cómo aumenta la sensibilidad de las gentes? La contemplación de estas escenas es un espectáculo realmente satisfactorio. Para mi gusto es quizá ya ligeramente excesivo y morboso. En todo caso piense usted el síntoma de salud moral y material que representa este retorno activo, irresistible a la bucólica y al silvanismo. Nuestra existencia terrestre se ha simplificado considerablemente. Este retorno a la naturaleza corregirá sin duda los crecientes embates materialistas de la época.
Mi compañero de viaje asiente con dos o tres profundas inclinaciones de cabeza.
—Realmente yo no sé cómo terminará todo eso —le digo para acabar—. Es muy posible que eso termine con una apoteosis de las verduras, de las legumbres, de los tubérculos y de las frutas y en general de lo que tiene de más agradable y confortador, el paisaje y la naturaleza. No creo que eso sea un mal final. Al contrario. Ese es un final sentimental, matizado de exquisiteces finísimas”

Josep PlaViajes en autobús (1942)

Puebla
Para bien o para mal, las obras del AVE avanzan por Sanabria y Carballeda sin pausa, también sin prisa porque todo en este país parece haberse convertido en titubeante. Para bien o para mal, la línea de Alta Velocidad hará que las estaciones aquí retratadas ya nunca vuelvan a ser las mismas: a fecha de hoy algunas de ellas ya están de hecho semi abandonadas – y cualquier deseable proyecto para su futuro será sustancialmente distinto de su objetivo original. Sirva pues esta colección de fotos – que, algunos ya lo saben, han sido publicadas con anterioridad en xibeliuss sólo fotos - como homenaje a su pasado, como testimonio de su presente y como deseo de porvenir.


El gran Josep Pla viajó en autobús, no en tren, por el nordeste y no por el noroeste, a mediados del S.XX y no en la segunda década del XXI. Y, sin embargo, el paralelismo es evidente.


Hasta en el apoteosis silvánico de las verduras, los tubérculos y las frutas.


Requejo
Música: David Michael Moritz The Water Journey

30 mar 2011

La "francesada" en Sanabria


"El 23 de junio [de 1809], el horizonte era más amplio y las montañas parecían disminuir; sin embargo no podíamos divisar más de dos o tres leguas. Después de haber pasado el puerto de Lubián, el ejercito tomó posición cerca del pueblo de este nombre. Diferentes partes de estas montañas toman el nombre de pueblos vecinos. Atravesamos sucesivamente los de Chanos, Villavieja, etc., construidos en fértiles gargantas, bañadas por torrentes de agua viva. Como estábamos cerca de Portugal, varios de nuestros soldados fueron a merodear a las fornteras de este reino. Chavarría, habiendo conocido que nosotros íbamos en su dirección y temiendo ser alcanzado, dispersó su tropa y varias partes cayeron en nuestras manos.


El 24 de junio, el ejercito entró en Castilla, se detuvo en una rica llanura cubierta de cosechas y regada por los ríos Tera y Sancas [Castro]; estos ríos bañan los muros de Puebla de Senabria [N. del Autor: La Puebla está bastante bien fortificada. Esta plaza fue tomada por los portugueses en 1710, que la tuvieron hasta 1713, los cuales la rindieron a España, por el Tratado de Utrecht], que se levanta sobre una elevación que le permite dominar todo el valle. Se pueden ver dos bellos puentes; al norte se ven los restos de un viejo fuerte y al sur un castillo construido con piedra, rodeado por cuatro torres y bien conservado: los Españoles habían dejado doce piezas de gran calibre que habían enclavado.


La parte montañosa de Galicia que acabábamos de recorrer era poco fértil y los campesinos habían retirado lo que quedaba en sus casas; el Mariscal [Soult], llegado a una región fértil, quiso aprovechar sus recursos, concediendo un descanso de tres días. En los pueblos más próximos a Puebla encontramos grandes cantidades de harina con la que hicimos pan y bizcocho para quince días; es preciso señalar que debido a que los ríos se secan durante el verano y que los molinos de viento son desconocidos en esta parte de España, sus habitantes hacen moler sus granos para seis meses."
Joseph-Jacques de Naylies, Memorias de la Guerra en España durante los años 1808, 1809, 1810 y 1811. Paris, 1817.


La cuidada prosa del vizconde puede dar lugar a equívocos: no, no está contando una alegre excursión de viejos camaradas. Hay algunas frases que dejan traslucir cómo debieron vivir aquello los sanabreses de la época; desde el aprovechamiento de recursos hasta la misma fecha de la llegada de los invasores, con la cosecha sin recoger en los campos. Y, sin embargo, lo más grave se produciría casi un año después, con fuertes escaramuzas militares en el entorno de Puebla - que los españoles abandonaron por considerarla plaza indefendible - y hasta pequeñas batallas como la del Prado de la Marquesa, entre Mombuey y Asturianos. La tradición oral de la comarca lo recuerda como "la francesada" y los mayores cuentan que sus mayores contaban de corrales ocupados, de rebaños subidos a la sierra a toda prisa, de centinelas enterrados en campanarios... También, como en muchas otras regiones, de iglesias saquedas y archivos destruidos.

Muro de lajas verticales

Y quizás sean esos, los huecos en los archivos y en los libros bautismales, los rastros más visibles que hoy quedan de todo aquello.


Fotos: El Puente Viejo sobre el río Castro, en Puebla, por donde atravesaba el antiguo Camino Real de Galicia... y la antigua Carretera Villacastín-Vigo.

27 jun 2010

El habla en Lubián y la Alta sanabria


"El rincón NO. de la provincia de Zamora, encajado entre las de León, al N., Orense, al O. y Portugal, al S., presenta unas características especiales que lo distinguen radicalmente del resto del territorio zamorano. Basta ojear ligeramente un mapa de la provincia de zamora para advertir al punto que dicho rincón constituye como un morro o saliente muy marcado en el conjunto de la línea lindera provincial. Quisieramos, desde los primeros renglones, señalar dos hechos decisivos que prueban que ni geográfica ni históricamente existe relación entre esta región y el resto de las tierras zamoranas.
Sea el primero la presencia allí del río Vibey [sic], el único que en toda la provincia no pertenece a la cuenca del Duero, sino a la del Miño, ya que se trata de un afluente del Sil, cuyos primeros kilómetros discurren dentro de las lindes provinciales zamoranas.
En cuanto al lado histórico y humano, señalemos que a partir de Padornelo, y hacia el O., comienza a hablarse no ya otra variedad dialectal, sino otra lengua: el gallego, constituyendo la doble barrera impuesta por los montes, de una parte, y por el habla, de otra, un hecho aislante de esta zona del resto de Sanabria (...)



Apuntemos como hecho significativo que un coche de línea establece el contacto diario entre Puebla de Sanabria y Verín (Orense), y que todos los pueblos situados al O. de la Portilla de La Canda miran en sus diarias relaciones hacia Galicia, limitando su trato con la Puebla, y nada digamos de la capital de la provincia, Zamora, a los trámites puramente ineludibles del papeleo burocrático oficial (...)



La situación de esta zona ha debido ser anómala desde antiguo. Baste para confirmar esta opinión el toponímico Trevinca, nombre del pico de 2.045 m. de altitud [sic. En realidad son casi 100 m. más], en cuya cima convergen hoy los límites de las provincias de León, Orense y Zamora, pero que es nombre antiguo y que indica que muchos siglos antes de la moderna división en provincias ya convergían en él los linderos de tres pueblos antiguos: Trevinca < TRIFINICA. (...)


Ya he señalado en otras ocasiones que al revés de la zona leonesa de Sanabria, en la que el dialecto se pierde a pasos agigantados, por tener sus habitantes un marcado complejo de inferioridad lingüistica al creer que hablan un mal castellano, y oírlo así de boca de maestros y funcionarios, no ocurre lo mismo en la zona zamorana de habla galaico-portuguesa, pues sus habitadores saben que no hablan mal, sino que lo hacen en otra lengua (...)"
Luis L. Cortés y Vázquez: El dialecto galaico-portugués hablado en Lubián (Zamora) Ed. Universidad de Salamanca, 1954.


Y os dejo con una leyenda recogida por el mismo autor en Lubián:

"Todas as mañás, según decían os vellos, saía a eso de nacer o sol, e baixaba onde a cachueira do pozo, e sentándose n unha pedra, púñase a pendarse, recolléndose depois a sua casa.
Cerca de este sitio, hay unha fonte, aonde dita moura iba pol-a agua, pra suas necesidades. A fonte chámase dos sete bocais"


(Traducción aproximada: "Todas las mañanas, según contaban los viejos, salía al nacer el sol y bajaba al salto de agua tras la poza y, sentándose en una piedra se ponía a peinarse. Cerca de este sitio hay una fuente donde la mora iba a buscar agua para sus necesidades. La fuente se llama de las siete bocas (caños)" Creo que se refiere al paraje ahora conocido como la Poza de la Moura, no lejos del Castro de las Muradelas.)


Enlace al libro en Google Books

Pd. El verano es para mí tiempo de especial jaleo. No es mi intención colgar el cartel de "Cerrado por Vacaciones" en ninguno de los blogs, pero sí es cierto que la actividad  -y las visitas a sus respectivos blogs- va a estar más amortiguada. Intentaré estar lo más al día posible y gracias por la comprensión.

30 sept 2009

La Tuiza: Nuestra Señora de las Nieves






"Miña Virxe de Tuiza
coidame os nenos

veño de segar de lonxe

e a naicida está nos ceos"

El Santuario de La Tuiza, en Lubián, alberga a la Virgen de las Nieves, protectora de quien por aquí transita, lejos de su tierra. Fue construido a finales del S.XVIII, aprovechando las piedras de una ermita anterior. Era tradición entre los segadores gallegos que bajaban a hacer campaña a las tierras de Castilla ofrendar las hoces a su regreso, y numerosos peregrinos se encomendaban a ella antes de atravesar esta tierra de lobos y montañas, en el eterno Camino a santiago.

La Tuiza es también la gran romería de la Alta Sanabria. Se celebra el último domingo de septiembre y este año, como siempre, hubo de todo: gaitas, pulpo, empanadas, pasacalles y charangas, feria de artesanía, ternera asada, controles de alcoholemia en la angosta -muy angosta- carretera de acceso...

¡Caray, si tuvimos hasta un Mario Conde!

Yo, como véis, solo pude estar un rato, cuando lo mejor ya había pasado.
Pero me he apuntado la fecha. El año que viene no me la pierdo.