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8 feb 2014

Un Pantano sobre el Lago. 2: Respuesta y Desenlace

(Viene de aquí


En realidad, el primero en conseguir una concesión del nuevo régimen había sido el empresario madrileño Ángel Jiménez Palma en 1942, con un proyecto de encargo propio similar al publicado por Oliver, ya que suponía el aprovechamiento del cauce desde la sierra hasta Puebla. Es su trabajo el que despierta el interés de las grandes eléctricas. Se suceden entonces años confusos, de guerra empresarial abierta y mercadeo de influencias; también de exigencias de “mayor rigor” en los proyectos por cuenta de la C.H.D., de la que se puede afirmar que, entonces sí, intentó cumplir con su papel de garante de las aguas. Finalmente, el Gobierno limita la concesión de Jiménez a la cuenca alta y él vende sus derechos a Hidroeléctrica Moncabril, que recupera el proyecto de Oliver y además contrata al propio ingeniero para diseñar una ampliación – por diferencias entre el estiaje disponible y los caudales concedidos, según se publica en la Revista de Obras Publicas - con otros tres embalses de cabecera. Todavía habrá otra ampliación más, firmada por los hermanos Gabriel y Francisco Barceló, hasta incluir el sistema de presas completo formado por Puente Porto, Playa, Cárdena, Garandones, Vega de Conde y Vega de Tera. Moncabril se pone a construir de inmediato, a un ritmo infernal.


Mientras tanto, Ideam y Saltos del Duero, ante su situación de empate técnico y con el temor de ver aparecer en escena otra compañía que aproveche sus esfuerzos, consiguen en 1952 firmar un acuerdo – con el beneplácito del gobierno – para repartirse el resto del caudal: Ideam se queda con el tramo desde el Lago hasta Puebla y Saltos con la continuación del río.

NO-DO del 06/04/1953 (Ver en la web de rtve.es minuto 00:29)

Ideam - que, a su vez, tenía formalizado un acuerdo previo con Elsa (Eléctricas Leonesas, S.A.) - también quiere construir cuanto antes, pero entonces se encuentra con la oposición frontal de los ribereños: en plena dictadura franquista, los sanabreses de la época – nuestros padres, nuestros abuelos – mostraron el coraje necesario para echarse a la calle y defender el Lago. Y lograron el apoyo de periódicos como El Correo de Zamora, intelectuales como Menéndez Pidal, amantes de la naturaleza como la Asociación Montañera Zamorana y hasta la Unesco acabó por interesarse en el caso. La Administración, como tantas otras veces, se limitó a dejar pasar el tiempo y en 1958, una vez enfriados los ánimos, otorgó a Elsa – que se había deshecho de Ideam al comprar sus derechos - la concesión definitiva de las obras, con escasas modificaciones encaminadas a salvar un puñado de cultivos en Ribadelago y a entreabrir la puerta a un posible futuro turístico, algo cuya importancia había despreciado Ideam en informes previos. Las obras deberían comenzar en el plazo de tres meses desde su publicación en el BOE. Enseguida se abrieron algunos caminos y alzaron barracones para justificar ese comienzo.

Y entonces, la noche del 9 de enero de 1959 bramó la sierra: se partió la presa de Vega de Tera y la riada resultante arrasó el pueblo de Ribadelago. Se ha dicho a menudo que sólo los ciento cuarenta y cuatro muertos y desaparecidos en la catástrofe – víctimas, muchas más – fueron capaces de frenar el represamiento del Lago y es cierto; sin embargo conviene saber que inmediatamente después de la tragedia el Gobierno apremió a Elsa – y hay correspondencia oficial que lo atestigua – para conocer sus planes sobre la ejecución de las obras. Pese a todo, el proyecto acabó diluyéndose principalmente por la necesidad de la dictadura de desviar el foco de atención ante una situación vergonzosa a la que no era del todo ajena, pero también por la pérdida del apoyo de la opinión pública a las construcciones faraónicas de las eléctricas, que hasta entonces había aplaudido con asombro. “El proyecto definitivo y el subsiguiente plan de obras no están ultimados. La Sociedad [Elsa], con el mejor deseo de colaborar con los planes gubernamentales, ordena que se traslade al gobernador civil de la provincia el deseo de que el Instituto Nacional de Colonización – atareado en la recuperación del terreno de labor – realice su proyecto sin tener en consideración las futuras obras que el aprovechamiento hidroeléctrico pueda requerir, con lo cual se puede resolver el problema social y agrario presente y, en su día, si fuese preciso, ya indemnizará la empresa, generosamente, los terrenos que en la medida mínima posible pudieran quedar afectados”.  En los primeros años de la nueva década, el Lago pudo considerarse a salvo.

Las autoridades inspeccionan el lugar del desastre. Hemeroteca ABC

¿Y el resto del río Tera? Pues, a pesar de quedar también hibernados durante un tiempo, los proyectos no fueron abandonados: en 1969 se inauguró el embalse de Cernadilla, al que después siguieron el de Valparaiso y el de Nª. Sª. Del Agavanzal. El impacto que han supuesto en la comarca puede verse con total claridad al comparar los mapas del IGN de 1946 y 2003:



Pd. Anterior – o al menos contemporáneo – al proyecto inicial de Oliver existe otro, obra de José Alonso, que planteaba una presa en Aguas Cernidas, en los montes de San Martín y Terroso – uno de los lugares más bellos de la Sanabria desconocida. Afortunadamente cayó en el olvido.



Bibliografía:
  • La Energía Eléctrica, nº 13 al 19, 1919
  • Revista de Obras Públicas, nº 76, 92 y 93 (1919) y Mayo de 1951
  • Hispagua
  • Embalses.net
  • Hojas del Furueto nº1 (2000)
  • 9 ene 1959 00h24 Ribadelago (2008) Museo Etnográfico de Castilla y León
  • Ribadelago, la tragedia de Vega de Tera. J.A. García Díez (2001) Ed. A. Saavedra – y varios artículos del mismo autor para La Opinión de Zamora. García Díez es, posiblemente, el autor que más y mejor ha escrito sobre la rotura de Vega de Tera, todos sus antecedentes y consecuencias. Estas entradas son en gran medida un pálido reflejo de su trabajo.

30 ene 2014

Un Pantano sobre el Lago. 1: Los Proyectos

Si se prescinde de algunos pastores y cazadores sanabreses, me atrevo a asegurar que desde la primera [Vega de Tera] al segundo [El Lago de Sanabria] por el fondo del barranco por donde se despeña el río Tera hemos bajado, hasta la fecha, tres personas únicamente, los ayudantes de Obras Públicas D. Antonio Franganillo y D. José de la Guesti y yo, durante el verano del año 1917. Una prueba de mi afirmación la constituye el hecho de que hasta finales del año 1912 no se ha establecido con exactitud la situación relativa del río Tera y de la laguna de Lacillo. Hasta entonces en todos los mapas, incluso en el de Coello, se dibujaba al primero como si cruzara a la segunda. Desde el alto de Ventosa se ve ya que el río Tera no entra en la laguna de Lacillo.[...]
Este río tiene su origen en el Portillo de Puertas, cerca de la elevada peña Trevinca, y después de aumentar su caudal con las aguas de la laguna de Lacillo y de las numerosas fuentes de la Cuesta de la Cuchilla, de correr tranquilo en dirección norte-sur, cerca de 12 kilómetros por un llano a altitud de 1.700 metros y regar el sitio denominado Vega de Tera, abundante en buenos pastos, se precipita formando vistosas cascadas en el profundo valle llamado La Cueva, cuya descripción hace el P. Flórez (España Sagrada, tomo XVI), diciendo: »Cercado por todas partes de unas peñas muy altas, es como un Hortus conclusus, y una especie de paraíso abreviado, cubierto de alfombras naturales, tejidas de verdes praderías, matizadas por la misma naturaleza como si fuera con arte, con varios boscajes de árboles, manzanos, perales, avellanos, cerezos, acebos, tejos y otras especies que forman un país útil y deleitable»”

Este fragmento forma parte de una serie de artículos escritos por el ingeniero de caminos Bienvenido Oliver y Román y publicados simultáneamente en la “Revista de Obras Públicas” y en “La Energía Eléctrica”, en la tan temprana fecha de 1919. Presentaba el ingeniero un proyecto, para el que aseguraba tener ya las concesiones ministeriales pertinentes, donde demostraba que “es posible establecer en esta región del Tera un aprovechamiento hidroeléctrico bastante importante, económico, y de aplicación inmediata, sin duda alguna, por ser factible transportar la energía eléctrica producida a zonas ricas y pobladas de las provincias de Zamora, Palencia, León y Valladolid, insuficientemente dotadas en la actualidad"; y añadía: “Esta descripción se limita a dar a conocer en forma muy concisa, pero lo más clara posible, todos los elementos de dicho aprovechamiento necesarios para adquirir una idea de él, tanto desde el punto de vista técnico como desde el industrial, demostrando al mismo tiempo la posibilidad y conveniencia de su realización." El proyecto se dividía en dos partes, denominadas Salto Ribadelago y Salto Cobreros. Ninguno de ellos llegó a realizarse... entonces.


El Salto Ribadelago se centraba en una “presa de derivación un poco aguas abajo de la confluencia de arroyo de Lacillo con el río Tera, punto donde empieza a tener pendiente fuerte el cauce del segundo. De la presa arranca el canal, el cual termina a un kilómetro de distancia, en dirección SE, del Alto del Campo; su longitud es 6.360 metros, de los cuales 5.850 constituyen un túnel”. La casa de máquinas se establecía “en la zona oeste de la margen norte del lago de Sanabria, próxima a los Picos de Royan" Con respecto a la presa “de poca altura y muy corta”,  especificaba del lugar de su emplazamiento: “su altitud es cerca de 1.650 metros y reúne condiciones excelentes para aquel objeto, porque tanto las márgenes como el fondo del río son de granito y hay la seguridad, por lo tanto, de que los cimientos de la presa tendrán muy poca importancia y se construirán sin dificultad alguna”.

Croquis de Oliver (Revista de Obras Públicas)
Muchos entre ustedes ya habrán descubierto que don Bienvenido estaba describiendo el esqueleto básico del posterior proyecto de la empresa Moncabril (hablamos de ello aquí). Pese a lo rudimentario del croquis publicado y la breve descripción del lugar donde debía construirse, puede comprobarse que no difiere demasiado de la localización final de la presa Vega de Tera, de trágico recuerdo.



El proyecto del Salto Cobreros preveía la construcción de otra presa “inmediatamente aguas abajo de la salida del río Tera del Lago de Sanabria, sitio cuya altitud es 1.020 metros y que reúne condiciones excelentes para aquel objeto […] La coronación de la presa se coloca en la altitud 1.026 metros, y así su altura máxima será 6 metros, y como la longitud es unos 50, se comprende que la influencia del coste de esta obra en el presupuesto general no ha de ser muy grande. Se propone una presa-vertedero porque su altura y la naturaleza del fondo del río lo permiten” El sistema se complementaba con un sistema de canales que no detalla en profundidad, pero incluía uno con “origen en la ensenada que forma el lago al E. del Balneario [de Bouzas] y termina al E. del Alto del Castro en la divisoria del arroyo de las Truchas y del río Castro o Requejo; su longitud total es 6.950 metros, de los cuales 2.350 están en túnel”; otro en la orilla izquierda del Tera con objeto de “recoger, con presas de derivación, las aguas de los ríos Vecilla, Trefacio y Forcadura y las del arroyo Valdearca para verterlas en el Lago de Sanabria, ampliando así la cuenca de éste” y, finalmente, un tercer canal para “la toma de las aguas del arroyo de las Truchas, un poco aguas abajo del pueblo de Sotillo”. La casa de máquinas se hubiera situado “entre la carretera de Villacastín a Vigo y [la margen izquierda de] el río Requejo muy cerca de la Venta de Guerra”. En resumen: un tajo en pleno corazón de la Sanabria Central.


El proyecto completo estuvo en hibernación hasta la década de los 40, cuando al poco de terminar la Guerra Civil otras compañías se muestran también interesadas en el aprovechamiento hidrológico del Tera. Así, en 1943 Ideam, S.A. planteaba la construcción de tres saltos sucesivos desde "la Laguna hasta por debajo del pueblo de Sandín”:
  • El primero consistía en un recrecimiento del Lago mediante un azud de dos metros de altura, un túnel de 1.501 metros a modo de sifón y una conducción de 3,4 kilómetros de la que arrancaba una tubería hasta la central.
  • El segundo se situaría “inmediatamente aguas abajo” del desagüe de la central del primer salto. Otro azud derivaría el agua a través de un canal a cielo abierto de 23,9 kilómetros, proyectado por la margen izquierda del río. La tubería de presión se emplazaba tres kilómetros cauce abajo de Otero de Sanabria.
  • Y el tercer salto iniciaba su azud de derivación a 2,2 kilómetros del desagüe de la anterior. El canal recorría un trayecto de 10,9 kilómetros, también a cielo abierto, y la tubería de presión estaba situada a 1.700 metros más allá de Sandín. La energía anual de salida de los tres saltos quedaba cifrada en un total de 70.800.000 kilovatios hora.


Inmediatamente apareció en escena la sociedad hispano-portuguesa Saltos del Duero, S. A., de gran prestigio ya que venía de construir el macro embalse de Ricobayo sobre el río Esla. Se da la circunstancia que su fundador y alma mater, José Orbegozo, había fallecido pocos años antes tras una grave depresión, al parecer provocada por la muerte de nueve operarios en las obras del mencionado embalse. El proyecto de la sociedad, firmado por el ingeniero Pedro Martínez Artola, preveía cinco saltos, denominados Trefacio, Puebla de Sanabria, Sandín, Anta de Tera y Puente de Tera.
  • El primero de los embalses, Trefacio, afectaba de lleno al Lago de Sanabria, a cuya salida construían un muro de escollera de 18 metros de alturaque produce una elevación del nivel de 16 metros”. El recrecimiento anegaba por completo al pueblo de Ribadelago y sus fincas de cultivo. Se incluía también una galería de presión de 3.470, 66 metros y una tubería de presión de 234 metros que salvaba un desnivel de 39,50 metros. La central se ubicaba en el río Trefacio con desagüe, a través de desviaciones, a los arroyos de Vigo y Trefacio.
  • El segundo salto, de Puebla, disponía de la presa de derivación a 120 metros del desagüe de la central anterior. El canal discurría a cielo abierto por un tramo de más de 7 kilómetros, que conducía el agua hasta la cámara de carga, situada aproximadamente a un kilómetro de la villa. De la referida cámara partía la tubería metálica de presión, con una longitud de 154 metros y 2,10 metros de diámetro, salvando un salto de 53 metros.
  • El salto de Sandín llevaba ubicada la presa de gravedad, de casi 50 metros de altura, aguas arriba del puente de Sandín. La central se emplazaba adosada a la presa y la parte central de la misma hacía de vertedero de las aguas rebosantes. Este pantano inundaba una extensión de 780 hectáreas y la cola del embalse llegaba hasta Puebla de Sanabria.
  • El salto de Anta de Tera, con unas trazas bastante parecidas al anterior, contaba con una planta de presa recta, con la central emplazada en la margen derecha y con una turbina de 11.000 kilovatios. La cota superior del embalse se sitúa a 31 metros del lecho del río y la cola del pantano llegaría hasta el puente de Sandín. La superficie inundada por la obra alcanzaba las 42 hectáreas.
  • El salto de Puente de Tera emplazaba su presa a unos tres kilómetros aguas arriba de la carretera Villacastín-Vigo; una presa de planta circular de unos 300 metros de radio, cuya parte central serviría como vertedero con dos vanos. La cota máxima del embalse alcanzaba los 36 metros sobre el lecho del río y, entre los daños colaterales, se contaba con la inundación de parte del pueblo de Manzanal de Abajo.
El proyecto de Martínez Artola contemplaba aún la posibilidad de otro salto en Villar de Farfón, con una presa de 25 metros de altura. Esta última ejecución quedaba pendiente de la definición de los canales de riego que indicara la Confederación Hidrográfica del Duero.


(Continuará)

2 ene 2013

Aguas Termales (actualizado)


"En la region central del N. se hallan estas aguas [Calabor], declaradas de utilidad pública á fines de 1887, pero no permitiéndose su explotación hasta que se construya el establecimiento en proyecto. Son aguas sulfurosas-sódicas frias, en el partido judicial de Puebla de Sanabria, de condiciones muy análogas á las de Bouzas. Hay dos manantiales, llamado uno de ellos el de los Portugueses, y ambos baños están muy concurridos de gentes poco acomodadas. El Anuario oficial correspondiente á 1887, se limita á hacer mención de estas aguas, ofreciendo ocuparse detenidamente de ellas cuando se autorice la apertura al servicio público del establecimiento que se halla en proyecto."
Aguas minero-medicinales de España, y algunas de las más importantes del extranjero y Ultramar, 1889

"Pero fue a partir de finales del siglo XVIII cuando el Balneario de Calabor floreció y se amplió con la construcción de una edificación para los enfermos más graves, con dos amplias zonas de baño, una para hombres y otra para mujeres, donde había que guardar turno para entrar en las bañeras que en aquel entonces se calentaban a base de pucheros en la hoguera.
Ya entrados en el siglo XIX, y debido a la virtud curativa de las aguas de Calabor, este edificio se agrandó y reformó en base a un proyecto de Pascual Cañibano, para poder albergar a los bañistas más adinerados y asegurarles todas las comodidades existentes en aquélla época; así por ejemplo se construyó una carretera exclusiva que comunicara la aldea de Calabor, situada a 2Km con el Balneario, y se instaló una máquina de vapor que permitía disponer en todo el edificio de calefacción central y caldera de agua caliente. En esta época constan repetidas visitas de personajes tan insignes como la emperatriz Eugenia de Montijo y el marqués de Benavente.
Este caserón pertenecía al pueblo y era éste el que arrendaba su explotación, hasta que de común acuerdo a principios del siglo XX se procedió a su venta a un grupo de empresarios de Zamora y Madrid.

Fue en este siglo cuando el Ministerio de la Gobernación, durante la 1ª etapa de la Restauración en España, mediante una Real Orden emitida el 14 de diciembre de 1887 declara de utilidad pública el Agua de Calabor y en 1928, se reconocen de manera oficial sus propiedades Minero-Medicinales. Una vez privatizado, el destino del Balneario fue pasando de mano en mano, hasta que un desgraciado incendio destruyó este recuerdo del pasado en los años 60, dando paso a la nueva era que verían las aguas medicinales.
A raiz del infortunio, un ilustre vecino del lugar compró la propiedad y pensó en hacer llegar las riquezas curativas del agua a tantos lugares como fuera posible. Así surgió la idea de la planta embotelladora, a principios de los 70."

[A día de hoy la planta sigue embotellando la muy apreciada Agua de Calabor y está en marcha un proyecto para relanzar el Balneario]


"En la region central del N., entre las sierras Negra y Segundera, al S. del lago délos Condes de Benavente [sic], término de Riva del Lago, Ayuntamiento de Galende, partido judicial de Puebla de Sanabria, se halla este establecimiento [Bouzas], á 12 kilómetros de la cabeza del partido y á 120 de Zamora; á los 42° 8' 30" de latitud N., y 3o, 2' 35" de longitud O. del meridiano de Madrid, y á 800 metros sobre el nivel del mar. Hay tres manantiales: el del Peñón, único que se explota, sobre el que está construido el establecimiento; otro llamado Fuente del Escalón, á 400 metros al O., y otro más escaso, conocido con el nombre de Fuente del Arenal, á 300 metros y al S. O. del anterior. Todos brotan en terreno siluriano. El del Peñón da 15 litros por minuto. Los demás están sin aflorar. Su temperatura en los tres manantiales es de 15°, y la densidad 1.0002. [...]

Pertenecen estas aguas á las sulfurado-sódicas-frias. La mayoría de los pocos enfermos que acuden á este establecimiento padecen de herpetismo, escrofulismo y algunos de reumatismo. También se mencionan buenos resultados en neuralgias, sífilis secundaria y terciaria y en la pelagra.  Su especialidad terapéutica parece corresponder á las herpétides húmedas y catarros herpéticos y escrofulosos. 

Es un malísimo establecimiento, que debiera estar cerrado al público. Su instalación puede decirse que es nula, siendo muy incómoda la estancia para los bañistas. La concurrencia de personas acomodadas suele ser de unas 100 en cada temporada oficial, acudiendo bastantes pobres de la comarca. Está abierto al público desde el 20 de Junio al 20 de Septiembre. El viaje se hace por ferrocarril hasta Zamora, y por carretera desde esta ciudad á Puebla de Sanabria, habiendo desde aquí al establecimiento un malísimo camino de herradura. Es actualmente su propietario D. Fidel Ramos."
Aguas minero-medicinales de España, y algunas de las más importantes del extranjero y Ultramar, 1889
 [La casa de Baños/Balneario como tal lleva cerrada unas cuantas décadas. Después se han intentado diversas iniciativas hosteleras, pero su situación en la misma orilla del Lago hace su reapertura, hoy por hoy, legislativamente improbable]


"En este pueblo [Cobreros] se cuentan hasta siete fuentes de buenas aguas, entre las que existen dos sulfuradas y muy parecidas a las de Bouzas en Ribadelago. Una de ellas que se conoce vulgarmente con el nombre de Fuente Cheirona, á cuyo alrededor se ha practicado un primitivo revestimiento de piedra, es tan abundante que da origen á un arroyuelo de consideración. Se halla situada á unos siete kilómetros al S. del Lago de Sanabria y á tres y medio al N. de la Carretera de Zamora á Orense. Su temperatura ignoramos si es constante, aunque de todos modos es poco elevada.

Solo la emplean algunos enfermos de la localidad y de las más inmediatas y, á lo que parece, con excelentes resultados, por lo que entendemos que merecía hacerse un examen detenido del caudal y composición de esta fuente que con una investigación minuciosa pudiera ser causa de una explotación en la que parece nunca se ha pensado."
Felipe Olmedo y Rodríguez: La provincia de Zamora : guía geográfica, histórica y estadística de la misma - 1905

[La explotación comercial de estas aguas - incluida la Casa que ya hemos visitado - finalizó aproximadamente en 1942. Todos los esfuerzos posteriores por volver a ponerla en funcionamiento han fracasado hasta ahora. Cada vez parece más dificil]


Calabor: Fotos 2 y 3 
Bouzas: Fotos 4, 5 y 6 
Cobreros: Fotos 1, 7, 8 y 9

 Situación:
A) Bouzas
B) Cobreros
C) Santa Colomba (otro manantial de aguas sulfurosas)
D) Calabor

[Hay quién defiende que los cuatro manantiales se nutren de un mismo acuifero]
 

18 dic 2012

Sanabria, 1931: República de Trabajadores (y 2)

 (viene de aquí)


"Al otro lado del lago está la segunda aldea: Ribadelago. Aquí, los aldeanos no tienen que pagar el foro, pero no por ello pasan menos hambre. Aquí, hay todavía menos tierra. Unos  diminutos  sembrados  de  patatas,  que  tal  parecen  huertos  de  juguete.  Los moradores de estas aldeas comen patatas y habas. Procuran comer con medida, para no excederse.  Cabañas  como  gallineros,  barracones  oscuros  sin  ventanas.  Rara  vez encienden los candiles. El aceite resultaría demasiado caro. En cada guarida de éstas, viven seis, ocho, diez personas. Enfermos, ancianos, niños; todos revueltos. Antes había una escuela. Luego, trasladaron al maestro y se olvidaron de mandar otro. Y no notan su falta, pues es difícil tener ganas de estudiar con el estómago vacío. 
 
 En toda la aldea no hay más que una casa con chimenea, ventanas y hasta visillos en las ventanas. En esta casa vive el administrador de la señora de V... Sobre esta señora se podrían  componer  versos.  Antaño,  el  poeta  le  hubiese  cantado:  “¡Hermosa  eres, poderosa y rica...!”. Yo no sé si la señora de V... es hermosa. Sólo sé que es poderosa y rica. Es propietaria de varias casas de la Gran Vía de Madrid. También le pertenecen las aguas del  lago de San Martín de Castañeda.  Estas aguas,  suavemente plateadas,  que despiertan los sentimientos líricos y que, además, son ricas en pescado. La tierra no es de la señora de V...  A ella sólo le pertenece el  agua.  Cuando el  agua sube de nivel, crecen sus dominios. Es un rompecabezas jurídico, complicadísimo. Pero el abogado, que es casualmente el mismo caballero a quien los aldeanos del pueblo vecino pagan el foro, sabe desenredar muy listamente estas sutilezas. A la señora de V... le pertenece el agua con todos sus peces. El pescado del lago es excelente: magníficas truchas. Pero la señora de V...  no puede hacer  nada con estas truchas.  Los portes hasta Madrid son demasiado caros. Y la señora de V... puede pasarse perfectamente sin este pescado, pues un solo piso de uno de sus rascacielos madrileños le rinde mucho más que todo este poético lago.
 

El administrador de la señora de V...  pesca las truchas. A veces, las vende en Zamora o en los pueblos de los alrededores. Vende las truchas al abogado. Las que puede, se las come él mismo. Pero en el lago hay mucho pescado y los peces pueden pasearse a sus anchas, sin temor a nadie. El administrador del lago se construyó un precioso hotelito. Se convirtió en el  cacique del  pueblo. Fue hasta alcalde.  Vive espléndidamente.  Sus derechos están defendidos por los guardas. Los guardas tienen escopetas. Si un aldeano, muerto de hambre,  se atreve a pescar de noche,  le amenaza con una multa o con la cárcel. En España, a veces, saben hacer cumplir las leyes... Los aldeanos hambrientos pueden contemplar el  lago, admirar las truchas azuladas y asalmonadas,  admirarlas y conmoverse. Así pintaban el infierno los pintores de la primera época del Renacimiento. No falta detalle. Los pescadores se retuercen hambrientos y desesperados, mientras el diablo está sentado plácidamente en su casita, detrás de los visillos. Esta  mañana  llegó  a  la  aldea  un  médico  de  Zamora.  Es  un  hombre  bueno  y candoroso. Asiste gratuitamente a los aldeanos y hasta les ayuda de su bolsillo con cuanto puede. Antes, hacía propaganda aquí para la República. Creía firmemente que la República no se limitaría a trasladar al señor Alcalá Zamora de la cárcel al palacio real, sino que daría también de comer  a los campesinos de Ribadelago. Una mujer  alta, rodeada  de  críos,  le  para  en  la  calle.  Tiene  el  rostro  afilado  por  el  hambre  y  los sufrimientos.

¿Cómo es, don Francisco —le pregunta la mujeruca al médico—, que la República no ha llegado todavía hasta nosotros?

La ironía española es siempre seria.  La ironía literaria del  Arcipreste de Hita,  de Cervantes, no se diferencia gran cosa de la ironía de cualquier aldeano. Don Francisco calla.  Después de todo, ¿qué va a contestar? ¿Que la República es muy comodona? ¿Que le asusta el  viaje burro? ¿O confesar  que hace tiempo que la República llegó a estos lugares,  pero que se detuvo en casa del  administrador de la señora de V...[Villachica, Victoriana de],  que tutea al  abogado de Sanabria,  que entiende mucho de foros y de truchas y que no es sólo una República, una República como otra cualquiera, sino una República de trabajadores...?”
Ilya Erhenburg: España, República de Trabajadores. 1932


Notas 

  • Como en el caso de la Carta a Unamuno, el texto de Erhenburg puede ocultar motivos propagandísticos, pero no utiliza datos falsos: Alejandro Casona llegó a Sanabria tres años después al frente de una Misión Pedagógica y Social y su descripción de Ribadelago y San Martín es coincidente. En cuanto al tema del foro - me han contado que en determinados lugares se siguió pagando hasta la década de los 50 del S.XX - les recomiendo el artículo "Crónica de una frustación forestal", de Luis Ángel Sánchez Gómez: aunque centrado en la localidad zamorana de Abejera, las vicisitudes de los vecinos por librarse de los tributos señoriales, el esfuerzo por adquirir la propiedad de las tierras y la posterior expropiación por parte del estado les resultarán familiares a todos los sanabreses y carballeses.

  • Fotos extraídas del libro “El Lago de Sanabria, Sitio natural de Interés Nacional. Paisaje pintorescoJoaquín Aroca García, 1959.  Este opúsculo recoge una conferencia del mismo autor, entonces miembro de la Asociación Española de Escritores de Turismo, fundador de Los Amigos del Lago de Sanabria y Vocal Gestor Delegado de su Patronato Nacional, dictada en Madrid el 23 de enero de 1959; es decir: dos semanas después de la rotura de la presa de Vega de Tera. Las referencias a la tragedia son mínimas, muy escasas.

Fidel, alcalde pedáneo de Ribadelago en 1959

  • En este mismo libro encontré una reproducción de la dedicatoria que Unamuno dejó plasmada en el Libro de Visitas de la Hospedería de Bouzas, regentada entonces por los señores de Requejo. En ella, el viejo rector transcribe sus célebres versos sobre la comarca (San Martín de Castañeda, espejo de soledades...) y finaliza "En el Lago de San Martín de Castañeda, de Sanabria, oyendo el rumor de Valverde de Lucerna, sumergida bajo las aguas, el día 1º VI 1930"


  • Y ya que vuelve a salir Unamuno, aprovecho para compartir con ustedes el correo que me envió Alfredo tras la publicación de la entrada citada:
  • "El personaje de San Manuel Bueno martir fue sacado de un cura de Santa Cruz de Abranes, llamado Manuel Rodríguez Fernández. Unamuno estuvo en ese pueblo y conversó largamente con ese señor, cuyas creencias, problemas y contradiciones están vivamente reflejadas en la novela. El cura era tio abuelo de mi madre, quien fue testigo de esas conversaciones y falleció en San Román, de donde era oriundo, hacia el año 1951"
    ¿Qué les parece? ¿Cambiaría nuestra percepción de la novela el saber que Don Manuel pudo ser un personaje real?


11 dic 2012

Sanabria, 1931: República de Trabajadores (1)


Recordarán ustedes a Ilya Erhenburg, el autor de la Carta a Unamuno que recuperamos hace unas semanas. En aquella entrada ya adelantábamos que el escritor soviético visitó Sanabria en 1931 y reflejó sus experiencias en el libro “España, República de trabajadores”. A nuestra comarca le dedicó un capítulo entero, precisamente el que da título a la obra. Esto es lo que contó:


La combinación de rosa y gris siempre nos conmueve. Acaso no sea más que un capricho del ojo. Acaso una interpretación subconsciente de lo que llamamos “vida”. El lago es ahora de un gris pálido, los montes de un rosa tierno. Esta región parece creada para las expansiones líricas. Aquí, la lengua española, viril y dura, se reblandece. Aquí puede  hablarse  de  amor,  sin  espantar  a  los  pájaros  y  al  silencio  con  las  ásperas consonantes.  Aquí,  las  mozas  cantan  fados  tristes  y  suaves.  Más  allá  de  aquella montaña, es ya Galicia, con su verdor lavado por las lluvias y sus pastores predispuestos a la poesía. Las orillas del lago están silenciosas y deshabitadas. La vista distingue, con alguna dificultad, algunas cabañas sobre los collados. En el lago pululan peces, sobre el lago revolotean pájaros.  Así  solían pintar  el  paraíso los primeros renacentistas.  Sólo faltan las rizadas ovejas y los justos. No cabe duda, aquí la gente tiene que ser feliz. Por aquí pasó Unamuno. Escribió unas estrofas inspiradas.  El camino llega hasta el lago. Una  posada,  tortilla  y  truchas  del  lago.  Un  álbum  para  los  visitantes.  Una  cosa intermedia entre un balneario y el edén. La carretera transitable no pasa de aquí. Una senda, un burro. Dos aldeas: San Martín de Castañeda y Ribadelago. Nadie va hasta ellas. ¿Para qué van a ir? Allí no hay nada que comprar, ni nada que vender. Un rincón pintoresco y la miseria maldita. Y en España ni una cosa ni otra son excepcionales.


Sin embargo. San Martín puede vanagloriarse de sus bellezas artísticas.  Entre las míseras  cabañas  se  levantan  las  ruinas  de  un  convento.  Columnas  románicas...  Un nicho... Un ventanal... Hace cien años que los sabios monjes abandonaron el convento. Se dieron cuenta de que el hombre no puede vivir sólo de lo bello y se trasladaron a lugares  menos  poéticos,  pero  más  lucrativos.  Los  aldeanos  no  se  marcharon.  Los aldeanos  se  quedaron  al  lado de las  ruinas  románicas.  Pero  el  monasterio no dejó solamente el rastro de las piedras inofensivas. Dejó también la vieja maldición: el foro. Antiguamente los aldeanos pagaban todos los años un tributo al convento. Los frailes, al mudarse, vendieron este derecho a un señor completamente mundano. Ni más ni menos que se venden los muebles en una mudanza. Los frailes vendieron el foro, es decir, el derecho a desvalijar  anualmente  a los aldeanos.  Esto sucedía en el  año 1845. Han pasado casi  cien años. 


Muy lejos de aquí,  en Madrid, se sucedieron los gobiernos y cambiaron los colores de la bandera. Vino la Primera República. Subieron al poder los liberales; tras ellos, los conservadores. En las elecciones, salían triunfantes los distintos partidos. Algunos osados tiraban bombas. Algunos valientes se sometían al suplicio de la horca.  El  rey distribuía concesiones  a los americanos.  El  rey hacía viajes  a San Sebastián, el rey se divertía...


Luego, destronaron al rey. El señor Alcalá Zamora pasó unos días en la cárcel. El señor Alcalá Zamora se instaló en el palacio de Oriente. Pero todo esto pasaba muy lejos de aquí, en Madrid. Para venir de Madrid hasta aquí, hay que montar primero en un rápido hasta Medina del Campo; luego, en un correo hasta Zamora; luego, en autobús hasta Puebla de Sanabria; luego, en coche de mulas hasta el lago; luego, en burro, si es que lo hay... ¡Qué lejos está Madrid de esta aldeíta! Aquí, no ha cambiado nada. El agua del lago sigue poniéndose gris y las montañas de color de rosa, igual que antes, en los atardeceres. Las mozas siguen cantando canciones tristes igual que antes,  e igual que antes los aldeanos mandan todos los años a un caballero desconocido, a un fantasma,  el  foro, o hablando más claramente:  dos mil  quinientas pesetas.



Los aldeanos tienen muy poca tierra: un puñado de tierra, que no es siquiera tierra, sino “tierriña”. ¿Qué sacarán de ella? Trescientos treinta habitantes tiene la aldea. Corno en todas las aldeas, un sinfín de críos. Aquí, la miseria engendra con la terquedad de los fatalistas resignados. Niños hambrientos. En vez de casas, establos negros, ahumados. Se  resiste  uno a  creer  que  la  gente  pueda vivir  así  toda la  vida.  ¿Serán fugitivos, víctimas de un incendio? No; son sencillamente españoles contribuyentes. Jamás viene nadie  en  su  socorro.  Y año  tras  año,  tienen  que  entregar  a  un  caballero  lejano  y desconocido todo lo que consiguen arrancarle  a  la  tierra  avara:  dos mil  quinientas pesetas. ¡Quinientos duros! Quinientos duros para el caballero fantasmal que heredó de su padre,  además  de otros  bienes,  el  derecho a seguir  cobrando el  antiguo foro.  El afortunado caballero  es  abogado.  Posee  una hermosa  casa  en  la  aldea,  al  lado del convento. No tiene muchos clientes, pero los aldeanos han de pagarle anualmente sus quinientos duros,  no porque él  los necesite, sino porque conoce bien las leyes y sus derechos... A los ricos no les sobra jamás el dinero. Todos los años reciben los aldeanos el aviso correspondiente. Mandan el dinero. El señor firma el recibo.

En el  mes de abril  de 1931, los amantes de la libertad proclamaron en Madrid la República. Y no contentos con esto, declararon en la Constitución que España es una “República  de  trabajadores”.  Claro está  que,  para  evitar  malas  interpretaciones,  se apresuraron a aclarar: “Una República de trabajadores  de todas clases”.  En 1931, lo mismo que en los años anteriores, los campesinos de San Martín pagaron al señor las dos mil quinientas pesetas. Trabajaron todo el año hurgando la tierra estéril. También el señor trabajó lo suyo: al llegar la fecha, se pasó el aviso y firmó el recibo."
Ilya Erhenburg: España, República de Trabajadores. 1932


Fotos extraídas del libro “El Lago de Sanabria, Sitio natural de Interés Nacional. Paisaje pintorescoJoaquín Aroca García, 1959

Pd. Erhenburg, en su visita a España, recorrió principalmente Madrid, Barcelona y otras capitales de provincia. Las zonas rurales las describe como quien las ve de paso de una ciudad a otra; sin embargo hubo dos a las que les dedica sendos capítulos completos. El de Sanabria ya lo estamos leyendo, el otro retrata Las Hurdes. La comarca extremeña se había dado a conocer como símbolo de la miseria absoluta tras la visita de Alfonso XIII - Buñuel rodaría "Tierra sin Pan" en el mismo 1932. Pero... ¿cómo llegó Sanabria a convertirse en objetivo de Erhenburg?

Esta entrada va dedicada a la memoria del gran contador de historias Gabino García Vega, fallecido el pasado 6 de diciembre.  Una enorme parte de la tradición de Sanabria y Carballeda se ha ido con él.

2 nov 2010

La Misión en Sanabria, 1934


Hay que ir a esos pueblos con elementos de acción social inmediata y eficaz; darles, junto a las normas higiénicas, la posibilidad de cumplirlas; llevarles abonos y semillas y enseñarles prácticamente las mejoras posibles de sus cultivos tradicionales; dotar esas escuelas de material útil; fundar comedores y roperos; trabajar por estos niños, por estos campesinos, por estos maestros, con la inteligencia y con las manos, en comunión de ideales e intereses, y llamar vigorosamente a las puertas de la opinión pública para lograr ese esfuerzo colectivo que borre de una vez las sombras más tristes del mapa español. [...]


Por las mañanas, desde que se inauguró el comedor, actuamos en la escuela: pequeños trabajos de decoración escolar, lecturas amenas, realizaciones manuales, canciones, juegos y destrezas al aire libre. Somos ya amigos de estos niños; nos buscan, nos saludan a gritos, desde lejos, cuando nos ven llegar, y corren a nuestro encuentro: nos miran de frente, y hablan y ríen libremente con nosotros. En la escuela vamos familiarizándoles con el nuevo material de trabajo: las cuentas y fichas de color para el cálculo, la cartulina y las tijeras, la pintura por el recorte en papel charol, la plastilina, la tiza de colores. Rompen a dibujar figuras, esquemas y palabras, recortan y pegan molinos de viento que llevan luego gozosamente al recreo. Ellos, a su vez, hacen lo imposible por agradarnos. Se lavan las manos, se peinan. Algunos niños se arriesgan a prescindir de la boina mugrienta, por lo menos en las horas de sol. Otros, excediéndose en celo, llegan a presentarse con el pelo reluciente de aceite [...]


Una tarde vamos a tomar café a la casa parroquial, invitados por D. Pedro. Este buen cura de aldea, amigo y colaborador de la Misión desde el primer día, es ejemplo vivo de lo que hasta hoy habíamos tenido por una inocente creación literaria: el clérigo rural de breviario y escopeta, discreto en la campechanía y devoción, caliente de sentido humano, con la frente curtida de soles y las manos humildes hechas a la rienda, el azadón y el óleo [...] Charlamos amigablemente, liando tabaco portugués en papel del Rey de Espadas. Corzos, cosechas y niños saltan en la conversación. Nos habla del monasterio bernardo en ruinas, dueño antaño de vega, caza y pesca; del archivo parroquial, que acredita su antiguedad -en el Siglo X se le mandaba reconstruir, contemporáneamente al foro promulgado en privilegio de los monjes por Ordoño II y que ¡todavía- grava las pobres cosechas de San Martín-. Hablamos del Lago, rico en truchas asalmonadas, usurpado durante años en mentida propiedad particular por una señora que se decía heredera del privilegio bernardo [...]


[En Ribadelago] Un joven maestro, de reciente nombramiento también -D.J.Enriquez de la Rúa-, lucha bravamente en la escuela. Ha empezado, como nosotros en San Martín, por limpiar el local de arriba abajo a fuerza de brazos, apartando inexorablemente los viejos trastos docentes para implantar nuevos modos. Nos habla ilusionadamente de proyectos, intentos y realizaciones, que delatan el espíritu del auténtico maestro a quien la fe y el ímpetu juvenil ayudan contra todas las desdichas de la incuria tradicional. Contemplamos con simpatía su obra inicial y, pensando en San Martín (el pueblo y el santo) decidimos partir con él nuestra capa misional [...] viniendo a ser la primera respuesta que encuentre este maestro clamando, como tantos, en nuestros desiertos. [...]

La escuela de San Martín, con la cama del maestro al fondo, antes de las reformas
¡Y qué contrastes en estas aldeas de emigración ultramarina! Junto a los analfabetos que dificilmente ligan las primeras sílabas de los letreros castellanos, hay emigrantes que leen correctamente los rótulos ingleses de las películas Eatsman; junto a los que ven el cine por vez primera y apenas comprenden las piruetas de Charlot, hay quien ha conocido personalmente a Chaplin y recuerda años babélicos de Nueva York a San Francisco. [...]

El comedor social abierto por la Misión
La actitud de los pueblos con nosotros, cordialísima y fervorosa en todo momento. No olvidaremos las rondas y danzas típicas con que nos obsequiaron en Galende, la emoción de Ribadelago, los abrazos de San Martín, la gaita de Ungilde, la alegría sudorosa de los mozos de Vigo que, en plena noche, sacaban en vilo a la carretera nuestro coche caído por un terraplén [...]
Alejandro Casona. Memoria de la Misión pedagógica social en Sanabria, Zamora. (Del 5 al 15 de Octubre de 1934)

Foto tomada del blog de Jordi Siracusa
Desde hace algún tiempo llevo dándole vueltas a esta entrada y la mejor manera de enfocarla; para acabar llegando a la conclusión más obvia: mostrar las palabras de quienes allí estuvieron, sin más.
El texto completo puede consultarse en la Biblioteca Digital de Castilla y León, de donde están tomadas las fotografías. Que nadie piense, por favor, en ningún tipo de censura por haber omitido en esta ocasión los pasajes más duros sobre la pobreza de la comarca. Esta vez he querido dirigir el foco sobre las personas: los que llegaron y los que se encontraron. Algunos de ellos todavía viven.