10 nov 2009

Otoño en Sanabria y Carballeda


 
 

 
 

Cinco minutos antes del largo sueño del invierno, la naturaleza entona un último canto de cisne con una explosión de colorido, ribeteado además con la luz más hermosa del año.
Dejadme compartir con vosotros algunas pinceladas del otoño en Cobreros, Santa Cruz y otros rincones de Sanabria y Carballeda.




 

 
 
 

Pd. Las fotos tienen ocho días escasos, pero este fin de semana los "cinco minutos" parecieron pasar de golpe: ¡Vaya viento invernal!


4 nov 2009

Arribes del Duero (y II)



(viene de aquí)
La madre [del río Duero] es siempre poco ancha, pero en verano se estrecha de modo, que toda queda a primera vista en seco, no descubiéndose por do quier si no enormes peñas, por entre cuyas concavidades va el Duero, tan profundo a veces, que no solo no es posible verle, ni aun oir el rumor de la corriente. Por aquel laberinto de titanes, lo primero que se haya son grandísimas peñas, por cuyas concavidades es preciso pasar casi a gatas, saltando luego de roca en roca, bajo las cuales corre el Duero, a cuya mitad se llega a lo que llaman el lomo de la Burra, por donde pasan montados los que no se atreven a hacerlo a pie. Andando de este modo unas seis varas está la peña del salto, plana, de dónde hay que saltar como vara y media, una gran lastra, bastante inclinada, lo cual aumenta el peligro de caer resbalando por aquellas profundidades, hasta sumergirse en el río. Este paso le cruzan los que vienen de Portugal, gateando y agarrándose a unos resaltos que tiene la peña.



Aun aquí no cesan las dificultades y peligros, pues hay altísimas rocas y aberturas hasta la salida, la cual es por entre dos peñas ovaladas que llaman las bolas. Ya estamos en tierra portuguesa, mas no hay que esperar descanso, pues queda media legua de seguir gateando por aquellas desmesuradas arribas o arribes, cuyo suelo es de peñascos, agudos estos, redondos aquellos, resbaladizos los de más allá, hasta dar en el estrecho camino que conduce a Aldea Nova, de Portugal.



Lo que verdaderamente causa maravilla, es, que los naturales vayan de una nación a otra por este paso, llevando a veces a cuestas tres y cuatro arrobas al hombro, tirando la carga a lo hondo cuando bajan, o bien subiéndola con cuerdas donde aun el cuerpo del hombre halla las mayores dificultades, las cuales, como es natural, solo pueden vencer en el rigor del verano.



El Paso de las Cuerdas. Hacia el lugar de Pinilla de Fermoselle y en los recodos del Duero menos anchos, amarran los habitantes de ambas orillas cinco o seis cuerdas a las peñas de uno y otro lado, de manera que crucen el río. La corriente de este, sobre todo, en invierno es tal, que de esta manera evitan el peligro de la barca, así como el registro de los carabineros.Desde luego buscan los sitios menos anchos, si bien tendrán lo menos de diez y seis a veinte varas, en cuyo espacio dispuestas las cuerdas sobremanera tirantes, ponen sobre ella s una horquilla de palo fuertísima, llamada Trasga, de la cual van sendas cuerdas a las márgenes, de donde se tiran de aquellas cuando es necesario. Hecho esto, se ata a la Trasga la persona o bulto que ha de pasar, los cuales parten despedidos con gran impulso de una orilla a la otra, en donde los recojen, con lo cual se comprende cuan grande es el peligro, pues si a tan desmesurada altura se rompiesen las cuerdas era irremediable la muerte del que cayera al Duero.




En verano es el paso de distinta manera, y se verifica por medio de varios cueros llenos de aire, atados unos a otros, sobre los cuales se dispone un plano con ramas, y en el van las personas o carga que ha de pasar. Esta manera de balsa, que tal nombre tiene, se halla sujeta con dos cuerdas a entrambas orillas, de las cuales se tira respectivamente desde tierra, según el lado a que ha de ir la barca. Para tan peligroso paso buscan los naturales de uno y otro reino los más apacibles remansos del río.



Crónica de la provincia de Zamora. D. Fernando Fulgosio, 1869.
Edición facsimil de Editorial Maxtor, 2002.

Todos estos pasos yacen hoy sumergidos bajo las presas y embalses de los Saltos del Duero.



 Fotos (excepto número 1): vixtorman

2 nov 2009

Arribes del Duero (I)



Los Arribes del Duero, a unos cien kilómetros de Puebla de Sanabria y algo más de la mitad desde Villardeciervos, es zona fronteriza por excelencia: el río va marcando la Raya entre Zamora, Salamanca y Portugal. Comarca de gran valor natural, ofrece indudables atractivos para el viajero y una de las excursiones más solicitadas es el paseo en barco por los acantilados, completado posteriormente con una jornada de compras al otro lado de la frontera. Pero no siempre fue así:




 (...) Son a veces sus orillas precipicios de más de mil pies de altura, por donde, a pesar del mortal peligro, la necesidad del trato entre los habitantes de ambos reinos, y aún más, la codicia, hallan medio de establecer comunicaciones, de las cuales merecen especial mención Paso de las Estacas, el de las Cuerdas y el Salto de la Buraca.
En efecto, la rapidez de la corriente y hondura del río son tales, que no es posible establecer barcas, a pesar de lo cual, los ribereños cruzan de una margen a otra a nado, valiendose de fajos de caña, sangas o cuerdas, para lo cual tienen destreza suma.
Parece en verdad como que la naturaleza ha hecho cuanto estaba en su mano para estorbar por esta parte de la frontera la comunicación entre portugueses y españoles. Es el Duero hondísimo foso, cuyas riberas de uno y otro lado están sembradas por espacio de más de legua y media de peñascales, que cruzan profundos barrancos y arroyos, por donde no solo es imposible caminar en carruajes, más, aún a pie, es sobremanera peligroso. De esta suerte, necesario es haber nacido en aquellas comarcas para cruzar por ellas cual lo hacen los naturales, arrostrando atrevidamente todo genero de peligros, y con cargas al hombro.
Como quiera, en los puntos más dificiles existen los pasos que ya hemos indicado y de los cuales vamos dando cuenta.



El Salto de la Buraca se llama también de la moza, por ser tradición, que, huyendo un español con su amada a Portugal, no atreviéndose ella a dar el salto cogiola en brazos el amante y, al saltar cayeron ambos en medio de la buraca. Los naturales llaman buraco a todo agujero que horada de una parte a otra, de donde sin duda viene el nombre de este paso del Duero, cuya forma viene a ser cuadrilonga. En verano el río dejando en seco el resto del cauce, corre por entre dos enormes peñascos cuyas caras superiores están inclinadas hacia la buraca, de manera que es por extremo expuesto rodar y caer al abismo. Este paso llamado también de la Urraca, le usan los naturales así para el lícito como para el ílicito comercio. Se halla entre Terragamones en nuestra provincia y Valdaliga en Portugal.



Paso de las Estacas. Media legua más arriba este paso en lo más áspero de los Arribes del Duero, yendo desde Villar de Yegua, y como a media legua antes de llegar, está la ermita de San Mamed, de la cual arrancan dos senderos llamado uno el Paso Malo. Este merece semejante nombre, pues a menudo ruedan por él y se pierden reses, cosa que con frecuencia ha sucedido también a muchos hombres, cuyo fin por aquellos hórridos peñascales y abismos se comprende con solo asomarse a tan espantables profundidades. Cierto que a su vista la cabeza más firme experimenta mareos. Este sendero, va a parar al Peñón de las Estacas.



El de la izquierda, llamado camino de los Molinos, es de fácil tránsito, así en lo alto como en la bajada, hasta llegar al referido peñón. Aquí, por empinadísimos peñascales, en donde brotan veneros de aguas cristalinas, es fuerza encaminarse, y después de llegar, no sin dificultad, a un peñón de tan grande altura, que no es mayor la espadaña de la más elevada torre de la iglesia, por tan difícil paso es necesario bajar arrastrando, y, siguiendo los bordes de peñas, donde el menor descuido cuesta la vida, se llega a las cuatro estacas de madera que dan nombre al paso. Se sigue bajando o rodando, mas bien, teniendo siempre grandísima cuenta con no dar en el precipicio, y cuando ya nos hallamos al otro lado de tan temible lugar, aún nos queda el del río.

Cronica de la provincia de Zamora. D. Fernando Fulgosio, 1869.
Edición facsimil de Editorial Maxtor, 2002.

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(continuará)