Termino de cenar, subo, me ducho en dos patadas, ropa de guerra, brillantina, un poco de elixir bucal, bajo, un buenas noches no me esperéis de pie, salgo, Pito me espera, un cigarro, bajamos andando hacia la plaza, toca esperar, un canuto, van llegando todos, reparto en los coches, otro canuto, bajamos al Escaparate, una cerveza para empezar, no hay ambiente, a los coches, a Puebla, aparcar, subir la cuesta, otra cerveza, otra más, saludos a los camareros, charlas rápidas y frases hechas, bajamos la cuesta, un canuto, hay que mirar que se acaba el costo, vamos hacia el Rincón, subimos, no hay nadie, abajo, yo me paso ya al ron, mucho bollycao, digo tonterías, otro cubata, bailo, no, mas bien vacilo, chorradas, se va llenando, un poco de ambiente, otro cubata, vamos fuera, unos polvos para la nariz, adentro, desaforados, entramos a un par de tías, huyen, más alcohol, subimos, ambiente de fiesta, sudor, me hierven los nervios, me muevo, me agobio, vámonos, yo no, yo si, luego nos vemos, a la calle, a la taberna, bebemos vino, nos miran mal, encuentro conocidos, ¿chupitos?, ¿por qué no?, al lado del río, al lado de una funeraria, morbo, viejas historias, esta me está mirando, no sé si quiero algo ahora, taponazos, tequila y schweppes de limón, el líquido salpica todo, muchas risas, el alma de la fiesta, otra salida por un puñado de polvo, adentro, sorbiendo la nariz, algunos nos miran mal, más tequila, ya no quiero limón, adiós, nos vamos, pilla el coche, mira, aquí están estos, vamos al Puente, tira por Barrio no vayan a estar los picoletos con la flauta, a ciento treinta por una carretera de dos metros de ancho, sin arcén, solo campo, llegamos sin bajas, un nuevo milagro, vamos a la terraza, un canuto que me estoy poniendo nervioso, un roncito que me baja el rollo, música de pachanga, aquí está todo el mundo, hasta los más pringaos, un capullo me pilla por banda y me cuenta su vida por sexta vez, si, para tonterías estoy yo, me acerco a la barra, viejas amigas, viejas conversaciones, soy el mismo borracho de siempre, es lo que piensan, busco a Pito, busco la coca y no les encuentro, me bebo un vaso abandonado en la terraza, pego unos cuantos saltos, estoy nervioso, allí veo a unos cuantos, un empujón, respondo, a unos pasos se monta una pelea, alguien me cae encima, suelto una hostia por si acaso, me dan dos o tres, ruedo por el suelo, engancho a uno del cuello y le estampo la cara contra el suelo, me levantan en volandas y me alejan, me gritan en la oreja, son de los míos, Pito, Chava, veo al

Me despierto con una bomba, la plaza se ha llenado de gente, preparamos chocolate en una lata llena de roña, el estomago del revés, vomito tras el tablado de los músicos, me enjuago la boca en un charco, todo lo que queda de la fuente, vuelvo, aguanto bromas, hago yo algunas, bajan Pito, Chava, consigo una puntita, chocolate, bizcochos de cemento, no sientan del todo mal, viene el gaitero, desafina, dice que está calentando el ronco, cachondeo, mosqueo, la niña se duerme con el tamboril en las manos, cada vez mas gente, vamos hacia la primera casa, abre ya hijaputa, miradas asesinas, vino con miel para la alborada, entra como la mano de un santo, la mayor parte de los chavales están matados, conseguimos montar un baile, seguimos recorriendo el pueblo, dinero para la cesta y para las gargantas vino, coñac, café, ginebra, galletas, bizcochos, alguien empieza un jamón, robo botellas y las dejo tiradas en los arbustos, los tarrillas se aceleran juegos con el agua, menganito para el pilón, en la siguiente piscina caemos diez o doce, la ropa pegada, la brillantina en los pelos del tobillo, me abrazo a dos nenas que no saben huir, al final soy yo quien se separa porque he olido costo, unas caladas, irrealidad, no siento frío, estoy volando otra vez, conato de pelea entre dos viejos por una bandeja de rosquillas azucaradas, a estas alturas me señalan con el dedo, creo que he visto a mi padre, creo que me ha dicho algo pero no lo tengo muy claro, sonsoniquete de gaita que ya es francamente molesto, no sé exactamente en que parte del pueblo decido volver a casa, la puerta cerrada, están todos en la alborada, claro. Duermo en el jardín.


algo nos impulsa al interior de la iglesia. Nos miramos unos a otros. Todo el pueblo. Todos estamos. Y. De repente. Tomamos consciencia de nosotros. De cómo somos. No hay límites en nuestro conocimiento. Y veo lo que piensa mi vecino. Y él ve lo que yo pienso. Y veo sus pecados. Y él ve los míos. Y nos avergonzamos. Como si estuviéramos desnudos. Porque somos malos. Somos pecadores. Sabemos de nuestras soberbias. Envidias. Lujurias. Codicias. Iras. Engaños. Adulterios. Fornicaciones. Falsos testimonios. Y alguien nos pedirá cuentas. Y tenemos miedo. Y nos avergonzamos. De nosotros mismos. Y que los demás lo sepan. Y la bóveda del templo se rasga como un velo y se desvanece en el aire. Y una escalera baja del Cielo hacia nosotros y una legión de ángeles se coloca a cada lado de cada escalón y todos juntos hacen sonar sus trompetas en un estruendo horrísono y vemos el trono de Dios en toda su Gloria y a Su derecha está el Cristo y Su gesto no es de amor y sabemos que hemos agotado Su paciencia y el Arcángel Gabriel inicia el descenso de la inconcebible escalera con un libro en la mano y un báculo en la otra y mientras tanto el cielo se cubre con millones de ángeles y de santos y de almas de los muertos de miles de generaciones y Gabriel llega a la iglesia y golpea el suelo con su báculo y el suelo se abre y vemos el camino del infierno y de él surgen legiones de diablos que se mezclan con nosotros y no son diferentes y Mefistófeles el Príncipe reclama un sitio al pie de la escalera y Gabriel rompe los siete sellos que cierran el libro que contiene la historia de la vida de todos los humanos que en la tierra han sido y no queda ni un secreto oculto y todos somos juzgados y la Faz de Dios se tuerce en una mueca y lo que deben ser siglos pasan en segundos y la faz de Dios no cambia y llega la hora del veredicto y todos sabemos que nadie, nadie intercederá por nosotros pues nuestros pecados son tan horribles que no podemos sino repugnar a los espíritus superiores. Y vemos como Dios, el Cristo y su cohorte de ángeles y santos se alejan en el cielo hacia más allá de las estrellas, pero lo cierto es que somos nosotros quienes caemos, caemos hacia el infierno y sus llamas nos envuelven y oímos alaridos espantosos y risas atronadoras. Y Mefistófeles, el Príncipe, el Rey de las Mentiras dirige hacia nosotros su mirada. Y somos suyos en la noche sin fin de la eternidad.
Joder.
Fotos: Iglesias parroquiales de Puebla y Otero de Sanabria.
Inscripción: "Si aquí tu limosna echares, tus caudales serán millares"
Inscripción: "Si aquí tu limosna echares, tus caudales serán millares"
Xibeliss..Xibeliusss...Xibeliuss,asi somos y así seremos,mientras no veamos más allá de nuestras narices.
ResponderEliminarUn abrazo.
Ay monsieur, si lo peor no es ser malos, que para rendir cuentas de eso falta mucho. Lo peor es que va a acabar usted pronto con los pulmones hechos cisco, el colesterol por las nubes, las neuronas terriblemente disminuidas y el higado de juguete.
ResponderEliminarMe sorprende que sea usted capaz de recordar tantos detalles, dadas las circunstancias!
Aparte de lo cual, el relato me ha gustado muchisimo :)
Bisous, monsieur
Joder!
ResponderEliminarEso digo yo,...joder.
Sin aliento me ha dejado el relato.
Qué barbaridad! Lo he leído sin descanso y del tirón. Incluso me he identificado con el protagonista. Luego,...es un buen relato.
¡Ay!,.. las fiestas de los pueblos...qué cansadas son!
Y luego pasa lo que pasa. Al infierno de cabeza!
Un fuerte abrazo, Xibeliuss.
Por cierto, se me había olvidado comentar que el reportaje gráfico que acompaña al texto es de lujo.
ResponderEliminarPreciosas fotografías.
he terminao pedo perdido solo de leerlo... ya no estoy para tanto canuto, ni tanto cubata.... jajajaja....
ResponderEliminarBuen relato... ;)