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16 ene 2013

Un General en la Alta Sanabria


En julio de 1936, el general Juan García Gómez Caminero ejercía la jefatura de la Inspección General del Ejercito. En razón de este cargo realizaba una gira por las distintas guarniciones de la VIII División Orgánica, acompañado por su jefe de Estado Mayor, el también general Rafael Rodríguez Ramirez y su auxiliar, el comandante Manuel Orbe Morales. Estando en Astorga, el día 17 recibieron alarmantes noticias sobre los movimientos de tropas en torno al Estrecho y decidieron trasladarse por carretera hasta León, al tiempo que ordenaban al general Salcedo que les enviase un avión desde La Coruña para acelerar su regreso a Madrid.


El día 18, ya en la capital leonesa, coincidieron con una columna de mineros asturianos, también en ruta hacia Madrid para defender la República (entre tres y cinco mil hombres, suficientes para detener el golpe en la ciudad). En una reunión con las autoridades militares sus dirigentes solicitaron ser armados, lo que Caminero acepta; pero el general Carlos Bosch y Bosch, comandante militar de la plaza, exige una orden por escrito desde el Cuartel General o el Ministerio de Gobernación. Cuando ésta por fin llega,  vía telegrama, Bosch hace entrega – en los alrededores de Onzonilla – de un armamento tan deteriorado que el maestro armero se niega a firmar la relación – en su informe refiere la falta de percutores y el lamentable estado de conservación de fusiles y mosquetones. Caminero, que es testigo de estos hechos, no hace nada: empieza a pensar que el general Aranda, el gobernador militar de Asturias, ha dejado salir a la columna minera para quitársela de encima y que Bosch está ocultando su condición íntima de sublevado. Telefonea de nuevo a La Coruña para pedir que su avión esté disponible para las siete de la mañana del día siguiente – a lo que le responden con evasivas – y esa misma noche, junto con sus auxiliares, parte por carretera en dirección a Benavente, con la intención de entrar en Portugal bien por los pasos fronterizos de Sanabria - la  primera opción, ya que mantenía cierta amistad con el gobernador de Bragança - o bien por Ciudad Rodrigo, en Salamanca.


El viaje se realizó sin mayor contratiempo hasta que alcanzaron la comarca sanabresa. Así lo narró el propio Gómez Caminero:

"Sin entrar en Puebla de Sanabria, donde el capitán de Carabineros se había puesto al frente de la Rebelión, llegamos a la frontera.
- Y pasaron al fin
- No. Al fin, no. Porque el suboficial, también sublevado, ni me guardó el respeto debido, ni me prestó el auxilio que le pedí, ni me dejó pasar, aunque le dije que el gobierno me llamaba a Madrid. En ese momento se presentó el director de la Aduana, que, tras decirnos que no dejaba pasar ni el coche ni a nosotros, y tratar groseramente a mi jefe de Estado Mayor, agregó que se iba a la Puebla de Sanabria para volver con el juez y policía a prendernos.


  En vista de las dificultades para pasar la frontera, acordamos trasladarnos a la citada población salmantina. Camino de ella íbamos, cuando a la vuelta de un recodo de la carretera, salieron a nuestro paso veinticuatro individuos, armados de escopetas y pistolas, que dispararon contra nosotros causando numerosos agujeros al coche. Dímosles gritos para que nos escuchasen y lo logramos, tras de grandes esfuerzos. Pero no logramos convencerles de nuestra condición de militares servidores del Gobierno de la República. Nos habían tomado por generales rebeldes y, sin hacer caso de nuestros documentos, que creían falsos, nos llevaron a Requejo, donde los habitantes - unos ochocientos trabajadores leales a la República - pretendieron lincharnos creyéndonos traidores. Gracias a la oportuna intervención del presidente de los sindicatos, que nos condujo a una casa, pudimos librarnos de las iras del pueblo, que seguía teniéndonos por generales sublevados. (1)


  A las tres y media de la mañana nos llevaron a Lubián, pueblo donde se repitió el espectáculo de Requejo. Entre Requejo y Lubián había un puesto de la Guardia Civil, compuesto de doce números, a la órdenes de un cabo, a quien le entregué, después de mostrarle los documentos acreditativos de nuestra personalidad, tres cartas dirigidas al ministro de la Gobernación, a Largo Caballero y al embajador de España en Portugal [Claudio Sánchez Albornoz]. De estas cartas sólo la última llegó a su destino. En Requejo había entregado también otra carta al cabo de la Guardia Civil, con el encargo de que la remitiese al ministro de la Gobernación. Pero, en lugar de hacerlo así, como me lo había prometido, la envió a los rebeldes.


  Cuando llegamos a Lubián, y en atención a la actitud del pueblo, los dirigentes, convencidos ya de que éramos generales republicanos, nos llevaron a una casa situada a cuatro kilómetros del pueblo, en la que estuvimos dos días custodiados por una guardia permanente, y durante los cuales esperamos la llegada de un avión que había de aterrizar en un campo próximo a Lubián. Pero en este plazo de las cuarenta y ocho horas había sido descubierto nuestro refugio y quienes nos lo había proporcionado nos trasladaron de nuevo a Lubián, instalándonos en casa del médico [Manuel Fábrega Coello], donde fuimos tratados con toda clase de consideraciones [...]

  Los facciosos, conocedores por la carta [que había entregado al cabo de Requejo y éste había pasado a los rebeldes] de nuestra situación, enviaron una mañana un aparato de la base de León, que arrojó sobre nosotros seis bombas, ninguna de las cuales cayó sobre la casa. Otra: tropas rebeldes, procedentes de Orense, ocuparon el aeródromo donde esperábamos el avión, el pueblo de Gudiña y el inmediato de Villavieja. En vista de esto, y de que en los sindicatos se comenzaba a acusar a los dirigentes de protegernos - seguían creyéndonos rebeldes - éstos me propusieron, como única salida el paso de la frontera con ellos. [...] A las tres de la tarde salimos de Lubián y, después de recorrer cuarenta kilómetros a pie, entramos en terreno portugués a las cuatro de la mañana del día siguiente."
Entrevista publicada en ABC, 3 de Agosto de 1936


Los militares fueron detenidos en Moimenta, de allí trasladados primero a Vinhais y luego a Bragança, donde contaron con el apoyo del coronel Teixeira – el amigo de Caminero – y pudieron ponerse en contacto con los representantes diplomáticos españoles. Finalmente fueron autorizados a viajar hasta Lisboa para encontrarse con el diputado pacense De Miguel, que les acompañó en su retorno a Madrid.


La figura de Juan García Gómez Caminero ha sido cuestionada por diversos autores, sobre todo por los más comprensivos con el Alzamiento. Nacido en 1871, fue uno de los primeros oficiales ascendidos al generalato con la llegada de la República, miembro de la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA) y posiblemente vinculado a la masonería, antes de los hechos referidos intentó sin éxito que los oficiales más propensos al golpismo fueran apartados de los puestos de mando. Tras su regreso a Madrid se incorporó de inmediato - por baja de un compañero -  al Tribunal que condenó a muerte al General Joaquín Fanjul. A principios de 1937 pasó a la reserva por haber cumplido la edad reglamentaria, falleciendo en los últimos días del citado año. Ignacio Estévez – gobernador civil de Orense en 1936 - estaba convencido de que la incapacidad de Caminero para controlar la situación en León fue decisiva en aquellos primeros días de guerra, ya que facilitó a los sublevados los accesos a Castilla por El Bierzo y Sanabria, dejaban aislado el frente de Asturias al norte de la provincia y, no así el sur y el oeste leonés, que permitió el paso de tropas de Galicia hacia Castilla para unirse a banderas de la Falange vallisoletana y las JONS de Onésimo Redondo en el Alto del León.


Unos cuantos años de todo esto, Caminero ya tuvo un controvertido papel durante la quema de conventos en Málaga, en los días de la proclamación de la República:

“Existen dudas razonables sobre la actitud y acciones del, por entonces, recientemente nombrado por el gobierno republicano, general José Gómez Caminero, gobernador militar de Málaga, que incluso pudo ser condescendiente para con las masas incendiarias de iglesias. El citado gobernador militar no sólo no reprimió a las masas anticlericales, anarquistas y a los radicales de izquierda pirómanos, sino que mandó retirar las fuerzas de la Guardia Civil durante los disturbios, y envió un telegrama a Azaña con el siguiente contenido: "Ha comenzado el incendio de iglesias. Mañana continuará". Dicho gobernador militar fue destituido a los pocos días, para al poco tiempo ser ascendido a General de División y posteriormente nombrado General Inspector del Ejército”


Ahora bien: ¿Y qué fue de Manuel Fábrega Coello, el médico de Lubián, y del grupo de sindicalistas que auxilió al general en su huída?

Pues tendremos que verlo en una próxima entrada, porque ya se me ha agotado el espacio :)


Notas:
(1) Los trabajadores que construían los túneles del ferrocarril Zamora – Orense, en posesión de abundante dinamita y – más o menos – organizados en sindicatos, constituyeron el único núcleo de resistencia digno de tal nombre en la provincia durante los primeros días del alzamiento. En poco más de una semana fueron neutralizados por las tropas del Regimiento Toledo enviadas desde la capital, además de la presión efectuada por las procedentes de Ourense – las que, por cierto, exhibieron en Verín como trofeo de guerra el coche de Caminero cosido a balazos.



Fuentes:
Cando o xeneral Caminero, de paso por Brumoso, salvou a vida e recuperou o olfacto Javier López Rodríguez (Autor de la novela "Amigo Medo", que recoge este episodio)

Entre las fuentes citadas existen importantes diferencias en los detalles de esta aventura. He preferido ceñirme a las palabras de Caminero, aún siendo consciente de las posibles inexactitudes y omisiones del general  – más o menos intencionadas.
El General Caminero, a su llegada a Madrid (Agosto, 1936) Hemeroteca ABC


2 ene 2013

Aguas Termales (actualizado)


"En la region central del N. se hallan estas aguas [Calabor], declaradas de utilidad pública á fines de 1887, pero no permitiéndose su explotación hasta que se construya el establecimiento en proyecto. Son aguas sulfurosas-sódicas frias, en el partido judicial de Puebla de Sanabria, de condiciones muy análogas á las de Bouzas. Hay dos manantiales, llamado uno de ellos el de los Portugueses, y ambos baños están muy concurridos de gentes poco acomodadas. El Anuario oficial correspondiente á 1887, se limita á hacer mención de estas aguas, ofreciendo ocuparse detenidamente de ellas cuando se autorice la apertura al servicio público del establecimiento que se halla en proyecto."
Aguas minero-medicinales de España, y algunas de las más importantes del extranjero y Ultramar, 1889

"Pero fue a partir de finales del siglo XVIII cuando el Balneario de Calabor floreció y se amplió con la construcción de una edificación para los enfermos más graves, con dos amplias zonas de baño, una para hombres y otra para mujeres, donde había que guardar turno para entrar en las bañeras que en aquel entonces se calentaban a base de pucheros en la hoguera.
Ya entrados en el siglo XIX, y debido a la virtud curativa de las aguas de Calabor, este edificio se agrandó y reformó en base a un proyecto de Pascual Cañibano, para poder albergar a los bañistas más adinerados y asegurarles todas las comodidades existentes en aquélla época; así por ejemplo se construyó una carretera exclusiva que comunicara la aldea de Calabor, situada a 2Km con el Balneario, y se instaló una máquina de vapor que permitía disponer en todo el edificio de calefacción central y caldera de agua caliente. En esta época constan repetidas visitas de personajes tan insignes como la emperatriz Eugenia de Montijo y el marqués de Benavente.
Este caserón pertenecía al pueblo y era éste el que arrendaba su explotación, hasta que de común acuerdo a principios del siglo XX se procedió a su venta a un grupo de empresarios de Zamora y Madrid.

Fue en este siglo cuando el Ministerio de la Gobernación, durante la 1ª etapa de la Restauración en España, mediante una Real Orden emitida el 14 de diciembre de 1887 declara de utilidad pública el Agua de Calabor y en 1928, se reconocen de manera oficial sus propiedades Minero-Medicinales. Una vez privatizado, el destino del Balneario fue pasando de mano en mano, hasta que un desgraciado incendio destruyó este recuerdo del pasado en los años 60, dando paso a la nueva era que verían las aguas medicinales.
A raiz del infortunio, un ilustre vecino del lugar compró la propiedad y pensó en hacer llegar las riquezas curativas del agua a tantos lugares como fuera posible. Así surgió la idea de la planta embotelladora, a principios de los 70."

[A día de hoy la planta sigue embotellando la muy apreciada Agua de Calabor y está en marcha un proyecto para relanzar el Balneario]


"En la region central del N., entre las sierras Negra y Segundera, al S. del lago délos Condes de Benavente [sic], término de Riva del Lago, Ayuntamiento de Galende, partido judicial de Puebla de Sanabria, se halla este establecimiento [Bouzas], á 12 kilómetros de la cabeza del partido y á 120 de Zamora; á los 42° 8' 30" de latitud N., y 3o, 2' 35" de longitud O. del meridiano de Madrid, y á 800 metros sobre el nivel del mar. Hay tres manantiales: el del Peñón, único que se explota, sobre el que está construido el establecimiento; otro llamado Fuente del Escalón, á 400 metros al O., y otro más escaso, conocido con el nombre de Fuente del Arenal, á 300 metros y al S. O. del anterior. Todos brotan en terreno siluriano. El del Peñón da 15 litros por minuto. Los demás están sin aflorar. Su temperatura en los tres manantiales es de 15°, y la densidad 1.0002. [...]

Pertenecen estas aguas á las sulfurado-sódicas-frias. La mayoría de los pocos enfermos que acuden á este establecimiento padecen de herpetismo, escrofulismo y algunos de reumatismo. También se mencionan buenos resultados en neuralgias, sífilis secundaria y terciaria y en la pelagra.  Su especialidad terapéutica parece corresponder á las herpétides húmedas y catarros herpéticos y escrofulosos. 

Es un malísimo establecimiento, que debiera estar cerrado al público. Su instalación puede decirse que es nula, siendo muy incómoda la estancia para los bañistas. La concurrencia de personas acomodadas suele ser de unas 100 en cada temporada oficial, acudiendo bastantes pobres de la comarca. Está abierto al público desde el 20 de Junio al 20 de Septiembre. El viaje se hace por ferrocarril hasta Zamora, y por carretera desde esta ciudad á Puebla de Sanabria, habiendo desde aquí al establecimiento un malísimo camino de herradura. Es actualmente su propietario D. Fidel Ramos."
Aguas minero-medicinales de España, y algunas de las más importantes del extranjero y Ultramar, 1889
 [La casa de Baños/Balneario como tal lleva cerrada unas cuantas décadas. Después se han intentado diversas iniciativas hosteleras, pero su situación en la misma orilla del Lago hace su reapertura, hoy por hoy, legislativamente improbable]


"En este pueblo [Cobreros] se cuentan hasta siete fuentes de buenas aguas, entre las que existen dos sulfuradas y muy parecidas a las de Bouzas en Ribadelago. Una de ellas que se conoce vulgarmente con el nombre de Fuente Cheirona, á cuyo alrededor se ha practicado un primitivo revestimiento de piedra, es tan abundante que da origen á un arroyuelo de consideración. Se halla situada á unos siete kilómetros al S. del Lago de Sanabria y á tres y medio al N. de la Carretera de Zamora á Orense. Su temperatura ignoramos si es constante, aunque de todos modos es poco elevada.

Solo la emplean algunos enfermos de la localidad y de las más inmediatas y, á lo que parece, con excelentes resultados, por lo que entendemos que merecía hacerse un examen detenido del caudal y composición de esta fuente que con una investigación minuciosa pudiera ser causa de una explotación en la que parece nunca se ha pensado."
Felipe Olmedo y Rodríguez: La provincia de Zamora : guía geográfica, histórica y estadística de la misma - 1905

[La explotación comercial de estas aguas - incluida la Casa que ya hemos visitado - finalizó aproximadamente en 1942. Todos los esfuerzos posteriores por volver a ponerla en funcionamiento han fracasado hasta ahora. Cada vez parece más dificil]


Calabor: Fotos 2 y 3 
Bouzas: Fotos 4, 5 y 6 
Cobreros: Fotos 1, 7, 8 y 9

 Situación:
A) Bouzas
B) Cobreros
C) Santa Colomba (otro manantial de aguas sulfurosas)
D) Calabor

[Hay quién defiende que los cuatro manantiales se nutren de un mismo acuifero]
 

18 feb 2010

Memoria de la Emigración II

Laguna de Peces y Forcadura, por encima de Vigo

Adelaida Ramos Morán (Vigo)
Nació el día 15 de 1897 en Vigo de Sanabria, provincia de Zamora. Fueron sus padres Pedro Ramos Prada y Vicenta Morán Rodríguez,de cuya unión tuvieron tres hijos Francisco,Clara y Adelaida, siendo esta última la menor de los tres. Su niñez transcurrió en un hogar muy humilde,pero muy sólido. Contaba con sólo 18 años cuando empezó a tener bien definido lo que deseaba en la vida y se lo manifestó a sus padres diciéndoles que ella no había nacido para labrar la tierra y que tenía otras aspiraciones. Su hermano Francisco ya trabajaba en Madrid en una mansión que poseía una familia de la alta sociedad madrileña (trabajaba como jardinero). Así cada vez que su hermano venía al pueblo a ver a la familia Adelaida siempre le pedía que la llevara con él a Madrid porque quería trabajar. El matrimonio de aquella familia ya tenían varios hijos y necesitaban una niñera,su hermano Francisco habló con los señores para ver si Adelaida podía ser aceptada como niñera de una de sus hijas. A principios no la querían porque era muy joven (dieciocho años) pero pronto demostró su seriedad y responsabilidad en el trabajo que realizaba.

El barrio judío de Villardeciervos

Vicenta Ramos Morán (Vigo)
Nací el 23 de Mayo de 1921 en Vigo de Sanabria provincia de Zamora en casa de mis abuelos matemos Pedro Ramos Prada y Vicenta Morán Rodríguez. Mis primeros años transcurren al cuidado de mi abuelo y de mi tía Clara, pues mi madre trabajaba en Madrid desde algunos años antes de yo nacer. Me quedé al cuidado de mi abuelo y de mi tía,ella ya tenía dos hijos mayores que yo,nos crió a los tres hasta que yo alcancé aproximadamente los siete años.
Mi madre venía a verme cada vez que podía. Ella trabajaba desde los dieciocho años en una mansión que poseía una familia de la alta sociedad madrileña, pues su hermano Francisco ya trabajaba en ese lugar desde hacía tiempo. Mi niñez,hasta donde yo recuerdo,transcurrió en el pueblo,donde tuve la compañía de mis primos (hijos de mi tío Francisco y de mi tía Clara). Yo era una niña muy alegre y me gustaba hacer “maldades sanas”. La casa de mis abuelos tenía árboles frutales (un manzano,un peral,nueces,uvas etc.),me gustaba coger las manzanas,nueces y peras en el árbol, siempre era yo la que subía y desde arriba las tiraba,pero como era “tan maldita”casi siempre les daba en la cabeza a mis primos,ellos se ponían “ farrucos”conmigo y le daban las quejas a mi tía. Ella casi nunca los escuchaba porque tenía delirio conmigo,se ponían celosos y mi tía les decía:¿no ven que ella es más “chiquitina”que ustedes? Yo quise mucho a mi tía porque ella para mí fue mi segunda madre.

Mombuey
Otro recuerdo de mi niñez es que cuando mi madre venía de Madrid a pasar las vacaciones me llevaba al Lago de Sanabria, le gustaba nadar y aprendió a hacerlo por debajo del agua. Un día me dijo “niña”quédate aquí,no te muevas que voy a nadar un ratito, paso el ratito y yo no veía a mi madre,empecé a llorar y a gritarle madre,madre… ¿dónde estás? Cuando de pronto la vi agitando sus manos y me gritaba niña,no te muevas,ya voy,ya voy. Pasé un susto tan grande que jamás se me ha olvidado. Mi madre era una mujer muy tierna y me demostraba su cariño besándome y apretándome contra su pecho.
Cuando mi madre retomaba al trabajo en Madrid yo me quedaba desconsolada. La niña que ella cuidaba tenía más o menos mi edad y era muy rubia,blanca rosada y ojos verdes,sus padres también eran rubios y de tez muy blanca. Cuando yo tenía aproximadamente dos años,mi madre a petición de los señores me llevó para que me conocieran,comentaban que yo parecía que pertenecía a la familia porque todos los hijos (ocho en total) eran rubios y de tez muy blanca. Permanecí en esa ocasión por espacio de quince días o más,jugando con los niños de la casa como uno más. Los señores de la casa quisieron que eso se repitiera, pero tengo entendido que eso no sucedió nunca más.
El regreso al pueblo lo hice en compañía de mi tío Francisco que como mencioné anteriormente trabajaba en la casa como jardinero. Debo confesar que jamás he podido acordarme de los nombres y apellidos de tan distinguida familia, recuerdo muy vagamente que el apellido llevaba la letra “J” por la cantidad de veces que se lo escuché decir a mi madre. Lo que sí recuerdo es que la mansión quedaba en La Puerta del Sol o cerca de ella. Mi madre me hablaba mucho de El Retiro y de la calle de Alcalá.

Triufé
Cuando apenas tenía cuatro años mi madre emigra a Cuba y me quedé nuevamente con mi tía Clara. Tenía aproximadamente seis años cuando mi tía me dijo un día:“niña”hablé con la maestra del pueblo y me dijo que ya las niñas podían ir a la escuela (anteriormente estaba prohibido para las niñas), para mí eso fue una alegría inmensa. Aprendí a leer,pero no a escribir. Digo que no aprendí a escribir porque en ese momento se estaba preparando mí viaje a Cuba pues mi madre ya me estaba reclamando para que fuera a su lado.
A finales del año 1929 emigré con mi tía Clara a Cuba. Esperando el barco permanecimos en La Coruña por un espacio de cuatro meses en una casa de huéspedes. Recuerdo que la señora de la casa tuvo muchas atenciones conmigo y le decía a mi tía que yo era una niña muy guapa,cariñosa y obediente. Nos cogió mucho cariño,recuerdo que cuando se despidió de nosotras lloraba mucho.

San Juan de la Cuesta
Estos fragmentos pertenecen al proyecto “ Memoria de la Emigración Zamorana ”, una recopilación de testimonios de emigrantes y familiares editada en tres volúmenes por la UNED de Zamora y que pueden descargarse gratuitamente en este enlace . Un hito de la historia de España - aunque estos se centren en Zamora, los testimonios son extrapolables a cualquier lugar – escrita por sus protagonistas, con nombres y apellidos. 
La primera parte, aquí.

16 feb 2010

Memoria de la Emigración I


Héctor Francisco Álvarez (San Pedro de Ceque)
Recuerdo una mañana muy temprano y con mucho frío, típica del invierno que se avecinaba, con un paisaje nevado, llegamos a Calabor, a treinta kilómetros de Puebla de Sanabria, frontera con Portugal. Era un momento de tensión de todos los que allí estábamos, sólo había militares, muy pocos españoles se atrevían a intentar cruzar la frontera. La inspección de papeles y equipaje era muy estricta, sólo podíamos pasar lo indispensable. Vienen a mi memoria las palabras de ese Comandante de la Guardia Civil diciendo que no perdiéramos tiempo y que marcháramos cuanto antes, ya que al otro día sería demasiado tarde, dado que los partes de guerra cambiaban a diario y tal vez la nueva orden fuese impedir la salida. Siempre le estaré agradecido por su generosidad. Esa mañana me despedí finalmente de mi padre con gran dolor pero ilusionado con esta nueva oportunidad que se nos brindaba. Como perseguidos, habíamos llegado a Calabor y casi conteniendo el aliento hicimos el último trámite para abandonar el país, que a esta altura ya se notaba un estado de tensión en todos lados.


Sergio Rabanillo Prada (Triufé)
Su madre, Antonia Rabanillo de Prada,hija de José Rabanillo e Ildefonsa Prada,era parte de una familia campesina pobre,formada por sus padres y tres hermanos, Dolores, Pedro y Gumersindo. Dolores y Pedro viajaron a trabajar, ya siendo Sergio un muchacho,para las minas de Bilbao. Para ayudar a la familia, Antonia se contrató como doméstica en una casa de Valdespino, un pueblo cercano a Triufé. Allí estableció una relación amorosa en la casa donde estaba empleada de la cual nace Sergio Rabanillo de Prada. El padre no lo reconoció y quedó a cargo de su madre. Por las versiones que dio hasta el final de su vida de esta etapa,como veremos más adelante,las relaciones con parte del resto de la familia no fueron buenas,y el ser hijo natural le resultó traumático para el resto de su vida.
Lo crió su madre,aprendió apenas las primeras letras y recibió,especialmente de su tío Gumersindo, un trato cariñoso. Recordaba en particular los crudos inviernos con más de un metro de nieve. En una oportunidad salió con su madre de madrugada,teniendo aproximadamente 12 años,en un carretón tirado por un caballo. Para poder avanzar,tenía que ir doblado sobre las ruedas con un jabón para que pudieran girar. En otra oportunidad,un muchacho y él cogieron por las montañas buscando un atajo para ir a Ourense. Cuando llegaron arriba,la nieve les daba por el pecho. Para salir de esa situación,se dejaron caer rodando por la nieve para bajar la loma.


Angel Lorenzo Iglesias (Mombuey)
Nuestro padre, perteneciente a una familia extensa de diez hermanos, siendo el segundo en el orden de nacimiento y el primogénito de los hijos varones, por lo que, a pesar de que nuestros abuelos tenían tierras, tuvo que dedicarse a trabajar desde muy joven para ayudar a su padre en la economía de la familia. A los dieciséis años y siendo apenas un adolescente se vio en la necesidad de crecerse y separarse del seno familiar para emigrar a Cuba y así salvarse de ser llamado al servicio militar.


Antonio Fernández Unzueta, (Villardeciervos)
Sobre su llegada a la Argentina, no hay demasiadas certezas. Estimativamente, se supone, que llega hacia 1910, porque los relatos afirman que contaba con apenas 15 años, cuando salió de su Villardeciervos natal, en la provincia de Zamora, España. Allí nació un 27 de abril de 1895, a las siete de la tarde, según consta en el acta Nº 376 y creció en el seno de una familia humilde, compuesta por sus padres don Antonio Fernández, su madre, doña Josefa Unzueta, y sus hermanos: Adelina la mayor, Eduardo y Laura, que fallece siendo muy joven y de la que no se conocen mayores detalles.
La primera de ellas [cartas desde Argentina], tiene fecha del 28 de mayo de 1916, y es enviada desde Catriló, provincia de La Pampa. Allí claramente expresa su pesar por no haber escrito antes y manifiesta cierto desánimo. Pero lo más interesante es que comunica su firme decisión de no realizar el servicio militar en España, dando como razones su total desacuerdo con la política imperante que exigía la obligatoriedad del mismo. En Argentina, por un decreto del presidente Urquiza en 1852, se exceptuaba a los españoles del servicio militar. Envía afectuosos saludos a las hermanas y a la madre.
En 1935 muere su madre, quedando pendiente su viaje definitivamente. Este hecho representa tanto para Antonio como para Eduardo una circunstancia muy dolorosa, ya que no puede cumplir su voluntad de volver a verla y mostrar esa prosperidad lograda al llegar a América. De allí que el nacimiento de su segunda hija, Elsa –sumado a que esperaba un varón– no sea narrado con la misma alegría que el primero. Asimismo, comienza a hacer referencia a la situación de España por la Guerra Civil, expresando su dolor y consternación: Con sumo interés sigo los sucesos de España por medio de los diarios, y con gran pena leo como se matan entre hermanos, la mayoría sin saber por qué..., lo esencial sería que quedase terminado cuanto antes y que todos antes que otra cosa se dieran cuenta que son Españoles y que con destruir España se destruyen ellos.


Dolores Ethel Álvarez de Cometto (San Juan de la Cuesta)
Y por las noches las tertulias ¡Ah! Eso si era infaltables [sic] en las charlas, los recuerdos, en los viejos, de su querido terruño que aun sin querer nos atrapaban a los niños y jóvenes ¿Cuántas veces habremos oído nombrar Peña Serrapia, Mercado del Puente, Puebla de Sanabria y mi padre y tíos contar de sus travesuras con las mozas, sobre todo las de los pueblos vecinos?


Estos fragmentos pertenecen al proyecto “ Memoria de la Emigración Zamorana ”, una recopilación de testimonios de emigrantes y familiares editada en tres volúmenes por la UNED de Zamora y que pueden descargarse gratuitamente en este enlace . Un hito de la historia de España - aunque estos se centren en Zamora, los testimonios son extrapolables a cualquier lugar – escrita por sus protagonistas, con nombres y apellidos.

Fotos: Los restos del antiguo paso fronterizo de Calabor.
La segunda parte, aquí

21 oct 2009

Pedralba de la Pradería, tierras en La Raya




Cuentan que al Ti Juan, famoso gaitero y constructor de gaitas de Pedralba, se le presentó un día un cliente reclamándole que el instrumento que le había vendido “no sonaba bien”. Juan lo cogió y durante unos minutos estuvo tocando con su habitual maestría. Luego se lo devolvió al cliente. “Te vendí la gaita, pero no las manos para tocarla”. Las gaitas de fole que construía el Ti Juan eran de madera de urz, del brezo que cubre los montes de Pedralba de la Pradería.





Los pueblos del municipio se extienden por los montes de la Sierra de la Atalaya y la Culebra hasta la misma Raya con Portugal. Rihonor de Castilla, aldea de Europa, se abraza con el Rio de Onor lusitano a través de un puente sobre el Contensa. O más bien se trata de un solo pueblo en el que las vicisitudes históricas han llevado a que sus barrios estén divididos por una frontera más administrativa que real, en el que los vecinos mantienen tradiciones de autogestión comunal un poco al margen de las lejanas disposiciones gubernamentales. Siempre fue un pueblo ganadero, con hermosos prados escondidos en los valles de la Culebra y montes de gran riqueza –no en vano, la parte portuguesa está incluida en el Parque Natural de Montesinho.



También sobre la Raya se asienta Calabor, la antigua Calapax, sobre un subsuelo rico en minerales y agua termal que propició su temprana ocupación por el hombre: hay huellas de la presencia celtibera, romana e incluso monedas acuñadas con la esfinge de algún rey visigodo. En el siglo XVIII abrió sus puertas el balneario, que ligó para siempre el destino del pueblo a su portentosa agua mineral. El momento de su mayor esplendor fue el siglo XIX, en el que se realizan reformas para realzar su atractivo de cara al incipiente turismo y se registran visitas tan llamativas como el Conde de Pimentel o Eugenia de Montijo. El siglo XX trajo la planta embotelladora y alguna aventura como las minas de wolframio que intentaron emprendedores alemanes. Hoy, el agua de Calabor goza de un merecido reconocimiento y está en marcha un proyecto para volver a poner en marcha el viejo balneario.



El diccionario geográfico de Miñano, de 1827, cifra en media legua la distancia entre Santa Cruz de Abranes y Portugal. Pocos años antes, el pueblo todavía pertenecía al vecino reino. Miñano ya habla de la riqueza de sus montes, en aquel tiempo cubiertos de colmenares y hoy más dedicados a la explotación cinegética y la observación de la naturaleza. Los caminos de sus alrededores son ideales para escuchar la berrea del ciervo y aún para el avistamiento de lobos.



Y cuántos lobos no habría que acabaron dando nombre a otra de las pedanías del municipio: Lobeznos. Quizás muchos de los peregrinos que optaron por esta vía para abandonar Puebla en su Camino hacia Santiago orasen en la ermita del Santo Cristo, humilde pero aún con huellas de la policromía que la adornó en otro tiempo, para pedir protección frente a sus aullidos. O, tal vez, comer un cacho de pan cocinado en el horno comunal de la Pereira.



Y el Camino nos acaba llevando hasta la misma Pedralba de la Pradería, donde esos peregrinos hoy podrían refrescarse en la playa fluvial a la orilla del río. Es un pueblo rico en agua, con innumerables fuentes y arroyuelos que mantienen en fulgurante verdor los prados que le dan nombre. De antiguo es la fama de la carne criada en estos pastos. Desde los altos que circundan el pueblo se dominan impresionantes vistas de toda la comarca y son lugares muy propicios para la observación de la fauna: corzos, jabalíes, águilas, cigüeñas y aún el lobo, si sois pacientes y constantes.



Ya no es posible escuchar al Ti Juan probando sus gaitas, pero las tonadas y melodías que compuso continúan cantando, en la música de sus discípulos, a la belleza de este rincón de Sanabria en la Sierra de la Culebra.